17/11/2009

Elecciones

¿Compro mortadela o salame? ¿Le toco el culo ahora o dentro de un rato? ¿Doy parte de enfermo o voy a laburar de resaca? ¿Le reviro con 24 o me cayo la boca? ¿Pegamos otro o la dejamos acá?
¿Lo mando a la mierda o me aguanto en el molde? ¿Le digo que soy puto o que no la toco ni con un palo? ¿Se la pego a la altura del tobillo o en el medio de la canilla? ¿Elijo científico o humanístico?
¿Le aviso que me cobró de menos o me hago el gil? ¿Atiendo el teléfono o después le explico que no lo escuché? ¿Me hago el dormido o le doy el asiento a la octogenaria enclenque? ¿Pago el agua o la luz? ¿La tiro a colocar o lo chumbeo? ¿Prendo la radio o la tele? ¿Pido nacional o importado? ¿Simple o doble? ¿Con o sin hielo? ¿Le confieso que escribe horrible o me mando una respuesta esquiva? ¿Me rifo la revolución francesa o la industrial? ¿Baño polaco o sólo me mojo el pelo? ¿La llamo o no la llamo? ¿Pedimos la cuenta o tomamos una más? ¿Le sugiero que baje ahora o dentro de un rato? ¿Me afano la mostaza o se las dejo? ¿Voto al menos malo o me quedo en casa? ¿Mando este texto de morondanga o le doy delete?

24/09/2009

Receta casera

Agarre una olla grande con cinco dedos de agua, introduzca unas revistas de crucigramas y añádale una estufa de leña, una mesa de ping pong y una mochila grande. Luego incluya algunos condimentos, un toro mecánico, harina de fainá y un buen colchón de resortes. Lentamente vaya revolviendo, mientras agrega un Mambo (Rock & Samba en su defecto) y una máquina que haga café bien cargado. Una vez que tenga todo esto bien mezclado, vuelque dentro del recipiente diversos frutos secos, muebles que no junten polvo, una cama elástica y un vendedor de garrapiñada. Con sumo cuidado súmele a la preparación un buen güiscacho, una piscina grande con trampolín y tobogán, una laptop pequeña, un dormitorio con aislación sonora similar al mejor estudio de grabación y baldosas que no se manchen y absorban la mugre. Baje el fuego de la hornalla y espere hasta que la cocción empiece a mostrar la consistencia necesaria. Una vez ocurra esto, coloque alguna botellita de vino, una mesa de pool, un transmisor para radio de baja potencia y todos los vidrios autolimpiables. Para entonces el aroma de la preparación indicará que casi está lista. Es entonces el momento de agregar un flipper con instrucciones en español, un acogedor cuarto para huéspedes, un buen ajedrez, Internet las 24 horas, mandarinas, un solo ropero y sandía a discreción. Caliente a fuego lento tres o cuatro minutos. Añada dos buenos sartenes, mucha música, microondas y lavarropa. Deje reposar diez minutos y déle un toque de mostaza y salsa de soja. Tome un cucharón de madera y vuelque todo el contenido sobre un plato de vidrio transparente. El sueño de la casa propia, está servido.

19/09/2009

La odio

Odiar
verbo feo si los hay

Odiar
cosa grosa

Pero en ocasiones
muy de vez en cuando
es una realidad
y no hay que negarla

Si la odio
que se entere
aunque ella lo perciba
aunque intente ignorarla
aunque la aborrezca
con todas mis fuerzas

Que el mundo lo sepa
que ella se entere
la odio

Es una cuestión de piel
quisiera verla desaparecer
como a tanto hijo de puta
que anda en la vuelta

Que el mundo lo sepa
que ella se entere

Odio
la pe de mierda
que le ponen a setiembre

11/09/2009

Razón de ser

Las claraboyas no son
para que pase la luz
sino
para oír la lluvia.

21/07/2009

Deportivo rojo

Comenzó a notarse
hace algunos meses
y ahora
es un hecho
culo veo
culo quiero
que en esta Montevideo
almanaque 2009
todos tenemos
un pantalón deportivo rojo
liso
sin ninguna rayita
ni nada extraño
siempre
el mismo tono
no sea cosa de desentonar
y que te miren raro
por vestir un rojo distinto

Pero pobre
del que osara usar
algo parecido
años atrás
y pobre también
el que lo use
culo veo
culo quiero
de aquí a un lustro
cuando todo sea
estampado de animales marinos
nada de anfibios
ni extravagancias por el estilo.

29/06/2009

Viajante que pregunta

El hombre tenía una vida recargada. Para él no existían días libres ni horas muertas. Constantemente recorría el pueblo de una punta a otra, aunque cayera piedra o hubiera un sol abrazador. A veces se demoraba un poco, por cansancio, olvido o para hacerse desear. A pesar de ser enano era muy requerido en su lugar de origen. Tanto, que nunca le habían permitido irse de vacaciones fuera. Es verdad que lo trataban bien y que tenía muchas comodidades que otros vecinos no, pero era rehén de su gran valor.
Todas las mañanas se levantaba y revisaba las visitas pactadas, a las que siempre se sumaban otras imprevistas. Era como el doctor del pueblo. Cada vez que iba a alguna casa lo agasajaban con una torta o le regalaban una gallina. O unos chorizos caseros, que le gustaban mucho. En los comercios también recibía alguna atención.
Para un no lugareño era raro ver aquel liliputiense de pecho henchido recorrer constantemente las calles del pueblo, haciendo visitas a diestra y siniestra. Siempre vestido de punta en blanco. Siempre obsequiado y agradecido.
Cierta tarde un viajante que de tanto en tanto recalaba en el bar ubicado en una de las esquinas de la plaza, extrañado de ver en reiteradas ocasiones a aquel enano ir y venir alegremente de un sitio a otro, le preguntó al cantinero por el motivo de aquella rutina:
-¿Quién es ese señor?
-Ramón.
-¿Y a qué se dedica?
-El hombre -respondió el cantinero- es la medida de todas las cosas.
-¿Cómo? -exclamó el viajante.
-Sí. Mide un metro exacto.

30/05/2009

El coleccionista

Cuando lo secuestraron estaba saliendo de una casa de remates donde había adquirido su máquina de escribir número 243. Hay quien colecciona sellos y quien colecciona retratos. Lo de él eran las máquinas de escribir. Tenía de distintas partes del mundo. Con 50 teclas y con más de 200. Con caracteres cirílicos y chinos. Mecánicas y eléctricas. Fuera de esa rara afición llevaba una vida sin mayores sobresaltos. Bastante monótona. Lo pensaban los que le conocían y lo pensaba él mismo, así que no entendía porque estaba asustado, sudando, cabeza contra el piso, en el asiento trasero de un vehículo familiar de cuatro puertas, con una mano que le sujetaba la cara en dirección al fondo del automóvil, encapuchado con una tela negra según creía recordar, y sin que le digan nada, aunque pregunte, ninguna explicación, ninguna indicación, ninguna amenaza.
Un cuarto de hora después el automóvil frenó y pudo sentir que los secuestradores además de grandes y fuertes sabían hacer llaves dolorosas para impedir cualquier movimiento imprevisto. Sus interrogantes eran ignoradas olímpicamente. Solo presión física y silencio de parte de ellos. Él sentía terror. A pesar de ello había podido hacer alguna cuenta mentalmente. Encima llevaba poco dinero, unos 200 dólares, pero estaban a disposición de los secuestradores si los pedían. También la cuenta bancaria con algo más de 8.000. Eran los ahorros para un terreno en la playa, pero ahora eso no importaba. Sin embargo los dos hombres no respondían nada a sus ofrecimientos. No parecía ser un tema de billetes, al menos por ahora. Entonces qué, pensaba, si una vida tranquila, si un trabajo normal, si una familia tipo, si ninguna militancia sindical o política, ni episodios de corrupción, ni enemigos personales, ni nada que justifique un secuestro que no sea por el dinero que no querían aceptar. Una vida de morondanga nada envidiable. La única variante a una pasmosa rutina era su extravagante hobbie de coleccionar máquinas de escribir.
Cuando lo sacaron del vehículo y lo pusieron a caminar sintió bajo sus zapatos el ruido del pedregrullo y le llegó una brisa que no era de ciudad. Sin duda estaba en algún sitio de las afueras. Solo era consciente de seis pies andando sobre pedregullo de granito rosado. Y silencio. Y miedo. Y sudor.
De pronto cuatro o cinco escalones. Un lugar cerrado que daba la sensación de ser amplio. Piso de cemento. Unos 50 pasos. Siete u ocho escalones hacia arriba. Un ambiente calefaccionado. Sintió que lo metían en algún lado, a prepo, pero como dando por terminada la tarea.
Lo dejaron caer sobre un colchón; una cama tal vez. Era el primer instante que no lo estaban sujetando. Como pudo se sentó y se percató que tenía las manos libres. Detrás suyo la puerta se cerró con violencia y con violencia sintió que la trancaban con pasador y candado.
Elevó sus manos y tocó la capucha. Temeroso comenzó a quitársela lentamente. Y lentamente fue recuperando la visión. Pudo ver que estaba solo. En una habitación vidriada; una especie de pecera del tamaño de un dormitorio grande. Se observó sentado en cama metálica, rodeado de decenas de máquinas de escribir amontonadas junto a las paredes de la habitación pecera.
Aturdido por lo que le estaba ocurriendo se paró y caminó un par de metros hacia adelante. Entonces pudo ver frente suyo un habitáculo similar al que lo tenía cautivo, con una mujer que dormía sobre una cama, rodeada de pequeños jabones. Era uno de varios, que sumados se asemejaban a un enorme reptilario. Afinó la vista y pudo leer un cartel que estaba en la base del receptáculo donde descansaba la mujer: “Victoria Montero. Coleccionista de Jabones de Hotel”.

21/05/2009

Danger

Cuidado
con estos versos
no sea cosa
que después
necesite cremita

Ojo que queman
a veces pasa
con algunos
que uno los toma
así nomás
desprevenido
regalado
sin la protección necesaria

Cuidado con estos versos
ardientes
calientes
humeantes
que a pesar de estar sosos
desabridos
crudos
insulsos
especialmente feos
tienen
su temperatura respetable
porque están
recién
recién
salidos del horno.

13/05/2009

Capacidades

Pirotecnia costosa
para vender algo barato

luces de colores
globos
bengalas
envoltorios
para vender engaños

en tanto
a medida que aprendemos
aumentan
las luces de colores
los globos
las bengalas
los envoltorios
los precios

para confundirnos
entreverarnos
cegarnos
captarnos
tenernos

y es una lucha
un aprendizaje continuo
ante tanta pirotecnia
tanta lucecita
tanta bengala
tanto ruido
que no escuchan
que se metan
sus abalorios
donde les quepan.

Formas

Me gusta caminar por la cornisa
y sabés bien que voy a caer

en un sitio o en otro
pero no lo dudás

puedo caer cerca tuyo
o muy lejos

caer donde están todos
o donde no hay nadie

caer con las manos
o abrirme la cabeza

Me pueden atajar
tal vez
pero sabés que voy a caer
y que mentiría
si digo que me puedo mantener

Voy a caer
lo sabemos

la intriga

es el cómo
y el cuándo.

05/05/2009

Promesa

-Tú no me puedes jaquear nunca- dijo el jugador de negras mientras daba mate por quinta vez consecutiva.
-Ya verás que sí te puedo hackear- prometió el derrotado.

15/04/2009

Interrogante

¿Será la mía
la peor
de todas
las caras
miradas
insípidas
perdidas
que van
en este ómnibus?

22/03/2009

El refugio

-Tenemos comida para cinco o seis años. Agua potable. Cuarenta y siete metros cuadrados donde cada uno dispone de su pequeño espacio privado. Una sala común. Baño. Una biblioteca muy completa. Música. Mucha música. Cine. Varios mazos de cartas. Unos aparatos de gimnasia para mantener medianamente la figura esbelta que nos caracteriza. Botellas de vino para brindar por estar vivos, whisky para los cumpleaños y cerveza para poder erutar bien.

Apenas terminó de enumerar, sin levantarse de la alfombra donde estaba sentado, Joaquín estiró el brazo, abrió la heladera y sacó las tres latas de cerveza que tenía más cerca.

Se quedó con una y le lanzó otra a cada uno de sus amigos. Pedro la atajó con la mano izquierda. Felipe con la derecha. Con diferencia de décimas de segundo las tres latas sonaron al ser abiertas. Csshhhhhhh. Cshhh. Cshhhhhh. La de Felipe comenzó a largar espuma por lo cuál éste debió apurar el trago sin lograr evitar que la alfombra se mojara.

-Primera mancha -hizo notar Pedro-.

-No va a ser la última ni mucho menos, así que no pasa nada -agregó Joaquín-. Además nadie va a venir a visitarnos.

-Eso es un problema. Por ejemplo ahora los tres estamos bien vestidos. Somos tipos educados: primaria, secundaria y dos de tres universidad completa. Pero con el tiempo vamos a ir perdiendo la vergüenza que aún nos tenemos como amigos. Primero abandonaremos los zapatos y empezaremos a andar descalzos. Cosa bastante lógica por cierto. Piso de parquet. Todo el día de medias. Después nos quitaremos el buzo de vez en cuando. Días, semanas o meses más tarde, cada uno a su tiempo, abandonaremos el pantalón y quedaremos en calzoncillos. Es más fácil. Más cómodo. Hay que lavar menos ropa. Luego llegará un tiempo en que los tres estaremos de calzoncillo y nada más. Apuesto. ¿Y después?

-Después Pedrito, tendrás que empezar a cuidarte y dormir boca arriba -respondió Felipe-.

-Yo creo que abandonaremos antes el pantalón que el buzo.

Ahora el que hablaba era Joaquín, que a la vez que pronunciaba esto se quitaba los championes de lona y los dejaba a un costado.

-Pero piensen –continuó diciendo Pedro-. Esto sin duda nos va a cambiar. Estar encerrados en este búnker durante años esperando que algún día el medidor de radiación exterior nos indique que podemos salir fuera y mirar después de años a más de diez metros de distancia. Ver cómo quedó todo. Si es que podemos salir. Si no estamos rodeados de piedra o de agua.

-O de nieve. O de lava venida vaya a saberse de dónde –aportó Joaquín poco antes de que su amigo continuara hablando-.

-Poder caminar. Ojalá que se pueda. Ver cómo quedó la ciudad. Estirar las piernas. Dirigirse hasta el río para ver si sigue ahí. Si hay peces. Si la arena sigue siendo como la recordamos. ¿Se imaginan que el medidor de radiación exterior funcione mal y cuando salgamos ya esté todo el mundo fuera hace muchos años? La gente en la playa comentando el partido del domingo o el asesinato de la jornada. Y nosotros tres muertos en vida apareciendo como los del accidente de los Andes, o como los japoneses que se quedaban perdidos en una isla del Pacífico pensando que la guerra seguía y que los turistas en yate eran yanquis invasores.

-Es mejor eso a que funcione mal para el otro lado y nos avise que podemos salir antes de hora. Por las dudas canto último. –se apuró a decir Felipe-.

-Yo segundo –apuntó Joaquín mientras se colocaba su lata de cerveza como si fuera un telescopio, para confirmar con su ojo derecho que efectivamente la lata estaba vacía, más que por lo poco y nada que veía hacia adentro, por el hecho de que  ninguna gota le había caído sobre el cristal de sus lentes-.

-Ahí están los cagones. Siempre al final de la fila. Ustedes no se preocupen. Voy adelante. Eso sí. La primera mina que veamos es para mí, nada de querer ganármela.

-Eso se está por ver –desafió amigablemente Felipe-. A ley de juego todo dicho.

 Joaquín se estiró sobre la alfombra y se puso a hacer lagartijas. La última fue casi una proeza.

-Doce -le contó Pedro-.

-No creas que no puedo hacer más, pero soy demasiado supersticioso. Prefiero evitar la yeta. Lo importante es que quemé las calorías de la lata anterior, así que puede salir una más.

-¿Con 12 lagartijas tenés derecho a otra consumisión? –interrogó Felipe-.

-Con cuatro. Lo que pasa es que me mandé el gesto y les invito la vuelta. La próxima corre por tu cuenta.

-Acepto.

Joaquín se paró y volvió a abrir la heladera para sacar tres latas de cerveza. Esta vez las entregó en mano para evitar una posible mancha.

