05/08/2011

Zambullida bolada

El ascensor no funcionaba y terminó llegando al subsuelo donde estaba la parte de la cocina del hotel donde quedaban a la vista todos los recipientes con los restos de la comida. Un asco. Como no podía salir de ahí en ascensor fui subiendo por las escaleras sucias. Me crucé con un par de pubs decadentes (que ahora recuerdo con total definición pero no vienen al caso o sí pero se iría para largo la cosa y eso no es lo mejor ahora). Después atravesé sin detenerme un patio decorado en estilo navideño, con sencillas escaleras de chapa adornadas a tono, pero todo esto vacío y sin gente. El pub con un único cliente. Con un cantante o músico actuando. Escena decadente de película igual. Luego de otra escalera voy a dar a un patio donde había un guacho que me pedía hojillas para armar. Atrás de él había una piscina. Grande. Profunda. Clara. Espectacular. Impactante. Un rectángulo enorme y del otro lado se veía el salón principal del hotel, en el primer piso. Me zambullí y lo sentí tal cual. Entré perfecto. En línea recta. Mis poros sintieron el agua. Respiré. Me desperté abajo del agua. O sea que me tiré durmiendo y me despertó el chapuzón. Estoy seguro de eso. Fue lo que sentí. Comencé a subir abrir los ojos respirar despertarme odiar estar en una cama calentita en invierno y no en una piscina inmensa incomparable vacía de un hotel inexistente una tarde en que llegaba tarde al doctor que tenía a las 15 y eran 15 menos 5 y yo estaba ahí dando vueltas en el hotel, subiendo en un ascensor que nunca terminaba de subir. En unos minutos mojando todo, apurado, para no llegar tan tarde. Cambiándome velozmente en la pieza. En seguida el ascensor subía desde recepción menos 10, un humilde servidor tomando una cerveza negra de 330 y escuchando música y mirándome en el espejo, pero el ascensor no funcionó y siguió hasta el último piso que estaría en la eternidad por lo que demoró y la velocidad que agarró. El sueño recurrente del vértigo. O sea subir muchísimo más de lo deseado y soportable en un ascensor de mierda. Que esta vez no frenó en el tercero como debía ni en el cuarto ni en el quinto ni en el sexto y en otros que no existían porque ya no había más pisos y seguía subiendo, hasta que empezó a bajar y yo tocando el 6, el 5, el 4, el 3 y nada. Pensando en volver a recepción y explicarles quejarme culparlos de mi demora previsible hace rato pero no tanto con esto del ascensor y de paso putearlos por el mal rato, pero nones, siguió bajando un par de pisos más allá de la recepción, no a ritmo de crónica roja ni accidente que va a verse a las siete y poco en los informativos, simplemente bajando como cualquier ascensor con la diferencia de que se abrió una sola vez, cuanto tuvo ganas, es decir al llegar lo más abajo posible, en una habitación sucia e inmunda que resultaba ser la peor parte de la cocina de un gran hotel. Me desperté y como tantas veces sentí ganas de ir al baño, pero en invierno qué molestia vestirse, calzarse, mucho frío este invierno, mucho gélido, demasiado, pero no había otra así que fuí y aproveché para enjuagarme la boca, refrescarme, beber agua, enjuagarme la sequedad y me vinieron unas ganas hermosas de escribir un sueño, contarlo tal cual, bien fresquito él, al menos este que sí me acuerdo y se puede, este que terminó en zambullida, que tal vez fuera sugerido por el agua de la piscina o por el pichí que golpeaba la puerta o la sed que clamaba y a seguir después durmiendo aunque pase un ómnibus ruidoso que por la poca luz que entró al cuarto todavía falta un rato para la hora de levantarse y hay que aprovechar la bolada.

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