Cshhhhhhhhhh. Cssshhhhhh.

-A mí todavía me queda, pero dejámela igual. Es cuestión de minutos. Ya saben que Felipe bebe más lento pero no los abandona, ni en caso de explosión nuclear.

-Suerte que ninguno fuma. Eso habría sido un problema –sostuvo Pedro mientras llevaba la lata a su boca-.

Mientras tanto Joaquín volvía a acomodarse sobre la alfombra, a la vez que le respondía.

-Está en el reglamento. Cero pucho. Un fumador no tiene cabida acá. Para eso podrías haberte apuntado al refugio de José, que son todos fumadores. ¡Eso ya debe apestar que es un asco! Supongo que con el tiempo se acostumbrarán, pero tiene que ser horrible.

Pedro se levantó del sillón, cansado de estar sentado ahí desde hacía más de una hora. Caminó hasta la pared midiendo los pasos. Fueron siete. Se giró e hizo lo mismo hacia la pared opuesta. Once. Los siete que había andado antes y cuatro más. Miró la sala. Las cuatro paredes estaban pintadas de diferentes colores para que pareciera más amplio, según Felipe. Para que fuera más alegre, según Joaquín. Porque era lo más barato, según Pedro.

En la pared amarilla colgaba una gran pantalla plana que les ayudaría a pasar el tiempo y cultivar su gusto por el cine. Más de 2.000 películas. Había para todos los gustos. Entre ellas casi un centenar de italianas sin doblaje al español. Con suficiente tiempo a disposición, Pedro planeaba aprender el idioma de sus tatarabuelos.

En las otras paredes –la celeste, la verde y la blanca- la decoración era la mínima imprescindible. Por asamblea y voto unánime habían decidido que nada de fotos familiares ni almanaques. El que quisiera algo de eso lo ponía en su habitación, donde disponía de cuatro paredes para él solo. La sala común no estaba para recordar ni entristecerse. Era el espacio común de encuentro y celebración de estar con vida. El espacio que muchos, que la gran mayoría, no se había podido costear. Ellos por suerte tenían sus ahorros. Ellos tenían su refugio. Estaban dentro. Afuera es sinónimo de muerte; adentro es vida. A llorar al cuartito.

Csssshhhhhhhh. Rezagado, Felipe abrió su segunda lata de cerveza.

-Lo que no entiendo –dijo mientras bebía el primer sorbo- es para qué le pusimos nombre como si fuera una casa de veraneo en la costa, si nadie va a poder leerlo. Nadie puede salir de un refugio cuando afuera hay una radiación atómica. Es más. Vaya a saberse si la pintura sobrevive las insospechadas inclemencias del tiempo o las altas temperaturas.

La reunión había sido un año atrás, cuando los tres amigos decidieron comprar un refugio antiatómico. No fueron los únicos. Por entonces el negocio estaba floreciente. Varios miles de búnkers fueron instalados discretamente en la ciudad en previsión de la inminente guerra mundial. Era cuestión de tiempo. Siempre la siguiente guerra es cuestión de tiempo. Aunque después de ésta tal vez las cosas cambiaran. Era una de las hipótesis. La más optimista. Que esta guerra fuera distinta. Que después de esto la humanidad aprendiese de los errores del pasado y tomara un camino diferente al recorrido hasta entonces. Que a la conflagración mundial con armas nucleares le seguiría una paz nacida del convencimiento de todos los seres humanos de que antes habían errado el rumbo. El sueño de la unión de los hombres, bla, bla, bla, bla.

-La idea es que en algún momento se va a poder salir. O al menos yo pienso salir si veo que me voy a morir acá adentro de viejo –explicó Joaquín-. De la misma forma pensarán muchos. Así que en una de esas, alguno a punto de pelarse, a pesar de la radiación, del resplandor que haya afuera, de la nube de polvo tóxico, a pesar de eso, alguien, cuando sepa que le queda poco tiempo de vida, se dispondrá a dar su último paseo, y cuando se pare frente a nuestro costoso refugio y lea, tal vez se le despierte una sonrisa, y con suerte, con la poca suerte que pueda desear entonces, ojalá, en un ataque de risa, mientras le revientan los pulmones o se le derriten los pies, se muera de risa literalmente y no demente en una litera.

-Vuelvo en diez minutos. ¿A quién se le ocurre bautizar un búnker “Vuelvo en diez minutos”? Solo yo les acepté la idea.

-Felipe: quedaste en minoría y asumiendo la derrota cambiaste tu voto porque la resolución tenía que ser por consenso. Todo a cambio de otra jarra de vino de la casa mientras discutíamos el asunto en un bar. Si sos corrupto es tu problema –le recordó Joaquín-.

-De carne somos.

-¿Cuánto tiempo llevamos acá adentro? –consultó Pedro mientras con una mano sacudía la lata para estimar cuánta cerveza le quedaba-.

-¿Para qué querés saberlo? No te va a hacer bien –contestó Felipe-.

-¿No íbamos a poner un reloj al menos para saber qué hora del día era?

-Estás adentro de un búnker luego de la tercera guerra mundial –explicó Felipe-. Solo existe el adentro, al menos mientras eso nos indique el medidor de radiación exterior. Afuera es un sueño. Un deseo. Un proyecto en el mejor de los casos. Aprender italiano con las películas. Salir hechos unos especialistas en cine europeo. Haber leído el Quijote de una buena vez. Saber orientarse mirando los líquenes de los árboles; en teoría claro. Memorizar todas las capitales del mundo. Conocer al dedillo la obra completa de Marx. Entender el arte moderno. Escribir tus memorias por si no contamos el cuento. Pero afuera es nada. Desde adentro afuera no es nada. No hay días ni noches. No hay estaciones. No hay veranito en la playa. No hay lluvia. No hay sol. No hay me quedo porque está feo. No hay voy a aprovechar que paró un poco. Es solo adentro y nosotros tres. Mientras tanto: solo eso. Y mientras tanto puede ser años. Por no empezar a sacar bien las cuentas de cuándo tendremos que empezar a racionar la comida, apostar por ver a quién le toca comer ese día, ir a escondidas a robar de la cocina el alimento que escasea, dormir con un palo en la mano para defenderse del otro que viene a asesinar para tener algo más de comida. ¡Pensar que todavía somos amigos!

Joaquín se acostó de cara contra el piso, puso los brazos en posición y comenzó a hacer lagartijas.

-Doce -le contó Pedro-.

-Les invito otra vuelta, pero apúntenla.

-De acuerdo -aceptó Felipe-.

Cssssshhhhhhh. Cssshhhhh. Csssshhhhh. La alfombra recibió la segunda mancha. Los tres amigos rotaron de ubicación. Joaquín se recostó en el sofá de dos plazas, el sitio más cómo de toda la sala. Pedro se pasó a la alfombra y se puso a leer una revista. Felipe fue hasta el equipo de música y puso algo cantado en inglés. Blues tal vez. Luego se sentó en una de las cuatro sillas de madera que rodeaban la mesa de la sala y comenzó a barajar un mazo de cartas. Cuando se cansó se puso a jugar al solitario. No le salía. Bebió un buche de cerveza.

Joaquín miraba la pared tirado en el sofá. Pedro leía sobre la alfombra. Felipe se puso a entreverar las cartas una vez más, procurando acomodarlas de la manera precisa para que de una vez por todas le saliera bien ese solitario maldito. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos tres, sota, caballo… Caballo. Vuelta a empezar. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos… Dos. Vuelta a empezar. Un, dos, tres, sota… Sota. Vuelta a empezar. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres… Tres. Vuelta a empezar. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un… Uno.

-Para mí tenemos que discutirlo de nuevo -exclamó Felipe mientras abandonaba los naipes-, pero estaría bien que invitáramos a uno más. Martín por ejemplo. Al menos podríamos hacer un truco de cuatro.

-¿Cuánto tiempo va? –preguntó Pedro-.

-Siete horas y media. Un viaje en ómnibus a Porto Alegre dura más –contestó Felipe desde la mesa-.

-Mierda –maldijo Pedro-. Me voy. La semana que viene probamos de nuevo, a ver si aguantamos un poco más.

-Hay que reponer cerveza. Yo me encargo -anunció Joaquín mientras agarraba el paraguas todavía húmedo-.

20/03/2009

Aviso clasificado

Vendo por viaje. Familia completa. Fútbol con amigos. Pasión carnavalera. Ronda de mate. Truco de seis. Nostalgia a estrenar. Extrañitis aguda. Recuerdos varios. Precio a conversar. Facilidades.

18/03/2009

El mapa de la ecuación

Durante varios años Valle dell’Angelo fue un circulito negro en una fotocopia. Un circulito negro en una hoja oficio, que tenía en la parte superior un mapa de la campaña italiana y debajo una frase manuscrita: “A ver si podés con esta ecuación que a mi no me da”. Era un mensaje entre entendidos de las matemáticas.

Un día el mapa fotocopiado cruzó el Atlántico. Un papel entre tantos otros. Un destino soñado, porque tal vez, porque nunca se sabe. Si la tinta se fuese borrando por el solo hecho de mirarla, aquella hoja debería estar en blanco. Fotocopia abierta, observada y vuelta a doblar decenas de veces. Mapa a pequeña escala donde aparecía el pueblito, porque en uno que mostrara una zona más amplia era imposible un detalle tan mínimo.

Una tarde calurosa de verano al circulito negro de la fotocopia lo alcanzó un trazo negro de lapicera. Fue el recorrido que hizo el ómnibus. Valle dell’Angelo dejó de ser un punto en un mapa fotocopiado y se convirtió en una plaza desierta, unos viejos viniendo a interrogar con curiosidad a tres visitantes interesados en un pueblo alejado y despoblado en el que nunca pasa nada. Si hasta el hombre que había vendido el boleto en la ciudad más próxima negó que hubiera en el trayecto del autobús un sitio llamado así. Pero lo había. Miró bien y había.

Después de hacer 80 kilómetros en cuatro horas por caminos angostos y zigzagueantes, había un Valle dell’Angelo. Con viejas casas de paredes anchas, calles empedradas y empinadas. Con montañas verdes alrededor. Con lugareños curiosos asomándose a preguntar quién andaba visitando ese lugar que nadie visita. Con señores casi ancianos intentando recordar el último habitante que llevó ese apellido que mucho tiempo después hacía que tres personas vinieran de la otra punta del globo para ver el pueblo con sus propios ojos. Se llamaba Francesco. Tenía un almacén. Murió hace décadas; viejo. Es aquella casa.

La ecuación sigue ahí, irresuelta, esperando alguien que sepa algo de matemáticas.

03/02/2009

Cuzquito

No era gran danés, dogo argentino, pastor alemán ni setter irlandés. Era un pequeño cuzquito, pero era perro. Animal mamífero doméstico de cuatro patas, buen hocico y que se lleva mucho mejor con los hombres que con los gatos.

El joven no tenía idea que aquel perro entendía tan bien el castellano. Tal vez ni se dio cuenta  que entendía ese idioma y concluyó que simplemente se le cruzaron los cables, aunque el pequeño can no tuviera ningún cable en su cuerpo de ocho kilos. Es el problema de usar frases hechas. Cables cruzados. No hay dos sin tres. La tercera es la vencida. Al que madruga alguien lo ayuda.

Apenas ingresó al jardín de la casa de su vecino, el muchacho se vio sorprendido por los ladridos de un pequeño perro que se le acercó intimidante. No era un perro, era un perrito de morondanga, pensó. Chiquito, del tamaño de una mortadela entera, con patitas a medida y ladrido agudo y molesto.  El bípedo le chistó y siguió avanzando sobre el pasto. El cuadrúpedo se aproximó aumentando cantidad y volumen de sus ladridos. El bípedo miró a su amigo que estaba esperando en la vereda y le grito muy canchero –¡perro que ladra no muerde!-.

Ahora el joven tiene una media menos y una mordida más. Es el problema de usas frases hechas.

29/01/2009

Chaplán

Brazos extendidos. Mover un poquito las piernas. Placer. Disfrute. Tranquilidad. El pecho se llena de aire. Lejos el mundo. Abajo el fondo. Tararear una canción y sentirla en el agua. Lindo. Es lindo hacer la plancha.

23/01/2009

Macanas de la vida

Entrevista real a un niño de diez años de cuarto año de una escuela pública de Pocitos -barrio clase media alta-, donde se da cuenta del uso de dinero entre los alumnos.

 (Aclaración para los ibéricos: un euro son 30 pesos uruguayos)

 ¿Cómo es que se prestan plata en la escuela?

Sí. Por ejemplo, si una persona le pide un peso a otra, el otro después le dice: “pero mañana me traes dos”. Eso es como un recargo que se hace.

 Pero es muy caro, porque es lo mismo que te prestan.

Ojo. Pero hay rebajas. Si vos le prestás cuatro pesos le decís que te pague cinco y no ocho. Igual está mal.

 ¿Eso lo hacen todos?

Semi todos. Algunos.

 ¿También se venden figuritas?

Ahh… figuritas es un tema muy complicado. Hay veces que ha pasado… a mí me pasó con mi primo, una vivencia, que él me pidió que le comprara figuritas a un niño que las vende a cuatro pesos cada una, que para mí es un robo.

 ¿Porque cuánto vale un sobre?

Diez pesos y te trae cinco. Saldrían dos pesos cada una. Hay un lugar, acá en el kiosco, que las podés elegir vos y te salen diez pesos cinco figuritas elegidas por vos. Lo mismo que un sobre. Y a él, le comprás dos figuritas por ocho pesos. Es un robo. Encima si la querés reservar, por si la querés tener y es una figurita muy difícil de conseguir, que sabés que alguien se la va a llevar enseguida, podés pagarle un peso por reservarla y ya es como tuya. Nada más que al otro día le tenés que pagar los cuatro pesos que sale.

 ¿Las vende en cuotas y las reserva?

Sí. Hay cuota y reserva, las dos cosas juntas. Y hay solo cuota o reserva. O contado.

 ¿Con un peso te las reserva?

Te la reserva y la podés pagar cuando quieras.

 Pero no te la da.

No. En cuotas pagás un peso y tampoco te la da. Pero le podés ir pagando, en cuatro semanas, un peso por semana, y te la da al final, cuando pagaste la última cuota.

 ¿Hace mucha plata?

El otro día, en fin de año, en total, creo que juntó 50 pesos.

 ¡Epaaa!

Bastante. El año pasado hizo 25. No le duró nada.

 ¿Para qué quieren plata?

Para nuevas figuritas, porque las repetidas que nadie quiere se las venden a otras personas que capaz que las quieren.

 Había uno que le fue muy mal de tanto prestar.

Ahh, sí. Prestaba mucha plata. Un día prestó 10 pesos y nunca se los devolvieron.

 ¿Hay un límite para prestar?

Para mí el límite que tendría que haber son cuatro pesos, porque sino podés perder demasiado. Tenés riesgo de que no te lo devuelvan.

 Que fue lo que le pasó a ese niño.

Sí. Les prestó a todos y después nadie le devolvió.

 ¿Y qué hizo?

Lo fue a denunciar a la maestra.

 Ahí se armó.

Se armó hecatombe.

 ¿Qué dijo la maestra?

“A ver, a ver, quién no le devolvió la plata” y también lo rezongaron a él por utilizar dinero. Desde ahí se prohibió, pero antes pasaban cosas como que le pagaban plata a personas para que le llenen la botella, para pegar, para que lo mojen, etc, etc.

 ¿Cómo para llenar la botella?

Que te llenen la botella de agua en el baño o en el bebedero.

 ¿Por qué no va el niño?

Porque no se le antoja o no tiene ganas. Le paga a otro para que lo haga por él.

 ¿Cuánto paga?

Hay uno, que ese fue el caso mayor y para mí es demasiado como estúpido, pagó 20 pesos porque le vayan a llenar la botella y le vayan tirando agua todo el día.

 ¿Veinte pesos por llenar una botella? Voy yo.

Ya sé. Pero el tema es que no se puede ahora. También antes pasaba que le daban plata a alguno para que salga del baño y se vaya a otro. Le decían: “salí del baño y te doy plata”.

 Pagan por todo.

Sí. Hasta hay alguno que compraba chicles en el kiosco y después los vendía a un peso más.

 ¿Porque en la escuela no venden?

No. Entonces se avivaba y ganaba plata.

 Después tenemos el ejemplo del niño aquel que atajaba…

También pasan cosas en el fútbol, que se dejan meter goles o que juegan a perder o que alquilan el juez. Pasó una vez que alquilaron el juez y hubo un faul que lo tocó sin querer con la mano y dijeron que fue roja.

 Pero si le pagan al juez no tiene gracia.

Claro, pero para el que gana es algo que le gusta. También hay casos de alquilar otras cosas: guardaespaldas. Existen hasta los abogados, que te defienden ante la directora y la maestra.

 ¿Cómo que abogados?

Abogados no. Son personas que dicen haber visto algo… ¿Cómo es que se dice?

 ¿Testigos?

Testigos. Son testigos que en realidad no vieron. Inventan ante la maestra y ante las personas para que la persona se salve.

 ¿Cuánto se paga?

Cinco pesos el caso.

 Me interesó lo de abogado, ¿Cómo es eso?

Testigo más bien. Alguien que no está.

 ¿Un ejemplo?

Menganito robó algo. Entonces menganito le da plata al testigo y cuando la maestra le dice: “¿en serio lo hiciste, menganito?”, “¿alguien sabe?, ¿alguien vio?”. Entonces el testigo dice: “sí yo vi. Lo robó uno que tenía la cara tapada”. Eso lo hacen, lo de la cara tapada, para que no quemen a otro.

 ¿Y la del fútbol cómo fue?

Que un cuadro iba metiendo cero penal y el otro iba metiendo cuatro penales. Entonces lo que pasa es que al golero le dan 50 centésimos de porquería y se lo deja meter. El tal caso fue que después se los robaron y nunca más los tuvo.

 ¿No les da cosa decir: acepto plata para que me metan un gol?

Sí, a muchos les da cosa. Pero hay algunos que prueban una sola vez en su vida y nunca más.

 O sea que juegan al fútbol y saben que uno le ofrece plata a otro por dejarse hacer un gol, otro le ofrece al juez…

Sí, pero ahora está medio prohibido llevar plata a la escuela, a menos que sea para la merienda. Pero si ven que estás dándole plata a alguien por hacer cosas, se prohíbe.

 ¿Qué les dice la maestra?

Nos manda a la dirección.

 ¿Pero qué les dice cuando les tiene que explicar que eso está mal?

Yo que sé. A mí nunca me tocó, pero sé que algo pasa. Se van para adentro de la clase y ahí no se qué más.

 También pagan guardaespaldas.

Ahh, guardaespaldas. O personas que le van a pegar a otros, que se contratan para eso. También pasa que alquilan clases enteras de ejército. Ejército se le dice en nuestro lenguaje. Por ejemplo, el otro día pasó que uno le pegó a uno de cuarto. Y no se quién fue que le dio cinco pesos a cada uno de la clase de sexto para que los vayan a defender como guardaespaldas o que le vayan a pegar. O el caso de comprar piedras para tirar.

 No inventes.

Pasa. Compran muy poquito. Es lo que menos se compra en toda la escuela, pero sirve como defensa.

 ¿Y cuando uno no paga qué pasa?

Ahí se denuncia a la maestra.

 ¿Y no les parece feo cobrarse entre niños? Vos ahora venís y me pedís diez pesos para comprarte algo y yo te digo: “tomá, me los das mañana”. Pero mañana te pido diez. No te pido quince ni once.

Sí, el recargo es un tema muy… siempre un peso más.

 Pero si se presta se presta, no es para cobrar más.

Sí, ya se. Pero el mundo está tan loco…

 ¿Qué otras cosas hacen con plata?

Ahhh… Está el tema del casamiento nunca más hecho... Esto son cosas de niños, aclaremos. Una tal persona, para darle gracia a todo el mundo y llamar la atención, dijo que se iba a casar con un sacapuntas. Entonces agarró y le dijo a una persona que hiciera las tarjetitas para las personas que ella escribió en una lista. Que digan tal y tal cosa y que tenían que estar pintaditas de tal cosa. Y con dibujantes. Después le piden a guardaespaldas que tienen los nombres anotados en una lista y un código que son números. Le dicen: “decime el código”. Si lo sabés pasás y sino no. Ha pasado. Hay algunos que se infiltran y los han mandado a la dirección a los guardaespaldas por darle patadas a los que se infiltran.

 Pero terminá de contarme qué pasó con el casamiento de la niña con el sacapuntas.

Al final nunca les pagó a las personas.

 ¿Qué sacapuntas era?

Un Muppets con resorte, de esos que tienen los ojitos así.

 ¿Por qué quería casarse con un sacapuntas?

Para llamar la atención.

 ¿Se casó?

Se casó, pero no le pagó a nadie.

 ¿Hicieron la ceremonia y todo?

Sí, sí. Alquiló hasta una persona de Papa. Papa no, cura.

 ¿Dónde fue?

En el patio de 5º B alquilado. Hasta había comprado bizcochos. Porque en la cantina de la escuela se puede comprar en cuotas pero sin recargo.

 ¿Cuánto vale un bizcocho?

Tres pesos. Me acuerdo que esa vez compró bizcochos. Por eso puso guardias, porque sino hubieran sido devorados en cuestión de segundos.

 ¿Cómo terminó el asunto?

Nunca más pagó y fue uno de los temas más grandes.

 ¿Por?

Pasó que en el mismo día ella se había comprado cigarros de chocolate y desde ese día se prohibieron los cigarros de chocolate, porque la directora creyó que eran cigarros de verdad. Son igualitos.

 ¿Vos cuánto has dado de préstamo?

Préstamo hice una sola vez en mi vida… y me dejé meter un gol… y fui guardaespaldas, pero no pegaba, yo defendía.

Tengo otra cosa para hablar. Por ejemplo el tema de los celulares. Hay veces que se paga cinco pesos y vos le podés mandar un mensaje al celular de alguien, pero siempre tenés que estar supervisado.

Pero es caro cinco pesos.

Es carísimo. Hasta hay algunos que pagan ringtones, por bajarle ringtones. O está el tema de la escuela de música, que se alquilan instrumentos. El otro día pasó con dos compañeros, que uno le dijo al otro: “me das la flauta y yo te doy 10 pesos para que la maestra no me rete por no haberla traído y a vos sí”. Él le dijo: “sí, sí, sí”. Y tá, se paga. Como las flautas son iguales, nadie duda nada.

Otra vez fue el caso de un niño que vendía gorros. Después la madre siempre le andaba diciendo de todo porque no tenía un solo gorro. No tenía guantes, no tenía bufanda y no tenía gorro.

¿Lo vendía en la escuela?

Sí.

Pero salía perdiendo.

Los vendía más caros… 20 pesos llegó a vender un gorrito de visera.

Hubo uno que vendía gorros de Nike truchos.  O sino uno de la clase mía, que te hacía retratos de tu cara por 20 pesos.

¿Le quedaban bien?

Era el mejor dibujante de la clase. Quedaban igualitos. Hacía caricaturas. Hacía de todo.

También hubo empresa de collarcitos y flores. Los collarcitos salían cinco pesos y un ramo de flores que arrancaban en la escuela, que los cagaban a puteadas por arrancarlos, diez pesos.

¿Las flores eran para las novias?

No. ¿Vos sabés que no? A veces le llevaban a la madre. ¡Paaa, el día de la madre se vendieron trillones!

¿Utilizan plata para conseguir novia?

Sí, eso sí. O que le vayas a decir que gustas de alguien que en realidad no gustás a otra persona.

¿Para?

Para quemar al que vos contrataste.

¿Cómo?

Para dejar re-pegado al que vos contrataste. Contratás a alguien para que mienta de quién gusta él.

¡Son terribles!

Otra vez una niña le alquiló un par de lentes a un compañero. El otro no veía un carajo. Y le mintió con la plata, porque le dijo que le iba a dar una moneda de dos pesos y le dio una de uno.

Pero eso lo ve igual sin lentes.

¡Ah sí!... si tenía no se cuánto de autismo.

Aumento.

Ahí va. Dicen que no ve nada casi sin los lentes, ve todo borroso.

¡Qué harían por 20 pesos los niños!

Una locura. Podrían hasta prender fuego la escuela de música, mirá.

No digas bobadas.

Una vez a uno le pagaron plata para que le vaya a decir “puta”, y otras malas palabras a la directora y a la maestra. Llegaron al límite. Se escondía atrás de la puerta de la directora y le decía cosas.

¿Lo hizo el niño?

Lo hizo. Pero por una cantidad de plata sin igual.

¿De cuánto estamos hablando?

Creo que habían contratado todos los servicios por 50 pesos.

¿Cómo “todos los servicios”?

Todos los servicios. Uno que hiciera todo lo que él le pidiera. Tipo de esclavo, por un decir. Todo lo que existía.

¿Alguna otra cosa grave que hagan con plata?

Contratar patotas. Hubo otro tema que estuvo de moda mucho tiempo. El tema “Constitución”. ¡Qué tema más denso! A mí no me gustaba para nada. Contratabas abogados. Por ejemplo, los abogados tenían que inventar cuantas más leyes pudieran en un papelito, para que después cuando había peleas entre niños el abogado demostraba que la ley no se cuánto no se qué no se cuánto existía y se resolvía el problema.

Cada uno hacía las leyes que quería.

Claro. Entonces lo usaba como defensa. Pero tenía que estar firmado por un abogado.

¿Y quién es abogado? ¿El que quiere?

No. Hubo cinco abogados que se tenían que designar en menos de cinco segundos yendo de un lugar a otro.

¿Cómo?

Había una mesita en la que estaban unas personas. Había un minuto y te podías inscribir de abogado. Ahí los anotaban y decían cuál es abogado y cual no y tenía que poner su firma. Entonces vos le pagabas y él tenía que firmar un papel e inventar todas las leyes posibles, porque si no está firmado no se sabía quién las había inventado; podía ser un no abogado.

Me parece que a los vivos les va bien ahí.

Vos contratás un abogado y además de abogado era testigo. Lo usaban como un testigo mentiroso. O también por plata te cuentan secretos que le dijo antes un amigo.

¿Cuentan un secreto por plata?

Algunos sí: “Dame tres pesos y te cuento de quién gusta coso coso” Está a tres pesos el mensaje secreto.

¿Pero cómo van a contar un secreto que alguien les dijo?

Y bueno, en la escuela hay algunos que no piensan en los amigos. No piensan en lo que le hacen. Son unos insensibles.

¿O sea que por plata cuentan los secretos de los amigos, se dejan hacer goles, le dicen cosas a la maestra, defienden a alguien, mienten, patotean? ¿Hacen todo por plata?

Sí. Llenan botellas. Todo. Todo. Venden figuritas. Alquilan flautas.

¿Nadie dice que no?

Yo más o menos estoy ahí. Hice dos cosas que tá… macanas de la vida. Es que era la primera vez que me ponían de arquero.  

26/12/2008

Ventana

A veces desde el asilo de ancianos lindero se escucha un llanto, un canto, un grito, un diálogo. Las ventanas suelen son generosas. Pueden regalar un paisaje, una tormenta a resguardo, un buen rayo de sol, un vientito salvador, un pájaro inesperado, una minifalda. Depende de la ventana. De dónde esté y hacia dónde dé. Incluso depende de las horas del día y de la época del año. En ocasiones las ventanas perturban con ruidos de vehículos durante el día, pero se ganan el cielo cuando dejan sentir una cuerda de tambores que suena a lo lejos. 

A veces desde el asilo de ancianos lindero se escucha. La frase de la empleada resultó primero extraña y luego comprensible. -¡Tomá la leche o llamo a tu hijo!-, se escuchó amenazar por la ventana.

09/12/2008

Nariz

Jazmines florecidos. Asfalto caliente. Pólvora festiva. Asados nocturnos. Protectores solares. Cuerpos salados. Se siente. Se huele. Hay olorcito a fin de año.

08/12/2008

Cómo es la gente

La gente es 
buena y mala 
pesimista y optimista 
gris y anaranjada 
dulce y salada 
linda y fea 

La gente es 
de izquierda o de derecha 
de un cuadro o de otro 
unida o separada

Quiero decir cómo es la gente 
pero no me sale

Una, dos, tres palabras   

Para arriba y para abajo 
rompehuevos y rompehuelgas 
traidores 
caritas de monja 
dráculas y homeros   

Concluyendo 
que la gente es así 
así o asá 
un poco más así 
un poco más asá 
con el agravante 
que cada uno 
solito 
es un poco todo mezclado 
como una ensaladita 
a la que le influyen
entre otras tantas cosas 
los pronósticos meteorológicos 
los resultados deportivos
y las horas de sueño.

20/11/2008

Figurita repetida

Cada viaje era el mismo padecimiento. Cada nuevo destino se repetía la historia. Cada novedoso lugar del mapa que visitaba ocurría lo de siempre. Cambiaba un poco el sabor, el color y la textura. Pero al final sucedía siempre lo mismo: su comida favorita raspando más de lo deseado al recorrer el agujero terminal del recto. Era, a pruebas vistas, mierda de geófago.

18/11/2008

El Guernica

Visita al museo Reina Sofía para estar en ese exacto lugar. Parado de frente, al medio exacto, a la distancia apropiada. Adelante el famoso Guernica, obra de arte si las hay. En eso se detiene sobre el costado izquierdo una morocha de interesantes proporciones. Chau Guernica.
En el teatro, viendo una gran obra -de Brecht por ejemplo-, entra una actriz semidesnuda de buena figura y nueve de cada diez hombres piensan lo mismo. Basta mirar al amigo o al desconocido que está sentado a un lado. Ambos sonríen cómplices de la idea.
Si una cantante, una presidenta, una profesora, una policía o una monja, muestra o insinúa, adiós Guernica, adiós Brecht, adiós todo.

01/11/2008

For you

Hacé ahora
lo que puedas
con lo que tengas
no te salves
nunca

29/09/2008

Jack

Jack sonríe. Se compró un kayak para dar la vuelta al mundo. Como quedó pelado lo bautizó Kojak. Para comprarlo tuvo que vender su querido wok, un batik de dos metros, la cámara Kodak, vinilos de Pink Floyd y en un pack todos sus discos de rock, folk, funk y punk, incluso los que tienen ocultos bonus track. Tiró a la basura uno de New Kids on The Block, aquellos que hacían playback.
Jack quiere llegar a Nueva York para bailar break dance y protestar contra la invasión a Irak, después seguir hasta Vladivostok, pasar por Bangkok y llegar al Tíbet para ver un yak. Vistiendo un gastado anorak, con su look desprolijo, un tinto en tetra brick y comiendo snack, él se siente Hulk. Dice que no se va a alejar mucho de la costa con su kayak. Es un crack, Jack.

21/09/2008

Olaf

Olaf es chef. Le gusta fumar quif. Fumar quif y luego comer rosbif. Fumar quif y leer a Rosencof. Fumar quif y tirarse en el puf. Fumar quif y escuchar Riff. Fumar quif y mirar pintura naif. Fumar quif y criticar a Unicef. Pero si fuma mucho quif, al rato dice uf, piensa paf, tose cof cof, llora snif snif.

Bob

Nació en Godthab. Vive en Zagreb. Escucha dub. Come kebab y bebe rob. Tiene una web dedicada al Skylab. Fundió un videoclub y un aeroclub, pero aspira a comprar un club de fútbol. Ahora puso el pub Querub con su amigo Jacob. Sueña con traerse un baobab del Magreb. Es medio snob, el Bob.

26/08/2008

Sueños

Sueñan
el atún y la vaca
que en el cielo
no hay humanos
o que en el purgatorio al menos
la dieta es más balanceada

Sueña la pelota
que la gracia del juego
es tratarla con cariño
y que el ganador
es quien la golpea más suave

Sueñan los eucaliptos
que en el cielo
los hombres no leen
no escriben
y se limpian el culo
sumergiéndose en el mar

Sueñan
los perros también sueñan
que en el cielo
con cuerdas
ellos llevan atados a los hombres
les dan pastillitas coloridas e insípidas
caramelos de plástico para evitar las caries
y de vez en cuando
una buena patada
para que se acuerden
tengan claro
no se olviden
quién es su mejor amigo

Sueñan los niños
que en el cielo
las injusticias se corrigen
los padres
toman sopa sin chistar
se lavan las manos antes de comer
hacen lo que dicen
y las maestras
están todo el día calladitas
copiando el pizarrón
con la moña siempre atada

Sueñan los sueños
que en el cielo
nadie les pedirá explicaciones
ni divagará
sobre supuestos mensajes ocultos
y que alguien
algún día
les agradecerá
las fantasías subidas de tono

Sueña el lápiz
sueña el teclado
que el escribiente no joda tanto
y que solo importune
lo necesario
lo mínima y estrictamente necesario
y que no demore
el punto final
gastando renglones
renglones
y más renglones
al santo cuete
que ya es tarde
y son horas de dormir.

07/08/2008

Los girasoles

Los girasoles aborrecen la palidez, la suponen enfermiza. Saben que el solcito hace bien. Lo necesitan. Lo buscan; especialmente los días grises de invierno. En esta época del año es cuando más se los puede reconocer.
Cada vez que pueden los girasoles caminan por la vereda soleada. A veces cierran los ojos durante algunos segundos, los que calculan que pueden andar sin tropezarse con nadie ni con nada. Pero siempre los abren antes, por temor a la ausencia de una baldosa, por falta de confianza en los cálculos o en los pasos.
Ellos saben que el calorcito del sol es más lindo con los ojos cerrados.
Si viajan en autobús, los girasoles se sientan del lado del sol y mientras el chofer permanece frenado vendiendo boletos, buscan que algún rayo les de en la cara, como los niños buscan las burbujas de jabón cuando juegan con ellas.
Un girasol automovilista, cuando lo detiene un semáforo, cierra los ojos y deja que los rayos le templen el rostro. En el momento en que la luz cambia –a veces se entera por un bocinazo del vehículo de atrás- pone torpemente el auto en marcha. En ese preciso instante, en la vereda, un girasol peatón se para a esperar, cierra los ojos y orienta su cara hacia la estrella más cercana.
Los domingos de invierno por la tarde, después de comer, se echan a leer un libro en alguna cama o sillón donde les dé el sol a través de un vidrio que los proteja del frío. Sin querer o sin darse cuenta los girasoles se duermen, hasta que la sombra los despierta.

29/07/2008

30402

El ómnibus llegó a la parada y se estacionó junto al cordón. Dos muchachas jóvenes, casi seguro estudiantes de la universidad cercana, fueron las primeras en subir al medio de transporte colectivo. Luego les siguieron una mujer y un joven. Abajo permanecían un servidor y un hombre adulto que tenía una visible discapacidad motriz, un pie más corto que el otro o algo así. Le hice el gesto de que subiera él primero. Me correspondió invitándome a que lo hiciera yo. Le agradecí y subí. Veinte segundos después, al acomodarme en uno de los asientos libres miré el boleto. ¡Con razón el hijo de puta me dejó subir antes! –juro que pensé-. Era el 30402.

19/07/2008

La mejor idea

Abrió la heladera para buscar el alimento sólido que acompañaría al café que se estaba calentando en el microondas. Pescado. Queso. Manteca. Leche. Morrones rojos. Agua. Jamón dulce. Morcilla salada. Mayonesa. Mandarinas. Bananas. Media lata de arvejas. Huevos. Tomate. Lechuga. Dulce de membrillo. Ricota. Dulce de leche. Yogurt. Dulce de higo.
Hizo lo de siempre, miraba uno a uno los productos y los descartaba mentalmente. Demoraba la decisión de siempre.
Cerró la puerta de la heladera y quedó cavilando en silencio. El pitido del horno microondas le avisó que habían pasado los 66 segundos que había puesto a calentar la taza de café negro sin azúcar.
Volvió a abrir la heladera. Más o menos recordaba todo lo que había, pero necesitaba considerar la situación viendo el queso, viendo los morrones, viendo el dulce de leche, viendo todo una vez más. Luego hizo lo de siempre: descartó casi todo y cerró. Casi, porque el refuerzo de pan con queso y fiambre sería el veredicto final. Él lo sabía bien. Siempre era la mejor idea, pero siempre tenía que convencerse que era la mejor idea.
Sacó el café del microondas y sorbió un centímetro. Abrió la heladera y sacó el queso y el jamón. Agarró el pan flauta y lo partió con sus manos, quedándose con unos 15 centímetros para el refuerzo que sería su merienda.
Bebió otro buche de café. Se dio cuenta que precisaba un cuchillo para abrir el pan y cortar el queso. Miró hacia la pileta de la cocina y junto a un par de vasos sucios había un cuchillo también sucio que alguien había usado poco antes. Lo tomó y observó que tenía rastros de dulce de membrillo.
La áspera textura del dulce opacaba el brillo del acero inoxidable de la hoja. La imagen le hizo recordar y segregó saliva de sus glándulas gustativas. Estas se comunicaron con el cerebro. Este se comunicó con las manos. Estas abrieron una vez más la heladera, guardaron el queso y el jamón y sacaron el dulce de membrillo. Era la mejor idea.

10/07/2008

Según se mire

Ola
Oreja
Cuerno
Caracol
Anzuelo
Ge mayúscula
Rulo de Clark Kent

Cola de hipocampo
Jota con retorcijones
Espiral desperezándose
Camino que sube un cerro
Lombriz dando vuelta carnero
Número preferido

01/07/2008

Dos lunas

Blanca. Deshabitada. Ventosa. Fría. Inhóspita. Así imagino la Luna. De niño no tenía ninguna duda que cuando fuera grande, un día, algún día, pasearía por su superficie. No era un deseo, era el convencimiento de un hecho casi consumado.
Hace unos cuantos años comencé a dudar que esto ocurra, aunque no pierdo la esperanza de vivir el tiempo suficiente como para estar en pie cuando en el feriado de Carnaval se puedan adquirir paquetes turísticos que incluyan el suelo selenita.
Hace unos cuantos años comencé a juntar material de una región que me gustaría conocer algún día. Es solo un deseo.
Blanca. Deshabitada. Ventosa. Fría. Inhóspita. Con pingüinos. Y está mucho más cerquita.

26/05/2008

Así no

Vamos por la calle con la obligación de estar mirando siempre al suelo, atentos a no pisar caca de perro ni baldosas flojas. Así, Montevideo, no podemos levantar cabeza.

15/05/2008

Estuche azul

Rodeado de gente leyendo, como él, en la biblioteca, el muchacho de camisa a cuadros permanece aislado. Las voces no le llegan. Las personas tienen una borrosa presencia que las mantiene alejadas. No pueden interponerse. Nada se entromete en la lectura. Nada la interrumpe. Su mirada se pasea en la nitidez de las letras. Las toca. Palpa el papel algo amarillento de la página. No existe abracadabra, ni llave, ni clave. Disfruta metido en la historia, sabiendo que a su alrededor hay un mundo que no puede molestarlo.
Una hora después, el muchacho abre el estuche azul de sus lentes para ver de lejos y se los coloca. Desde una mesa ubicada a varios metros, intermitentemente, una joven lo sacará del libro durante el resto de la tarde.

28/04/2008

QSR

¿Qué sería?
Quesería.
¡Qué seria!
Que se ría.

17/03/2008

Martincho

Es sabido que Martín Fierro se le llama a la superposición de un trozo de queso y uno de dulce de membrillo. Una variante de este postre es el Martín García, que repite el queso y cambia el dulce, que en este caso es de leche.
He aquí una nueva receta, inspirada en las dos anteriores y resultado de lo que tenía un servidor a mano: el Martincho. Entiéndase por tal la mezcla de ricota –abajo- y mermelada de higo –arriba-. Es fresco, dulce y suave. Tiene la textura ideal. Es recomendable.

05/03/2008

Geoanagramas II (Países)

NIGERIA ingería.
Puré PERÚ.
GROENLANDIA giró en nada.
ALEMANIA / Lea manía
MADAGASCAR / más cargada
FINLANDIA/ Linda naif
El pan NEPAL
MONGOLIA /mona ligó /mono ágil
SIRIA ¿irías?
MALTA / tamal
PALAU / Paula/ la pau
El pan NEPAL.
PANAMÁ ama pan.
PAQUISTAN quitas pan.
JAMAICA / a mi caja
SENEGAL: Les gané
Rigen NIGER
Anudar RUANDA
ISRAEL / Serial
CHINA / hinca
ESPAÑA / apañes
TAHITÌ / ahí ITT
NAURU / Una U.R.
IRLANDA / dan lira
INDIA / ni ida.
MAURICIO / Ici Mauro
COMORAS / Sóc amor.
BULGARIA/ Agur, Bali.
JAPÓN / pajón
COSTA RICA cita orcas.
COSTA RICA casi corta.
CANADA / Acá dan
VANUATU / uva atún
VENEZUELA / eleva nuez
LAOS / olas/ sola/ losa/ salo/ loas/laso

26/02/2008

Café por los poros

No lo pienso patentar, así que tiro la idea por si alguno quiere recogerla y hacerle un bien a la humanidad:
¿Por qué no inventan un gel de ducha con café, que a medida que te limpie, te vaya metiendo por los poros la cafeína necesaria para comenzar el día?

El ángel

Cuando era más joven, una tarde, me hice la idea de que tenía un ángel a mi lado. Un ángel que siempre me estaba viendo. Me lo imaginaba de color azul, como la esperanza o los azulejos. Con alitas negras y ásperas. Si lo necesitaba se acercaba, se posaba en mi hombro izquierdo y me susurraba instrucciones al oído. Instrucciones con las cuales hacía que todo esto se convierta en un poco más soportable.
Intuía por entonces que al caminar apresurado, mi angelito quedaba un poco rezagado; pero nunca me pedía que redujera el ritmo. Eso me gustaba, porque de última era un ángel, no un policía.
Me servía de contrapeso también. Por entonces, para estar acá, tenía que tener algo que me atara. Una especie de contrapeso para no subir como un globo. Creía que cuando él no estaba posado sobre mi hombro, yo podía subir algunos centímetros, pero nunca tantos como para sentir que me estaba yendo. Mi ángel azul de alitas negras lo entendía. Por eso no se apoyaba de inmediato. Siempre dejaba pasar algún minuto.
Lo raro fue que nunca le puse nombre, tal vez porque si lo nombraba iba a ser real. Ahora pienso que lo cierto es que nunca lo tuvo porque nunca existió y porque no quise que existiera. Me di cuenta que no. Ángel, nones. Nunca pintó uno. Acá estoy solo, como en un examen oral, como en el primer examen liceal que di y perdí. Solo como cuando caminás de madrugada por calles desconocidas, supuestamente peligrosas. Solo como cuando llorás, vomitás o te retorcés de dolor. Solo, como cuando te ahogás en el océano.

24/02/2008

Granito de arena

Personaje 1-¡La punta de un sauce verde!
Personaje 2 -¿Qué pasó, amigo?
Personaje 1-Nada, que quería colaborar con la causa. Vengo andando desde ayer de tarde. Como 40 quilómetros. Todo porque pretendía aportar mi granito de arena y resulta que ahora no lo encuentro.
Personaje 2- ¿Y no sabe dónde lo pudo haber dejado?
Personaje 1-Lo traía en el bolsillo de atrás. Segurísimo. Me lo puse ahí y no lo saqué para nada.
Personaje 2- ¿No se le habrá caído?
Personaje 1- No. Para mí que me lo robó algún hache de pé.
Personaje 2- No sea mal pensado. Haga memoria primero.
Personaje 1- Que no, hombre. No lo saqué para nada.
Personaje 2- ¿El bolsillo es cien por ciento seguro?
Personaje 1- Creo que sí. Puede que tenga dos o tres agujeritos chicos, pero no creo que por ahí… Si se hubiera ido por uno de esos agujeritos lo hubiera sentido al rozar mi pierna. Fíjese que es un metro de pierna; en algún momento de la caída lo hubiera percibido. Porque además en la caída se acelera, ¿o no? Imagino que sí, que cuanto más abajo más lo hubiera sentido a mi granito de arena. Si hasta me podría lastimar con la velocidad que agarra, porque tiene poca fuerza de rozamiento de tan chiquito que es.
Personaje 2- No es por ser pájaro de mal agüero, pero si tenía algún agujero… Yo no estaría tan seguro. Igual se fue por ahí mientras caminaba y no lo sintió; y se terminó de salir cuando dormía, que ahí uno se mueve y está menos atento a los granitos de arena.
Personaje 1- No sé.
Personaje 2- ¿Dónde durmió anoche?
Personaje 1- En un pajar que encontré en el camino.
Personaje 2- Es que… claro. Imagínese. Si es difícil encontrar una aguja en un pajar, hallar un granito de arena, uno en concreto, tiene que ser imposible.
Personaje 1- Sí, pero como decía mi finado padre: “lo difícil cuesta mucho, lo imposible un poco más”.
Personaje 2- Mente fuerte y positiva la de su progenitor.
Personaje 1- Sí. Y yo voy a honrarla. Me voy a buscar al pajar.
Personaje 2- Pero igual lo perdió en otro sitio.
Personaje 1- O igual no.
Personaje 2- O igual sí.
Personaje 1- O igual no.
Personaje 2- A mí sí que me da igual. A usted no.
Personaje 1- Gracias por su confianza y apoyo incondicional. Pensar que sólo quería hacer una buena obra, aportar mi granito de arena.
Personaje 2- Bueno, ya tendrá otra oportunidad de hacerlo.
Personaje 1- Sí, tendré otra oportunidad, seguro, pero no tendré mi granito de arena. ¿Usted sabe cómo me siento ahora? Vacío como mi bolsillo. Vacío. Sin aportar mi granito. Sin granito para aportar.
Personaje 2- No llore, hombre. No llore.
Personaje 1- Sí, lloro. Lloro porque me hace bien. Me desahogo.
Personaje 2- Desahóguese entonces. ¿Quiere un vaso de agua?
Personaje 1- Ah, estaría bien.
Personaje 2- Sírvase.
Personaje 1- Gracias.
Personaje 2- ¿Quiere sentarse?
Personaje 1- No. Paso. Creo que hay demasiada confianza. Mejor regreso a ver si encuentro mi granito de arena. No quiero sentirme vacío el resto de mi vida.
Personaje 2- Me parece bien. Y si lo encuentra, no se olvide de coser bien los bolsillos. Mire que la historia es cíclica, se repite más que un vino malo.
Personaje 1- Gracias por el consejo.
Personaje 2- De nada.
Personaje 1- Antes que me vaya… una pregunta. ¿Usted ya aportó su granito de arena?
Personaje 2- Estaba en eso. Pero me distrajo y ahora no lo encuentro.
Personaje 1- ¿Y no sabe dónde lo pudo haber dejado?
Personaje 2- Lo traía en el bolsillo de atrás. Segurísimo. Me lo puse ahí y no lo saqué para nada.
Personaje 1- ¿No se le habrá caído?
Personaje 2- No. Para mí que me lo robó algún hache de pé.
Personaje 1- No sea mal pensado. Haga memoria primero.
Personaje 2- Que no, hombre. No lo saqué para nada.
Personaje 1- ¿El bolsillo es cien por ciento seguro?


Creencias

El chupacabras
el Yeti
el monstruo del lago Ness
el juego de la copa
los fantasmas de nuestra infancia al final de una calle oscura

Quien cree en ellos es loco
le falta un tornillo
está ido del mundo

¿Y los que creen
en un señor todopoderoso
omnisciente
omnipresente
infierno y paraíso
ángeles y milagros
el diablo
hijo concebido sin pecado
etcétera
etcétera
etcétera?

06/02/2008

Respiro

Cuando meto la cabeza en el agua
me olvido

aguanto la respiración
cuento los segundos
que son eso
segundos

Cuando la saco
-puta madre-
chorreando
pienso en vos
y después
casi sin aire
respiro.

16/01/2008

Historia de una ensalada

Cada tanto le venían arranques de esos a Pablo y se decía que tenía que comer mejor, hacer deportes y dejarse de pavadas. Decía “pavadas” sin auto-especificarse mucho; pero él sabía de qué hablaba más o menos, aunque después cuando le convenía se argumentaba que era una palabra vacía con la cual no había señalado nada en concreto aquel día, así que no cabía asociarla a algo específico y por lo tanto podía eliminarse sin culpa ninguna de la frase que días antes se había dicho algún lunes mientras cenaba una ensalada livianita con un par de vasos de agua por única compañía.
Así que ese mediodía terminó de prepararse una rica ensalada criolla y se sentó a almorzar antes de ir a su trabajo vespertino.
Para aprovechar aquel momento y disfrutar de su medio de comunicación favorito, Pablo encendió la radio y empezó a comer. Con el tenedor se llevaba la comida a la boca y con el cuchillo empujaba la verdura picada. Este sustituía al pan pues se había prometido que iba a comer mejor, hacer deportes y dejarse de pavadas, por lo tanto le mejor era prescindir de harinas, alcohol y grasas y grabarse en la cabeza la dichosa pirámide alimenticia.
Comiendo estaba cuando desde el tragaluz que daba al minúsculo patio interior del edificio, un olor lo trasladó a muchas cuadras de distancia. El aroma que subía le hizo pensar en las pizzas que saboreaba en la casa de sus primas cada vez que cumplía años una de ellas, lo levantó del asiento y lo llevó hacia aquella vivienda pequeña con sillas plegables y un perro llamado Pancho.
Mientras comía pizza y bebía un refresco cola en lo de sus primas, la radio que había encendido para acompañar la ensalada lo sustrajo instantáneamente y lo dejó al otro lado del océano. Desde una calle montevideana con tres o cuatro autos a Barcelona en menos de lo que canta un gallo. En la radio había comenzado a sonar una canción de Leo Masliah que le hizo pensar al instante en una joven jerezana. Pablo se sacó el lado derecho del auricular y se lo pasó a ella, que ahora caminaba a su izquierda.
Sin cambiar de ciudad rememoró otra canción, otra de sus preferidas. Viajó un par de quilómetros y estaba de noche en un bar típico de la ciudad condal bebiendo cava con otra amiga. A la segunda botella ella comenzó a cantar murga, las primeras estrofas de esa canción que se le había pegado y de la que no quería saber la letra de golpe, sino irla aprendiendo de a poco, de a noches, de a buches.
Al comenzar la tanda publicitaria de la radio, Pablo recordó que estaba comiendo a miles de kilómetros, al otro lado del charco. Tenía que regresar e ir a trabajar. Por suerte lo que tenía en el plato era una ensalada, nada que con el correr de los minutos se le hubiera enfriado y puesto incomible. Aquel plato no era una chuleta recién hecha ni mucho menos una sopa caliente, como las que tenía que ingerir cuando niño en su casa –no la de ahora sino la anterior-, que como por suerte no estaban tan lejos una de otra, bien podía ir caminando. Pero enseguida vino a su mente que donde más tomaba sopa –de arroz o fideos- era en la casa de sus abuelos maternos, a 54 quilómetros de distancia, y viajó mentalmente allí, unos 20 años atrás. Entonces de estar a unos minutos andando se alejó más de medio centenar de quilómetros. Una pena, aunque no estaba tan mal si tenía en cuenta que segundos atrás estaba a orillas del Mediterráneo.
-De última 54 quilómetros no es tanto- se dijo Pablo. Sólo debía tomarse un ómnibus rojiblanco que una hora y media después lo dejaría a unas 20 cuadras de su hogar. De ahí en más, caminar lento, como tantos domingos por la noche.
Se vio ir hasta la esquina del bar, el cartel redondo indicando la parada del autobús, los cajones de frutas en la vereda, las ventanas del bar abiertas. Era martes al mediodía. La ensalada criolla lo esperaba. Medio plato y después a trabajar.

02/01/2008

Libro puerta

Hoy lo vi, lo encontré, me lo topé, en una de las varias bibliotecas, apretado entre Primer Bando y La Molécula Loca. Un libro de tapa negra y letras doradas en el lomo. Lo miré y le dije gracias. Fue mi puerta a Cortázar.

Libro mono

Un libro monotemático es un libro aburrido que solo habla de simios.

21/12/2007

Bajofondo

Cada vez que le da play al disco ve el teatro, los músicos, las luces, aquel concierto. Al instante se traslada a su butaca, se pone de pie, aplaude junto al resto del público, ve aplaudir agradecidos a los músicos y quisiera poder vivirlo una vez más.

15/12/2007

Aire

Recordó que de niño soñaba con poder volar. Tomó aire. Separó los brazos como si fueran alas y saltó.

Agua

Caía de cabeza. Juntó los brazos extendidos hacia abajo y se sumergió en un clavado perfecto.

Tierra

Abajo lo esperaba su tierra, su asfalto. Asustado, imaginó que el asfalto negro era agua cristalina. Juntó los brazos extendidos hacia abajo y se sumergió en un perfecto clavado.

13/12/2007

El futuro

Su camiseta blanca con delgadas letras de colores me llamó la atención. El muchacho venía muy tranquilo, caminando de frente, con gorra de visera y pantalón deportivo azul con dos franjas blancas en cada flanco.
A medida que nos aproximamos pude leer. Decía: “tu futuro está en tus manos”. Primero me causó gracias. Luego, por si acaso, se me ocurrió fijarme qué llevaba en mis extremidades superiores. En la izquierda tenía un ejemplar del último número del semanario en el que deseaba escribir cuando estudiante, en el cual casualmente salía publicada una nota hecha por un servidor. Los dedos de la derecha sostenían algo que pocas veces; un libro comprado por mí para mí, que minutos antes había vencido el rechazo casi visceral a la adquisición de textos. Pero bueno, alguno al año cae. Este fue una excepción, porque es de un especialista en relatos cortos, guatemalteco él.
Tu futuro está en tus manos, recordé al instante, y sonreí agradecido por la casualidad.
Ahora, lo cuento con mis manos.

Un consejo

Hasta un momento antes habían estado cenando juntos. Era medianoche casi cuando el niño se fue con su madre en un taxi. Entonces, el tío le escribió un mensaje telefónico a su sobrino de 9 años, que estaba atravesando las calles de la ciudad en un coche amarillo y negro: “Buenas noches, que descanses y no seas tan calentón que quedás feo”.
Dos o tres minutos después, llegó la respuesta: “Buenas noches tío y gracias por darme un consejo”.

28/11/2007

No, gracias

Cada 365 días el calendario nos pone ante la misma situación incómoda: poner cara de que lindo-muchas gracias-no sabés la falta que me hace. Una vez al año toca ser el centro de la fiesta, el que sopla las velitas, el que recibe los tirones de oreja. Paralelo a esto existe la costumbre de tener que recibir algunos regalos, pero para los que como uno no son muy afines a la cuestión, este hábito resulta un poco molesto.
Llegado a este punto, por qué no ser francos y directos. O como dicen en España: “te lo puedo decir más alto, pero no más claro”. Declaro, que no quiero regalos. Si acaso un vino tinto para tomar con los amigos, algo para picar, una sola torta dulce y un fainá de queso de la abuela (ojalá que nunca falte). Pero por sobre todas las cosas, para los que insisten en obsequiar, hay una lista de artículos en los que pueden ahorrarse el gasto. Perjuro, que ya tengo llavero y unos cuantos bolígrafos aún por estrenar. Que no me faltan marcalibros, tazas ni medias, aunque me gusten mucho. Que no deseo pequeños souvenirs de viajes, perdonen que sea tan ingrato, pero luego quién limpia el estante donde se acumular. Que una sola agenda es suficiente, en serio. Que por favor eviten grifas conocidas, que me causan repulsa. Que acertarle al talle siempre es un tema, que dar con el matiz correcto nunca es fácil. De verdad, que no quiero cosas, gracias.

Sal con menta

Vamos a experimentar
probar sal con menta
pintarte el pelo de colores
mear desde un balcón
Juntemos nuestras manos
para rociar bien
todo con queroseno
sacar fuego de un bolsillo
y quemar
para siempre las naves
así cuando sean brasas
buscamos e inventamos el carajo
y lentamente

desde ahí
nos regocijamos
viendo pasar pintadas
muy bien pintadas
las naves que nunca
se van a quemar.

Tareas domiciliarias

tengo que escupir
algo que llevo dentro
que me aprieta el cabeza
que me duele la espalda
que me estropea el hígado
que me retuerce el corazón

tengo que cambiar

01/11/2007

Chau

Con el lápiz en su mano izquierda y la hoja impoluta sobre el escritorio de su dormitorio, el hombre siente que aún no ha aprendido a despedirse. Lo encuentra similar a cuando tiene que dar el pésame en un velorio: siempre es molesto e incómodo. Siempre la sensación posterior de no haberlo hecho de forma correcta.
Luego de varios minutos y tachones cree haber encontrado una síntesis que no podrá mejorar. Entonces cambia la hoja escrita, reescrita y tachonada por una nueva, y la tinta azul se instala sobre el papel blanco: "Que nos garúe finito. Los quiero mucho. Gracias por todo. Suertempila, muchamierda y ojalá que volvamos a vernos".

Menos peso

Acabo de tirar
un montón de ideas a la basura
papeles
que se fueron juntando
incompletos todos
frases
comienzos de textos
ocurrencias
palabrejas raras
papeles
en resumen
que ahora están arrugados
rotos
cortados en dos
en cuatro
en ocho
en la bolsa
del papel para reciclar
papeles
cositas
que nunca llegaron a florecer
y empezaban a pesar
a joder
así que mejor
mucho mejor
decirles adeu.

Mal día

Hoy
no quiero
ver a nadie

Hoy
en este pozo
con esta sensación asquerosa
no me salva
ni un candombe.

15/10/2007

Dunumurcu

La espuma de los vasos de cerveza era una delgada línea blanca desde hacía rato. Varias delgadas líneas blancas; una por cada sorbo que habían dado en la larga hora que llevaban sentados en la pequeña mesa de cármica gris veteado del roñoso bar.
Los dos permanecían en silencio. El propietario del comercio los miraba cada tres o cuatro minutos para cerciorarse que seguían ahí, callados.
Ella estaba buscando palabras con u para hacer algo. En verdad ya tenía las palabras, pero no podía conjuntarlas de manera interesante. Decenas de vocablos donde la única vocal era la u. Muchas conocidas –sur, bus, cuscús, summum, ñu, luz, pus-, las básicas -tu, tus, su, sus-, anglosajonas –punk, trust, rush, funk-, nombres para los posibles personajes –Ruth, Lulú- y otras tan novedosas que prefería no usarlas –pututu, zunzún, tup, curucú-.
Las palabras las tenía desde la madrugada anterior. Las había buscado en el diccionario de su ordenador hasta que no aguantó más el ardor en sus ojos. Mezcladas pero las tenía. En una hoja A4 que estaba apoyada sobre la mesa las leía; pero no hallaba el camino. –No me gustan los que encuentro-, hubiera precisado ella misma, mientras se mordía el labio inferior y golpeaba la mesa rítmicamente con el dedo índice de su mano derecha.
-¿Alguna sugerencia?, preguntó entonces la joven.
Silencio absoluto. Él no estaba para la quinta vocal.
Mientras ella combinaba vocablos, él pensaba cómo vengarse de Dinamarca. Los del pequeño país europeo habían derrotado a su querida selección celeste dos veces, primero en el mundial de México con goleada incluida y luego en Corea. Ocho pepinos en dos partidos. Cómo olvidarse. Cómo perdonarlo. No hay más opciones, concluyó. Si nos ganan otra vez solo nos queda declararles la guerra, enviar el buque Capitán Miranda a cañonear Copenhague mientras el avión de Puritas bombardea en simultaneo desde el aire, poniendo especial cuidado en destruir sus estadios y lugares de entrenamiento, allí donde se forman sus jugadores, para que no hayan más Laudrup, ni Larsson… ¿Larsson era el nueve? No importa ya el nombre, todos, ningún vikingo de esos, amargamundiales del orto. Aliarse con algún país fronterizo, por aquello de que siempre se llevan mal los pueblos vecinos. Suecia, Alemania, alguno debe querer apuntarse a darles para que tengan y para que guarden. Aunque habría que ver si dejan llegar al Capitán Miranda hasta el Mar del Norte, o si ningún mandatario con ganas de Nobel de la Paz intenta mediar en la crisis aduciendo que podría incluso desencadenar una conflagración entre continentes hermanos. ¿Hermanos, dijo? No. Tal vez lo de la guerra no fuera la mejor idea, pero cuando menos atravesar el globo y llegar allí, solo, anónimo y escupir la tierra danesa, escribir algo ofensivo en la puerta de un baño. Como una pequeña venganza. Al igual que aquel cocinero compatriota que cuando supo que el que había pedido la merluza era Pacheco Areco se pasó el pescado en cuestión por los testículos para darle más sabor. O aquella empleada doméstica que volcó café sobre un legislador simulando que era un accidente, torpeza típica de una mujer como ella habrá pensado el político. Perdón. No pasa nada. Andá llevando, vejiga.
-¿Se te ocurre alguna otra palabra?
La primera pregunta lo bajó de la nube. La segunda lo puso en tierra al instante.
-¿Tenés guita para otra birra? Porque veo que no me pensás ayudar en nada.
-¡Daneses de mierda!
-¿Qué decís?
-Nada. Yo me entiendo.

10/10/2007

Perro que muerde su cola

Ella dijo gilipollas, hijo de puta, me cago en tus muertos, cabrón, cabronazo, malparido.
Al día siguiente dijo perdón, lo siento, te quiero.
-Yo también.
Dos semanas después vuelve a tener un ojo negro. Ha dicho gilipollas, hijo de puta, me cago en tus muertos, cabrón, cabronazo, malparido. Perdón, lo siento, te quiero.
-Yo también.
Igual a un perro que se muerde la cola tantos años como esté en el infierno. Ojo negro. Gilipollas, hijo de puta, me cago en tus muertos, cabrón, cabronazo, malparido, perdón, lo siento, te quiero, yo también.
Te quiero, lo siento, ojo negro, yo también, hijo de puta.

20/09/2007

Vull pixar

Manel -joven estudiante barcelonés- no entiende porqué es imposible andar por la ciudad sin estar viendo siempre alguna marca. Hacia donde mire, carteles luminosos en los techos de los edificios. Los autobuses, cubiertos de anuncios en los laterales y hasta en los vidrios. La gente haciendo publicidad gratis al lucir grandes logotipos en su ropa. Los pasillos del Metro tapados por completo con la película que toca ver esta semana. La ciudad, todos sus espacios, cubiertos por una piel de camaleón publicitario que cambia con una periodicidad odiosa.
Nadie me preguntó, piensa Manel, si deseo vivir en un parque temático de publicidades, inmerso en una innecesaria mezcla de contaminación visual e incitación al consumo.
Meditando esto estaba Manel, con la vejiga llena de cerveza, una tarde soleada con hora libre. Así que fue al baño de la Universidad y se dispuso a orinar en uno de los varios mingitorios que allí había. En la Universidad pública.
Parado frente a la taza blanca para evacuar, le sorprendió ver en la pared, a la altura de sus ojos, a 30 centímetros, un cartel publicitario. El anuncio era de un desodorante; de esos que atraen chicas perfectas y destruyen la capa de ozono. Publicidad mientras meo, pensó.
Inspirado por la cerveza que aún no había expelido, Manel levantó su mano y arrancó el papel brillante impreso a cuatro tintas. Sobre lo que quedó -un fondo blanco con restos de colores-, utilizando un marcador negro, grueso y con la vejiga hinchada, el joven estudiante escribió en catalán: “Vull pixar tranquil!”.
Es que es eso, al menos eso, si no es mucha molestia: ¡quiero mear tranquilo!

17/09/2007

Se busca

Es pequeño. Tan pequeño que parecerá inofensivo. Esa es su ventaja. ¿A quién podría hacerle algo un minúsculo prendedor triangular, un isósceles metálico de borde dorado y mayormente anaranjando?
Seguro algún niño lo vio y lo recogió sin saber lo que estaba haciendo. O una mujer, pensando que podría dar con su propietario. Un hombre adulto tal vez, imaginando que el brillo dorado podría ser áureo. O por qué no una joven que encontró belleza en aquel adorno de dos centímetros de lado.
Su método es sencillo. Se escapó dejando tras de sí el broche. Ese broche circular y metálico que para ojos nuevos sirve como objeto que fija el prendedor a una camisa o chaqueta. Pero en realidad, ese broche no quedó abandonado por casualidad. Un prendedor normal cuando se escabulle suele llevarse siempre su broche, porque es el complemento que le permite seguir siendo un prendedor, no un arma.
Un prendedor normal quiere cambiar de persona, de perfume, de hogar, pero nunca quiere dejar de ser prendedor porque su ego es grande y tiene ansias de lucirse cada vez en una camisa de mejor marca, acompañado de un perfume más exclusivo, en la fiesta más despampanante posible.
Éste broche en particular tenía como función proteger a las personas. Ahora hay un prendedor suelto con una pequeña arma blanca de centímetro y medio; una filosa punta metálica pronta para entrar en acción, un aguijón dispuesto a picar hasta el final.
El niño. La mujer. El hombre adulto. La joven. Cualquiera de los cuatro puede estar desangrándose en este momento por no haber pronunciado una frase salvadora, por haber dicho una palabra de más.
¡Qué feo color! ¡Qué equipo de mierda!
El prendedor de la IASA es muy fanático. Cualquiera de esas dos frases –u otras parecidas- lo enervan al punto que sale a buscar la vena más próxima, más gorda.
Y ahora anda suelto. Sediento tal vez. Buscando que alguien lo critique para empezar a pinchar hasta teñir toda la camisa de rojo, y él, anaranjado, en medio de la confusión de gritos y colores similares, aprovechará para ir en búsqueda de otra víctima.

Un mensaje

Julio me envió al teléfono móvil, desde el otro lado del océano, un mensaje escrito que no terminé de entender. Lo leí varias veces sin lograr descifrarlo en su totalidad. Me acosté intrigado y molesto por mi incomprensión.
Al despertar la mañana siguiente, sabía lo que mi amigo había querido decir. Un rato antes, Morfeo me había susurrado la pista clave.

05/09/2007

La luciérnaga que quería ser mosca

Había una vez una luciérnaga que quería ser mosca y hacía todo lo luciérnagamente posible por asemejarse a una mosca.
Desde pequeña siempre quiso ser uno de esos insectos dípteros tan comunes que disfrutan molestando a los hombres mientras leen y luego escapan eludiendo un manotazo, un matamoscas o un periódico que por unos segundos pretende cumplir tal función.
Para sentirse una mosca, esta luciérnaga iba a fastidiar a las cocinas y las salas de las casas de los humanos, siempre cuidándose de no encender la parte luminosa de su cuerpo. Incluso de tanto en tanto se acercaba a alguna caca de perro que veía por la calle, sin lograr entender nunca qué era lo divertido que le encontraban las moscas a algo tan maloliente.
A la luciérnaga le salía bastante bien eso de parecerse a una mosca. Podría decirse que en apariencia casi lo lograba, pues tenía muy aprendidos y estudiados los movimientos y las costumbres de sus admirados insectos negros de alas transparentes.
Pero tenía un problema. Si el luciérnago era feo no pasaba nada; pero si el luciérnago era un ocho –en una escala de uno a diez- invariablemente en el aire podía verse una avergonzada luz fosforescente alejándose.

04/09/2007

No del todo

La puerta queda entreabierta
para que vos entres
para que yo salga

No la cierro del todo
sólo un poco
para que no haya tanto frío
para que no entre tanta agua
para que cuando pase lista
tenga algo

que pueda ofrecer

Podrás venir, a veces
dormir, una vez
pero ya nunca más
te creerás en tu casa

Quiero ver muy bien
quién le lleva flores a quién.

Llegaras tarde

Me gustaría ser el culpable
de que llegaras
tarde
y sonriente
cada mañana al trabajo.

24/07/2007

Reflexión sobre los marcianos y la Tierra

Quintín acaba de leer que en 14 años murieron dos millones de niños en los diferentes conflictos armados que hay en el mundo. Es como si durante 14 años cada día hubiera dos atentados similares al que ocurrió en Madrid el 11 de marzo del 2004, y solo murieran niños; 391 por jornada.
Días atrás en Ibiza hubo un gran derrame de petróleo que contaminó las aguas de esta isla turística. Viendo la televisión Quintín se enteró que mientras trabajadores y voluntarios intentaban controlar el desastre, otros propietarios de barcos aprovecharon la ocasión para lanzar sus desechos al mar, y así deshacerse de ellos en medio de la trágica circunstancia.
A Quintín anoche, mientras bailaba en una discoteca, un conocido le mostró un video que le habían enviado al teléfono móvil. Estaba danzando al ritmo de la música electrónica cuando asqueado observó una filmación donde unos hombres degollaban a otro. Le pisaban la espalda, le tiraban del pelo para levantarle la cabeza y con un gran cuchillo le cortaban todo el pescuezo. La sangre brotaba a borbollones. La cabeza quedaba separada del resto del cuerpo y luego la apoyaban sobre la espalda del asesinado. Era una imagen real.
Repugnancia. Vergüenza. Pena. Incredulidad.
Duele mucho el planeta azul. Ya lo dice Muchachito en una de sus canciones: “los marcianos no van a venir/ porque saben lo que es esto”.

22/07/2007

El agujero de la torta frita

Las tortas fritas que hacía mamá eran pequeñas. Podían convivir cuatro o cinco en una misma sartén llena de grasa vacuna hirviendo. La grasa después de apagado el fuego se enfriaba y parecía una pista de patinaje sobre hielo.
A diferencia de las tortas fritas de mi madre, las que hacían las mujeres de Santa Rosa cuando el Ideal jugaba de local en invierno eran mucho más grandes. Apostaría que no entraban en la sartén con derecho a jubilación que había en casa. Eran tan pero tan grandes que una vez me sucedió algo casi increíble. Casi, porque realmente ocurrió.
Era una tarde de julio y el Ideal jugaba un partido intrascendente contra el Sacachispas. Como era de esperar, no había mucho para ver. No hacían un gol ni pateando todos para el mismo arco. Ni aunque este fuera el mismísimo Arco Iris.
Si bien había comido un trozo del tradicional alimento cuya masa se hace con agua, harina, sal y grasa, todavía me quedaban dos terceras partes de la torta frita de marras. Es que además de grandes eran gruesas y esponjosas. Una maravilla, eso es lo que eran. En la cancha me las compraba algún tío, en las kermeses del pueblo la abuela Carolina. Siempre caía alguna, por suerte.
Estaba entonces en que el match entre el Ideal y el Sacachispas era inmirable. Y por mirar algo, se me ocurrió mirar por el agujero de la torta frita. Ingenuo de mí, pensé. Como si fuera a verse algo distinto. Pero me equivoqué. Fue tal la sorpresa que quise ver más y metí la cabeza por el orificio hecho a cuchillo cuando la masa estaba cruda y blanca. Toda la cabeza. Como no era complicado pasé los hombros y los brazos, así me apoyaba mejor del otro lado. Luego con la ayuda de los brazos fue bastante fácil traspasar el resto del cuerpo.
De forma inexplicable la masa se había flexibilizado hasta permitirme atravesar entero de un lado a otro de la torta frita. Pero esto era lo de menos. Lo importante era lo que había del otro lado. Porque al pasar por el agujero con forma de ojal de aquella torta frita, vi cómo era la movida, saqué la foto, descubrí cuál era la verdad de la milanesa. Permanecí allí unos minutos, hasta que escuché que gritaban un gol del Ideal y volví, porque quería festejarlo con el perro Patroclo. Y él conmigo.

21/07/2007

Lisboa

Hay tres o cuatro lugares a los que uno siente que tiene que ir. Una vez en la vida al menos. Estar en Machu Picchu, por ejemplo. Atravesar un océano. Pisar África.
Lisboa está entre los que faltan. Con sus letras se forma “labios”. Lisboeta suena a poeta. Subir en el Elevador do Carmo y ver la ciudad desde ahí. Caminar recordando la película Sostiene Pereira, ver flamear la bandera rojiverde; más roji que verdi. Zambullirse en el Atlántico, pero de este lado.
Hace tiempo que la Lisboa me llama. Finalmente, le haré caso.

16/06/2007

Un secreto

Me contó un pajarito
que el hombre
es el lobo del hombre
y que será
siempre así
y que cada hombre
tiene una
pocas
o ninguna tregua
por lo tanto
tiene que sacarle
jugo a las piedras.

14/06/2007

Mahoma Pereira y los libros

Piensa Pereira que a juzgar por lo visto hace varios días no llegaba a Plaza Universitat desde la calle Tallers.
Minutos atrás caminaba por dicha arteria sus últimos metros, cuando esta se convierte en peatonal -pasando un recomendable puesto de venta de shawarmas- y le sorprendió la ausencia de la vieja librería de grandes vitrinas que siempre tenía ofertas a un par de euros.
Donde poco tiempo atrás había libros, ahora hay botas negras y ropa camuflada de distintos tonos de verde. La antigua librería fue sustituida por una tienda de vestimenta militar. Me cachis, balbuceó Pereira.
Infinidad de veces pasó delante y de vez en cuando entraba para ver esos libros viejos y baratos que nunca compraba. Tal vez imaginaba, como en otros órdenes de la vida, que aquello siempre iba a estar aguardando por él. La maldita costumbre de dejar pasar las cosas pensando que ellas esperan a uno, regresan luego o que son la montaña que viene si Mahoma Pereira no se digna ir de puro vejiga que es.
Ahora -medita Pereira-, de haber previsto lo visto, o intuido lo ocurrido, hubiera comprado algún libro. Pero ya es tarde.
Botas negras con punta metálica donde antes había libros viejos de tapa dura. Como que esa puerta no la traspaso más, se dice Pereira.

30/05/2007

Losojo

Los ojos. Los ojos. Una voz dentro de su cabeza se lo repetía sin pausa a Javier. Los ojos. Los ojos. ¡Mirala a los ojos!
Las palabras que salían de la boca de ella eran un sonido de fondo situado en un plano distante, al que no llegaba la poca comprensión que la mente de él podía tener en ese momento. Sólo escuchaba esa voz interior que pretendía frenar la mirada directa e invasora.
La observaba sin prestar atención a lo que hablaba, con toda la atención centrada en mirarla de la nariz para arriba, de la boca para arriba, del cuello para arriba, del escote para arriba. A los ojos, a los ojos. Que la mires a los ojos.
Pasó un minuto, un par de ellos, tres, una uve de minutos. Javier se lo tomaba como si estuviera jugando un serio en el que le iba la vida. A los ojos. A los ojos.
Pero como otras veces, como tantas, le falló la concentración y la mirada se vino abajo como un castillo de naipes. Igualito. Tanto esfuerzo para nada. Entonces la sospecha: ¿se habrá dado cuenta? Y la respuesta obvia: claro que se dio cuenta. Luego el derecho a duda: Tal vez no. Pero bueno, lo más probable que sí.
Paso seguido, vuelta una vez más Javier a recoger la baraja e iniciar un nuevo castillo de naipes, otro serio. La voz femenina de fondo y todas las fuerzas masculinas dedicadas en fijar la mirada en sus ojos, en su nariz, en su boca, en su cuello.

17/05/2007

Vaya gracia o Mirá como me rio

Por norma cambio de teléfono móvil cuando el que tengo se estropea. No solo no me interesa tener uno más moderno sino que lo odio. Venga otra vez aprender cómo funciona el dichoso ejemplar que tenga entre manos. Venga otra vez descubrir el camino que conduce a la agenda, los mensajes recibidos o las llamadas perdidas. El resto de las funciones las desconozco, debido a la suma de una férrea voluntad fundamentalista, un determinado perfil psicológico y cierta carencia de motricidad fina.
Así que en eso estaba hace unos días, descubriendo un nuevo móvil. Enfrentándome obligado al reto de saber para qué sirve cada tecla, dónde está cada cosa.
Una vez controlado lo básico, luego de una cruel batalla sin vencedores ni vencidos, me dispuse a encontrar la única función propiamente no telefónica que utilizo de estos aparatejos: el despertador. El puto despertador, que cada mañana me saca de ensoñaciones para recordarme que debo ir a ganarme el pan.
Pero meta buscar, rebuscar y nada. Nada por aquí, nada por allá. Primero desbloquear el teléfono, que es toda una tarea. Luego deambular entre dibujitos buscando algún reloj o similar. Además, con estas teclas modernas al centro, que se va para una cosa u otra según el punto cardinal hacia el que se le presiona.
Estaba en plena cacería dentro del teléfono móvil sin resultado positivo. Iba de aquí para allá, recorriendo un laberinto compuesto por los mensajes, los ajustes, la información de las llamadas, los juegos, los entretenimientos, los servicios del operador, la cámara de fotos -que ahí se queda- y la mar en coche. A veces me aparecía el ajuste del volumen, vaya a saber uno por qué extraña combinación de pulsaciones.
Entraba y salía de un sitio a otro sin encontrar el despertador de los cojones; el que iba a levantar cada mañana para ir a trabajar. Aplicaba la lógica, pero no lo hallaba. Hasta que comencé a acceder a los sitios donde no imaginaba encontrar lo que quería. Y en una de esas búsquedas surgió el dibujo de un relojito rojo con la palabra Despertador debajo. Vaya gracia… mirá como me río… el despertador ortiva estaba en la sección Entretenimientos.

12/05/2007

El corazón delator

Cuando me miras
cuando te acercas
estoy seguro
que el corazón me delata
y a un metro
puedes sentir mis latidos


pd: estos versos han sido rescatados del olvido luego de una larga hibernación y se desconoce si fueron inspirados por una mujer o un rottweiler.

30/04/2007

Plátano

Plata no tengo... plátano tengo.

23/04/2007

La mujer que se...

A Fulanita le gustaba el queso mucho más que a los ratones. Mucho. Se alimentaba de queso a toda hora. Para almorzar, por ejemplo, elegía un buen pedazo de gouda, gruyère o emmental que comía con tenedor y cuchillo. Para ayudar a bajarlo empujaba con un trozo de parmesano. De postre, un poco de brie o roquefort.
Por ingerir tanto queso ocurrió que un lunes no fue a trabajar. Al día siguiente tampoco. El miércoles su amiga Menganita, preocupada por la repentina desaparición, fue hasta su casa para ver si le había ocurrido algo. No la encontró. Todo era silencio, pues la mujer no estaba. La llamó a voces y la buscó por toda la vivienda, pero allí no había nadie. Luego entró al dormitorio y sobre una silla estaba doblada la ropa que presumiblemente iba a usar el primer día de la semana para ir a trabajar. Pero no había ido, como ya se sabe. Entonces la amiga se acercó a la cama, quitó la colcha y pudo ver una gran horma de queso. Era obvio: de tanto comer queso, Fulanita se había terminado convirtiendo en un queso. En un apetecible queso, podría decirse, porque contenía en su interior una mezcla de los mejores quesos que había deglutido en vida.
Desconcertada, Menganita no sabía que hacer con su amiga horma. La colocó en su mochila y se la llevó. Un buen queso tarda en echarse a perder, así que tendría tiempo suficiente para pensar lo que haría y cómo le contaría a la familia de Fulanita lo ocurrido.
Iba entonces Menganita en el autobús muy meditabunda, preocupada por la situación. Tan preocupada iba que al descender del vehículo olvidó la mochila. Cuando se percató del descuido era demasiado tarde. El bus había desaparecido de su campo visual, llevándose una mochila sin dueña y un joven que había subido donde bajó Menganita. Quiso el azar que este chico fuese a sentarse al mismo asiento, por lo cual se encontró junto a sus pies una mochila negra. Al ver que no pertenecía a nadie le interesó como suele interesar siempre un objeto ajeno en tales casos.
Como era previsible la mochila se bajó con el chico, que apenas pudo la descerró para ver qué había. Y había un queso, claro. Un gran y apetecible queso. Así que el chico se lo llevó a su casa y dispuso del alimento favorito de Jerry por un par de semanas. Comía queso por las tardes, cuando regresaba del trabajo y se sentaba en el patio a picar algo. Así que las cáscaras fueron cayendo, tarde tras tarde, en el verde natural de aquel patio. El pasto y la tierra se encargaron de irlas cubriendo, hasta que tiempo después, donde habían caído las cáscaras, creció un tulipán.

14/04/2007

Las manos en el fuego

No me quemo. Seguro que no. Como que me llamo Marcos. Que pongo las manos en el fuego y no me quemo. Ellos lo saben y también lo harían. Lo sabemos y eso está bueno. Tengo unos amigos de putísima madre, de esos que abrigan. De los posta posta. Carne y uña. Copa y vino.

16/03/2007

Pus

La inspiración es como pus, ese líquido espeso de color amarillento o verdoso, segregado por un tejido inflamado, y compuesto por suero, leucocitos, células muertas y otras sustancias, que se va juntando y se va juntando y se va juntando y se ve. Luego llega un momento en que se ve tanto que hay que expelerla, pues sino hace daño. Lo importante, en ambos casos, es que salgan,  no si consiguen aplausos o ensucian espejos.

05/03/2007

Hipotenusa hojaldrada

Fabio se acercó a la ventana de su cuarto y esperó a que no pasara nadie, entonces aprovechó y dejó caer sobre la acera una ce. Envalentonado salió de la habitación, caminó hasta el baño y sacó una ele del botiquín. Volvió a la ventana y la tiró, sin percatarse que en ese momento una vecina estaba saliendo del edificio a pasear un caniche. Al ver la ele estrellarse contra el piso las pulsaciones de Fabio aumentaron. Miró fijamente la persiana de la casa que tenía enfrente para recordar dónde tenía la ese. Cuatro o cinco segundos después giró y corrió sobre el suelo de madera hasta la cocina. Allí estaba la ese apoyada sobre el microondas. La tomó a la carrera con la mano derecha y regresó a su cuarto. Sin mirar hacia afuera la ese salió volando por los aires, girando sobre sí misma hasta abollar un coche azul que estaba del otro lado de la calle. Un señor que pasaba cerca alzó la vista buscando al culpable y vio a Fabio, agitado y sudando por sus carreras y el calor de 40 grados que soportaba la ciudad aquella tarde. Ambos hombres se miraron extrañados, pero Fabio no tenía tiempo que perder. Se dio vuelta y pensó un poco. Comenzó a caminar lento sin destino fijo. Apenas traspasó la puerta de su habitación se detuvo, sonrió y fue corriendo hacia el comedor. Llegó junto a la biblioteca y la apartó un palmo de la pared blancuzca. Se agachó y recogió tres aes que permanecían casi sin uso apoyadas cual hipotenusa hojaldrada –o trihipotenusa-. Las levantó al vuelo metiendo su mano izquierda en el agujero de las aes. Corrió hasta su cuarto, se asomó por la abertura de metro por metro y medio y miró hacia abajo. La calle estaba desierta. Tomó las tres aes con las dos manos y las sostuvo paralelas al piso. Los dedos se abrieron y dejaron que la ley de gravedad hiciera el resto. En un segundo las tres aes se hicieron añicos contra las baldosas grises de la acera. Los latidos de Fabio comenzaron a enlentecerse. Observó hacia abajo y vio los pedazos de aes por el suelo. Se restregó las manos. Luego con la derecha se secó el sudor de la frente. Misión cumplida, se dijo, alguna vez había que hacerlo.

03/03/2007

Pasó recién

El libro me tenía del todo abstraído. Ensimismado en seguir la trama que me iban marcando las letras negras, todo era distante. Del mundo exterior solo tenía un par de elementos que hacían la lectura placentera. Tirado en la reposera el sol calentaba mi pecho al aire, los brazos, las piernas. A un lado, la taza de café acompañaba por momentos las pausas entre puntos y aparte.
En eso un ruido me quitó del ensueño. Un helicóptero volando bajo se hizo sentir y atravesó el cielo despejado. Su sonido me regresó fulminante al mundo real. El rugido de las hélices me trasladó a otras tardes cortadas por el sonido de otras hélices. Alcé la vista como un reflejo y me sorprendí de no ver las olas de Rocha, unos niños jugando, unas dunas a lo lejos y un helicóptero viejo y verde que se alejaba.

25/02/2007

Otra definición para algún crucigrama

Esta es posta posta.
¿Alguien sabe como se le llama al último hijo de un matrimonio, en El Salvador y Honduras?
(Fuente consultada: diccionario de la Real Academia Española)

Tira

Es feo pisar mierda descalzo
feo es querer y que no te quieran
feo un pelotazo en los huevos
o un palazo

Feo es cagar a un amigo
que llueva el viernes de Llamadas
no tener quien te invite un vino
negar un trago

Feo ser botón y no morir en el intento
feo un soldado por vocación
un gobernante por los morlacos

Feo es ser el más feo
pero más feo todavía
más que todo junto
más que todo a la ene
es ser de la quinta columna
infiltrado hache de pé
el que manda preso
haciéndose pasar por lo que no es

Feo es ser lo que sos vos
tira
la peor alimaña.

19/02/2007

Anécdota de paqui

Unas mandarinas siempre vienen bien para llenar la panza a manera de cena liviana, por ejemplo un domingo frío volviendo a casa al caer la noche. Pero si no fuera por algunos colectivos de inmigrantes la tal cena frutal sería imposible. Pasadas las ocho o nueve todo cierra en la metrópolis catalana y quien necesita un paquete de sal, un kilo de mandarinas o la última cerveza, lo tiene muy jodido si no fuera por los asiáticos. Paquistaníes o hindúes en la mayoría de los casos, pero también algún que otro chino. Estos sólo a veces, pues lo suyo son los Todo a 100 donde hay que ir con mucha paciencia. A no ser que el hijo del chino en cuestión esté por el Todo a 100 y sepa algo de castellano o catalán, uno lo tiene bastante difícil para explicarle al oriundo de la tierra de la Gran Muralla que lo que necesita es un rallador o un marcador permanente. No cualquiera; uno permanente. ¿Con qué gesto se diferencia un marcador permanente de uno normal o de uno para pizarra blanca? Porque el idioma no sirve. Siempre la misma cara. Uno pregunta por preguntar casi; o por respeto, o por las dudas. Esteee… ralladores… para el queso. Y la cara impasible. Rallador, y el gesto inútil acompañando la palabra. ¿Layalol? Sí. Layalol. Mile, mile. Y uno va y mila, entle miles de cosas y cositas –todas baratas, justo es decirlo- uno busca el puto layalol que casi con seguridad no encontrará aunque seguro que hay, porque los chinos tienen de todo.
Pero lo dicho, que si no fuera por los paquis –genérico que denomina a todos los almaceneros de origen asiático que tienen su comercio abierto hasta la medianoche o algo menos- sería imposible conseguir queso rallado para los fideos a las diez de la noche.
Ni queso, ni pizza congelada, ni sal, ni la última lata de cerveza, ni unas dulces mandarinas. Así que de regreso a casa lo mejor es visualizar mentalmente qué paqui hay cerca y enfilar hacia ahí.
En el caso que concierne, luego de seleccionar algunas mandarinas a cero noventa y nueve el kilo, tocó esperar detrás de dos mujeres y un hombre bolivianos que estaban comprando seis cervezas de litro: siete euros con veinte.
-Es para orar- dijo el boliviano al cajero paquistaní. -Sí-, le respondió el otro. ¿Cerveza para hablar con Dios?, me interrogué mentalmente. Esa no la tenía. Pero bueno, cosas más raras se han visto y recordé que una compañera tiene asegurado al perro. Pero ellos no estaban hablando de un derivado de la cebada sino que se referían a la música que emitía un viejo pasacasete negro, de esos que para buena parte de la civilización occidental forma parte del pasado lejano.
El boliviano, según explicó, sabía del tema. Para asombro de muchos –si hubiera habido muchos porque en verdad no había nadie más- este latinoamericano diferenciaba entre música asiática para orar y la que no es para orar, porque un compañero de la obra le había enseñado. Andá llevando, chaval.
Como había confianza al entregar el cambio el comerciante le dio de menos a la mujer que le había pagado, entonces esta lo puteó –creo- en un idioma de lejana procedencia. Y después pasó a explicarse la boliviana: estaba hablando quechua, su idioma, “porque nosotros hablamos el catalán de Bolivia” y comentó un par de similitudes que a su entender demostraban inequívocamente la raíz común del quechua con la lengua catalana y la mar en coche.
Para entonces la conversación incluía seis personas de distintas nacionalidades. Toda una postal de la ciudad: una boliviana hablándole en quechua a un paquistaní que por suerte entendía el castellano bastante bien y lo parloteaba un poco.
Mientras, detrás de un servidor con la bolsa de mandarinas para la cena se pusieron un par de personas más en espera, por lo cual el dialogo se cortó rápido. El paqui dio el cambió que correspondía y les despidió –adeu-, y los tres bolivianos le respondieron. Adeu. Adeu. Adeu. No era la pronunciación del catalán de Girona, pero se entendía perfecto.

16/02/2007

Geoanagramas I (Países)

Rodarán ANDORRA.
Lo gana ANGOLA.
Tangerina ARGENTINA.
AUSTRALIA lía su rata.
Tu irás a AUSTRIA.
BÉLICE célibe.
BRASIL / silbar
Cómo liba COLOMBIA.
COREA / careo
Acuerdo ECUADOR
FRANCIA / afincar
HOLANDA la honda.
Así, linda / ISLANDIA
LETONIA no te lía.
LIBANO ni bola.
Te chisté, Lenin /LIECHTENSTEIN
Pelan NEPAL.
Mona OMÁN.
Ya agrupa PARAGUAY.
Lo ponía: POLONIA.
RUMANIA: una rima.
SAMOA asoma.
SINGAPUR sin purga.
Así mola, SOMALIA.
SUDÁN / dunas
¡Mira Neus!, SURINAME.
Go to TOGO.
Tango TONGA.
Aquí Rut: TURQUÍA
Una rica UCRANIA.
ZAIRE eriza.

04/02/2007

Radiltufina

Alf: id a Turín.
Rifan tu dial.
Linda tu rifa.
Triunfad, Alí.
Dalí triunfa.
Latid, rufián.
Ni la fruta di.
Tu raid final.
Ni turf al día.
Fía, linda Rut.
Di, falta un ir.
Di, tal finura.
La india Rut F.
India frutal.
Tú, linda, fría.
Tu flan, diría.
URL: finadita.
¡Al fin día, Tru!

03/02/2007

Definición para algún crucigrama

Te he visto hace un par de horas en Montevideo (cuatro letras).

14/01/2007

Manías

Comer hasta el último grano de arroz, quitar hasta el último grano de arena. Empezar a enjabonarse por el pie derecho, poner siempre la bolsa de basura a la derecha. Mirar un planisferio e inventar alianzas según el color con que esté pintado cada país, atendiendo a los recursos y la empatía por cada uno, mirando de reojo deseando de corazón que el paisito no esté con los gringos. Quitarse el reloj pulsera dentro de casa y más que más frente al ordenador. Hacer trampa en el solitario. Tener siempre un bolígrafo en el bolsillo del pantalón. Llevar casi siempre algo anaranjado. Cambiar cada noche la hora del despertador para que nunca coincida con la del día anterior. Pispear lo que otro está leyendo en el metro o el bus e intentar reconocer el libro sin ver el título. Adelantar la vista al final de un texto para ver cómo termina, conducta que solo puede controlar la mano derecha tapando los últimos párrafos, que son leídos a medida que esta mano lo permite. Deshacerse de cosas, para que todo quepa en una mochila rojinegra y una valija de cuero vieja. Que el bolígrafo sea pequeño. Reordenar las letras de cada palabra hasta formar una nueva. Terminar de comer un huevo frito de la única manera aceptable, con los ojos cerrados. Manías, que le dicen. Otros hacen la cama todos los días o van a comprar con una listita de productos. Manías.

06/01/2007

Paso

Página blanca
inmaculada

hoy
contigo
no me atrevo

disculpa la molestia

17/12/2006

Por si

Por si ocurre
lo que no quiero
lo menos esperado

si en una esquina
una vía
una noche

digo,
que me mueven los afectos
la familia y los amigos

que persigo
no defraudarlos

que a pesar de los errores
me guía
y me guiará siempre
el ejemplo vivo
de padres y abuelos
y punto

que pretendo ser
a vuestra semejanza

que no tengo destino

la meta
el objetivo
es caminar como ustedes.

09/12/2006

Oda a la W

Pasión del barrio
vigésima sexta letra del abecedario
de procedencia extranjera
bienvenida seas

Estás en la web y en el whisky
en los Walter y los Washington
en el water, cómo olvidarlo
así como antes estuviste
en los vatios, los vagones y el vals

sonás a b, a u, a gü

Llegamos a ti por mudanza
eran tiempos de War
Wynants no significaba nada

Welcome to the jungle
Welcome to Tijuana
Y ya lo ve y ya lo ve
acá está la doble vé

Letra bicolor
consonante rojiblanca
para el mundo
eres el símbolo del Wolframio
-los crucigramas algo enseñan-
pero en el rioba
en la flia y los amigos
sos argamasa que une
y da alegría.

08/12/2006

Archivaya

Un hombre barbudo mirando de frente con su gorro y una estrella. Una niña desnuda corriendo, llorando, gritando. Un hombre disparando a otro vendado y arrodillado. Unos soldados clavando una bandera. Un astronauta caminando. Un músico y su esposa desnudos en la cama. Una mujer rubia con su vestido levantándose por el viento. Un presidente parado frente a su casa, pistola en mano. Un río de gente en un parque. Un buitre volando sobre un niño moribundo. Otra niña, de grandes ojos verdes, con vestido rojo -negro ahora-. El hombre barbudo muerto en una escuela. Son fotos archiconocidas, vaya.

25/11/2006

Crack

Había que despejar el balón, no quedaba otra. Cuando uno adora al deporte rey, tiene puesta la samarreta de la IASA y se toma a pecho la función de último hombre de la retaguardia, no puede permitir que el puntero con camiseta millonaria se le aleje a sus espaldas.
Entonces el cuerpo en el aire va en búsqueda de la pelota que viene por elevación. El golpe certero que aleja la pecosa, la plasticidad del fútbol, los años no vienen solos, arrancandonga al hospital más cercano.
Cosas que pasan. Unas radiografías, un yeso en la mano y putear bajito hasta fin de año. 
Pero si un amigo escucha, si comprende el idioma en que hablo, ¡qué agridulce alegría habrá sentido, recordando partidos de antaño! Y tal vez a la noche, cuando el botillero le llene la copa, embriagado de orgullo le cuente: ¡el chaval la sacó del estadio!

06/11/2006

De palabras

Las palabras que tengo no sirven; son pasado, lastre. Necesito otras. No se dónde buscarlas, no se si están en algún sitio, si existen. El laberinto está ahí delante, pronto para caminarlo, pero no encuentro la entrada. ¿Serán los pies? ¿Serán las manos? ¿Será la cabeza?

23/10/2006

La Tierra plana

Llegará un tiempo en que el presente será pasado lejano y las personas de entonces nos mirarán igual que como nosotros miramos a los que nos precedieron; a inquisidores, torturadores, esclavistas, fascistas, creyentes de la tierra plana.
En esa época futura los hijos le preguntarán a sus padres por qué la gente del siglo XXI veía como normal, lógico o aceptaba, que la inmensa mayoría pasara hambre, no tuviera casa, muriera sin haber vivido dignamente. Los niños preguntarán porqué se moría gente en el mar perdiendo su vida sin poder coger un barco para el que tenían el dinero del pasaje. 
Preguntarán por qué la gente gastaba más dinero en mascotas que en gente que se estaba (está) muriendo. Por qué los festines desvergonzados, el lujo sin tapujo. Verán con frustración que cada puta mejoría tardó demasiados millones y millones de personas en suceder.
Quizás dentro de algunas décadas o siglos no haya cambiado tanto la cosa, pero los niños siempre tendrán una lógica distinta, más instintiva y humana, que les dificulta entender que la historia repite los guetos, las guerras, las hambres, los hombres, la mierda.

06/10/2006

Ara

-¿Dónde te gustaría estar ahora?
-Bañándome en el mar.
-¿En cuál?
-En uno que no conozca.

05/10/2006

Trufinomicón

Desde hace siglos se presumía la existencia de este texto, pero según los grandes estudiosos del tema, se le había perdido el rastro tres centurias atrás.
Ahora parece haber regresado, tras ser encontrado en la biblioteca perdida de un antiguo coleccionista de ejemplares incunables, que sus descendientes habían primero guardado y luego olvidado en un oscuro sótano de una hacienda de campo, donde este hombre pasó sus últimos años, solo, entre su gran tesoro de libros ahora redescubierto.
La enorme trascendencia de que entre varios ejemplares con 400 o más años de vida apareciera el nombrado Trufinomicón está marcada porque está la creencia de que quien lee y es capaz de recitarlo de memoria se vuelve loco.
Muchos entendidos creen que a pesar de la pérdida hace siglos del último ejemplar, que ahora vuelve a la luz, siempre circuló el texto en letra manuscrita. Según esta opinión hay personas que lo conocían, con lo cual se explicaría la insania de algunos orates.
Considerando que el texto pronto terminará por cobrar pública notoriedad, helo aquí, desde alguna parte de un sótano perdido hasta alguna parte del cerebro.

“Uno, dos, tres… catorce. Cua cua cuarennnnnta y cuatro, cua cua cuarennnnta y cuatro. Yi 14 36, Yí 14 36. Pi 3 14 16. Pi 3 14 16. Más cuatro me llevo dos, por si con uno no hay suficiente. Como quedarse sin agua en medio del desierto. Una piedra debajo de la lengua. Un elefante adentro de una boa. Un cangurito adentro de una canguro. Mburucuyá con queso. Durazno con atún. Vino con vermú. El tunguele tunguele coco, si esto repites te vuelves loco. Rodamón, gratacel, ta te ti, suerte para ti, tritrí, piscuís, túquitis. Prat, clot, glup, snif, gluglu, broap, eñe, brrrr, shhhhh, buuuuuuuuu. La samarreta es taronja i dont espíc mès”.

26/09/2006

Haiku dulce

Ticholo amigo:
cuando vienes de lejos
vienes con besos.

Haiku verde

Tú aceituna
divides al mundo entre
fieles y ateos.

01/09/2006

Catorce

Anoche proyectaron una película de acción estilo Hollywood en el cine del barrio. Unos cuantos trufilanderos pasaron por taquilla y se comieron el garrón. Dos horas ahí clavados, previo pago. El hombre, dice el refrán, es el único animal que tropieza catorce veces con la misma piedra.

30/08/2006

Orejeando en un truco cualquiera

Dos espacios, tres, ninguno. O sea: espada primero, basto después y oro. Malena. Podría haber sido espada, basto y espada otra vez. Y la muestra basto. Y entre los bastos, el doce. Entonces hay que ver qué basto es la muestra. Pero la carta en cuestión no es ni el cuatro, ni el cinco, ni pericoperica, y mucho menos va a ser el dos, está claro. Es el uno, lo que no está tan mal. Porque las espadas pueden ser el uno y el siete. Pero no, son el tres y el rey, que para jugar de a dos es mala cosa. Pues va a ser que no, es truco de seis. Será cuestión de ver como viene la mano, intentar robar algún punto y sumar porotos, que así es la vida.

29/08/2006

Jariola

Hubo una primera palabra, que para no dejarla pasar la escribió en un pequeño cartoncito y la metió en una bolsita de terciopelo color borra vino que hasta entonces había guardado un perfume.
Jariola, había escrito Julio. Le gustaba como sonaba y esa mezcla de impertinencia y agua fresca que sentía al pronunciarla. La escribió para no perderla.
Se puso a pensar otras palabras que quisiera conservar porque le gustaran. Las fue anotando en pequeños trozos de papel que luego colocaba en su bolsa de nuevo uso. Anotó rascacielos, que le causaba gracia cuando se la imaginaba. También colibrí, mandinga y mburucuyá porque le gustaba su sonoridad.
Con el paso de los días juntó muchas palabras. Por ejemplo una que disfrutaba usar para referirse a cosas chiquitas cuyo nombre tardaba en recordar: cusifai. Otra que aprendió una noche de luna en una playa: noctiluca. Esta era de las que más disfrutaba ver: una estrella fugaz descubierta bajo la arena mojada gracias al dedo gordo de su pie y la luz de la luna.
Anotó tantas que pronto la bolsa comenzó a quedar chica. Entonces sacó de ella todos los papelitos. Los fue leyendo y pronunciando uno a uno. Lentamente, despidiéndose. Vio su fea letra diciendo pachamama, chimichurri, laberinto, cacatúa, arrancandonga, filigrana, patitieso. Algunas ni las recordaba casi, como cicerone, vidalita o faricuac. Con cada una se detenía unos instantes pues todas le traían recuerdos concretos.
Después de leerlas hizo una pequeña montaña con su tesoro de papelitos y los mezcló con hojas secas de los plátanos de la calle. 
Se agachó, sacó de su bolsillo una caja de fósforos -cerillas, pensó- y raspó uno contra el borde rugoso. Pocos segundos después el fuego quemaba los papeles y las hojas secas, que pronto fueron una volátil mezcla de cenizas.
Julio había decidido no cargar con esas palabras, una a una, sino guardar eternamente la vibración que produce en los oídos una palabra hermosa cuando se escucha, o en los labios cuando se pronuncia, mientras se hace humo.

22/08/2006

Réquiem por el gato Charly

¿Fue bueno mientras duró, Charly? Porque eso es lo que importa.
La séptima es la vencida, dicen. ¿Cuáles habrán sido las seis anteriores? Una pelea por las azoteas del barrio. El coscorrón de alguno de los tantos niños que ayudaste a criar. Un golpe contra una silla por atravesar la casa a toda velocidad sin motivo aparente. Tal vez una noche de frío maullando a la intemperie sin que nadie abriera la puerta. Una quemadura durmiendo bajo la estufa de leña. La contusión de un higo caído en tu cabeza desde alguna de las ramas más altas de tu escalera a los techos del vecindario.
Dicen que hubo una operación y la espera de una mejoría que nunca llegó. Que casi no comías ni andabas. Dicen, y no hay desconfianza, pero sí distancia. Faltó lo que falta siempre en estos casos: una despedida, o al menos estar.
Pero igual, ambos sabemos que fue bueno mientras duró; lo demás es puro cuento. Así que adiós gato Charly, gracias y suerte en los caminos.

17/08/2006

Chin chin

¡Salud!
Que suenen los vasos
que corra el vino
murió un hijo de puta
lástima que fue
en su cama
pero algo es algo

02/08/2006

PericoPerica

Hay diferencias grandes y pequeñas, dijo uno viendo por televisión cómo explotaban misiles reales que matan personas reales. No es lo mismo tirar una bomba que tener que esquivarla. Tampoco se compara ser el heladero que camina la playa al sol con el que compra un helado tirado bajo una sombrilla. No es lo mismo blanco que negro ni rojo que azul. Pero entre grises, si es que lo son… ¿vale la pena buscar matices?
Hay diferencias grandes y pequeñas. Tener el dos de la muestra en el truco es una cosa y tener un seis cagado es otra. Tener el perico y la perica son casi lo mismo pero llegado el caso no es lo mismo. Incluso si hay dos cuatros recontra pedorros no es lo mismo; ahí importa saber quién es mano.
Hay diferencias grandes y pequeñas. No es lo mismo tirar una bomba que recibirla. Tampoco es lo mismo protestar a no hacerlo, alzar la voz entre muchos a no decir nada más allá de las paredes de casa.
Yendo al caso del truco, es mejor perico que perica, aunque no siempre sea tan útil como uno quisiera. Como dijo el cantor “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. Yendo al caso de las bombas, una cosa es salir a decir basta y otra cosa es mirar la tele.
¿O es que las explosiones tienen que ser más cerca? ¿O es que hay que sentir el olor de la carne quemada? ¿Tocar la sangre? ¿Qué sea propia?

05/07/2006

Dedos son dedos

Ocurrió de madrugada. Lucas bajó del bus a varias cuadras de su casa. Bajó del bus y bailó un poco. Estaba solo, regresando al home sweet home una vez más. Eran como las cuatro de la mañana. Caminó unas cuadras y el cuerpo pedía cambios. Se detuvo frente a un árbol y meó como se debe mear: feliz de la vida. Recorrió un par de cuadras más y el cuerpo le volvió a pedir cambios. Otro árbol le hizo compañía. Apoyado en el tronco llevó los dedos índice y mayor de su mano izquierda hasta la boca. Bien adentro, allá por la campanilla, ambos fingers hicieron fuerza en la garganta. Pulsaron. Fueron la señal de largada. La posición de Lucas era una ele invertida. Detrás de la señal llegó el vómito, mezcla de vino y carne, bien rojo, color tinto. Repitió la acción un par de veces para largar todo. Entonces se sintió bien. Miró su mano izquierda y estaba empapada de vómito. La piel de la extremidad utilizada estaba roja y rugosa, sucia. Como no tenía ningún papel, carecía de implementos para limpiarse. Pensó unos segundos y reinició su andar. Con la lengua iba limpiándose la mano y escupiendo lo que juntaba en la boca. Tres veces, cuatro veces, cinco veces y la mano quedó como nueva, pronta para entrar en acción si su propietario la volvía a necesitar. Lucas escupió por última vez y continuó el camino a casa. Era otra calurosa noche de verano y por ahí andaba el tal Lucas, de bermudas.

29/06/2006

El mundo será de los pelados

Dicen los que saben, que el que dijo esto no sabe nada. Pero circula la versión desde que una extraña botella se posó sobre la arenosa superficie de una playa desierta, y que luego fue encontrada por un joven e ignoto periodista; con afán de protagonismo y algún golpe en la cabeza cuando niño, dicen sus detractores.
Pero Internet mediante, la profecía está ahora en boca de muchos. Y en sus cabezas, porque cada día se ven más calvos y calvas por las calles de las grandes ciudades.
La botella verde de cerveza holandesa Grolsch apareció muy bien lacrada. Las fotos tomadas permiten aventurar –casi asegurar- que muchos años debe haber estado flotando este vidrio con papel enclaustrado sobre la superficie salada del océano.
El texto es claro: “Hojilla con la fruta que les traigo. ¡Que el mundo será de los pelados, carajo! No se rían, bó. Miren a Gandhi, a Michael Jordan, al Negro Olmedo. Por no sumar a Luca Prodan, la Sinead O’Connor y a Paolo Montero en sus mejores partidos. Se los imaginan gobernando todos juntos, tipo nosecuantovirato. Tal vez cuando lean esto alguno de los que nombro ya sea fiambre, pero lo reharán con algo que cuando escribo esto no existe pero ustedes conocerán con el nombre de clonación. En fin. Ustedes hagan lo que quieran, yo me pelo”, termina diciendo este enigmático mensaje arrojado a un futuro ahora hecho presente, creencia de muchos.

13/06/2006

Desnudos de Renoir


La lucha fue despareja. Desde el primer momento la iniciativa correspondió al crucigrama, quien se divertía poniendo definiciones como “cinco de California” (Nets), “PC de Cupertino” (mac) y “punto en la carta” (isla).
El hombre comenzó como siempre, saltando entre definiciones e intentando colocar palabras que fueran allanando el camino. Iba de horizontales a verticales sin mayores resultados. Apenas lograba hilar tres o cuatro vocablos correctos y se topaba con “familiar de Akela” (lobo) o “popular ISP” (AOL).
Sintiéndose recibidor de golpes bajos, aparecieron entonces las malas artes del hombre; entiéndase por esto el acto de girar la página del periódico 180 grados y hurtar alguna respuesta leída de soslayo, mezcla de venganza y vergüenza.
Molesto el crucigrama ante la conducta de su rival, optó por lanzar artillería pesada, como ser “desnudos de Renoir” (nus) y “masaje oriental” (shiatsu). Aún hubo tiempo para mojadas de oreja del estilo “A4 o A5” (tamaño).
El hombre entonces dejó de avanzar. Releía las definiciones. Repasaba las opciones posibles. Ya no escribía.
Transcurrida una hora larga de combate, la mano izquierda estaba sudorosa y una tercera parte de los casilleros permanecían vacíos. Aturdido y cabizbajo el hombre en cuestión cliqueó el bolígrafo retráctil y se dio por vencido.

02/06/2006

Lógica imperialista

Yo puedo tener bombas, vos no.

Lógica infantil

Con seis años y muchos rulos, luego de ver las noticias internacionales en televisión, cierto día Felipe tuvo una idea muy simple: "-¿y por qué no inventan bombas que en vez de destruir, construyan?".

03/05/2006

Chaucito

Fin de estación en tierras trufilanderas. Luego de tanto y tanto, la nave zarpa otra vez. Gracias totales. Se acabó lo que se daba. Ahora yugo y playa, distancia y cercanía. Y más Trufilandia.

24/03/2006

Caída libre

Matías soñó que caía como quería.
Empezó cayendo de la cama al piso, extrañándose de lo lejos que estaba lo uno de lo otro. Tras diez o quince segundos de incertidumbre decidió entretenerse haciendo algunas de las piruetas que varias veces había visto por televisión realizar a paracaidistas acróbatas.
Como el piso no llegaba se le ocurrió imitar las estatuas humanas que recordaba haber observado en calles céntricas de la ciudad. Entonces se paró como el Ché Guevara, posó como escultura helena, de arlequín y de cowboy. Incluso sin ser estatua dominó el balón igual que Maradona en sú época del Nápoles.
Cuando no le vino a la mente ninguna otra estatua se puso a hacer con sus manos sombras de animales en la pared. Un conejo, un perro, un burro. Hasta un hombre con sombrero representó.
El suelo de la habitación aún no se veía, pero Matías intuyó que mucho no podía faltar. Eligió continuar cayendo como si se lanzara desde trampolines escalonados.
Primero saltó al aire haciendo el típico soldadito. Luego se acurrucó formándo la tradicional y salpicadora bomba. De seguido un planchazo; total, el agua no dolía en el pecho.
Antes de volver a zambullirse divisó el piso de baldosas y decidió saltar por última vez. Un clavado perfecto, diez puntos. Como un chino delgado y experto medalla de oro en saltos ornamentales. Primero los brazos extendidos en punta, la cabeza derecha, los hombros arqueados, el tronco bien recto, las piernas juntas, los pies estirados. Entró todo Matías al piso y unas gotas de baldosa se elevaron para coronar la caída.

Historia con final abierto

Había una vez
un libro
al que le faltaba la última página.

16/03/2006

Nada más

ventana
lluvia
higuera
libro
cama
nada más

07/03/2006

Acorte su brazo usted mismo

Hay ocasiones en que un brazo queda largo. Por ejemplo cuando al rascarse la nuca uno lleva vehemente hacia atrás el brazo referido; se pasa. O cuando el bolsillo del pantalón es pequeño; ahí también sobra brazo.
Para este tipo de ocasiones, he aquí un sencillo método para reducir la extensión del miembro en cuestión. Método fácil, gratuito y que puede hacerlo uno mismo.
El interesado debe pararse de frente a una pared, con los pies juntos. Lo siguiente es extender el brazo que se quiera acortar hasta tocar la pared apenas con la punta del dedo mayor.
Si hay que retroceder o acercarse no importa, lo fundamental es posicionarse de frente a una pared, apenas tocándola con los dedos del brazo elegido y –muy importante- que los hombros y el pecho permanezcan siempre paralelos al plano vertical optado.
Una vez lograda tal posición hay que doblar sobre su propio hombro el brazo a reducir. Con la otra mano debe rascar durante unos 20 segundos el codo del miembro doblado.
Si todo fue realizado de manera correcta, la persona habrá logrado acortar su brazo. Para comprobarlo extiéndalo e intente tocar la pared que tiene delante. Importante: nada de trampas estilo cuando uno juega al mikado y el otro no está mirando. Si se respeta la posición paralela de los hombros frente a la pared, el ejercicio es infalible. Ya tiene un brazo más corto para rascarse la nuca.

28/02/2006

Ciclo vital

El hombre nace
crece
consume
se reproduce
contamina
abandona sueños
mata
muere

y todo así
hombre tras hombre
pese a las excepciones
que no logran
torcer el rumbo

20/02/2006

Tinta afuera

Los domingos por la tarde la soledad duele en el cuerpo. Toma primero el estómago, después la columna, todo el tronco. Sube hasta los hombros y comienza a bajar por los brazos.
Puede hacer frío o calor, lo mismo da. La soledad quema el estómago, duerme los brazos. Desciende en forma de picazón hasta los dedos, alcanza las manos. Por último una de ellas, la izquierda, agarra un bolígrafo y comienza a escribir, para que la soledad salga por la tinta azul.

16/02/2006

Cambio de estación

Cansados de tanto frío, los trufilanderos decretaron el fin del invierno. No más ropa abrigada y molesta. No más guantes ni gorros de lana.
Confiados en la creencia de que el frío puede ser controlado desde la cabeza, los pobladores de Trufilandia decidieron dar una vuelta de tuerca más a tal concepto y le dieron por culo a la estación de las medias gruesas; por lo cual en su tierra hay verano. El sol se pone más tarde, la madrugada está templada, las calles son verdes, la playa invita.
Ahora, en sus noches de tablado en el cielo se aprecia una alegre pata de ñandú.