17/11/2009
Elecciones
¿Lo mando a la mierda o me aguanto en el molde? ¿Le digo que soy puto o que no la toco ni con un palo? ¿Se la pego a la altura del tobillo o en el medio de la canilla? ¿Elijo científico o humanístico?
¿Le aviso que me cobró de menos o me hago el gil? ¿Atiendo el teléfono o después le explico que no lo escuché? ¿Me hago el dormido o le doy el asiento a la octogenaria enclenque? ¿Pago el agua o la luz? ¿La tiro a colocar o lo chumbeo? ¿Prendo la radio o la tele? ¿Pido nacional o importado? ¿Simple o doble? ¿Con o sin hielo? ¿Le confieso que escribe horrible o me mando una respuesta esquiva? ¿Me rifo la revolución francesa o la industrial? ¿Baño polaco o sólo me mojo el pelo? ¿La llamo o no la llamo? ¿Pedimos la cuenta o tomamos una más? ¿Le sugiero que baje ahora o dentro de un rato? ¿Me afano la mostaza o se las dejo? ¿Voto al menos malo o me quedo en casa? ¿Mando este texto de morondanga o le doy delete?
24/09/2009
Receta casera
19/09/2009
La odio
verbo feo si los hay
Odiar
cosa grosa
Pero en ocasiones
muy de vez en cuando
es una realidad
y no hay que negarla
Si la odio
que se entere
aunque ella lo perciba
aunque intente ignorarla
aunque la aborrezca
con todas mis fuerzas
Que el mundo lo sepa
que ella se entere
la odio
Es una cuestión de piel
quisiera verla desaparecer
como a tanto hijo de puta
que anda en la vuelta
Que el mundo lo sepa
que ella se entere
Odio
la pe de mierda
que le ponen a setiembre
11/09/2009
21/07/2009
Deportivo rojo
hace algunos meses
y ahora
es un hecho
culo veo
culo quiero
que en esta Montevideo
almanaque 2009
todos tenemos
un pantalón deportivo rojo
liso
sin ninguna rayita
ni nada extraño
siempre
el mismo tono
no sea cosa de desentonar
y que te miren raro
por vestir un rojo distinto
Pero pobre
del que osara usar
algo parecido
años atrás
y pobre también
el que lo use
culo veo
culo quiero
de aquí a un lustro
cuando todo sea
estampado de animales marinos
nada de anfibios
ni extravagancias por el estilo.
29/06/2009
Viajante que pregunta
Todas las mañanas se levantaba y revisaba las visitas pactadas, a las que siempre se sumaban otras imprevistas. Era como el doctor del pueblo. Cada vez que iba a alguna casa lo agasajaban con una torta o le regalaban una gallina. O unos chorizos caseros, que le gustaban mucho. En los comercios también recibía alguna atención.
Para un no lugareño era raro ver aquel liliputiense de pecho henchido recorrer constantemente las calles del pueblo, haciendo visitas a diestra y siniestra. Siempre vestido de punta en blanco. Siempre obsequiado y agradecido.
Cierta tarde un viajante que de tanto en tanto recalaba en el bar ubicado en una de las esquinas de la plaza, extrañado de ver en reiteradas ocasiones a aquel enano ir y venir alegremente de un sitio a otro, le preguntó al cantinero por el motivo de aquella rutina:
-¿Quién es ese señor?
-Ramón.
-¿Y a qué se dedica?
-El hombre -respondió el cantinero- es la medida de todas las cosas.
-¿Cómo? -exclamó el viajante.
-Sí. Mide un metro exacto.
30/05/2009
El coleccionista
Un cuarto de hora después el automóvil frenó y pudo sentir que los secuestradores además de grandes y fuertes sabían hacer llaves dolorosas para impedir cualquier movimiento imprevisto. Sus interrogantes eran ignoradas olímpicamente. Solo presión física y silencio de parte de ellos. Él sentía terror. A pesar de ello había podido hacer alguna cuenta mentalmente. Encima llevaba poco dinero, unos 200 dólares, pero estaban a disposición de los secuestradores si los pedían. También la cuenta bancaria con algo más de 8.000. Eran los ahorros para un terreno en la playa, pero ahora eso no importaba. Sin embargo los dos hombres no respondían nada a sus ofrecimientos. No parecía ser un tema de billetes, al menos por ahora. Entonces qué, pensaba, si una vida tranquila, si un trabajo normal, si una familia tipo, si ninguna militancia sindical o política, ni episodios de corrupción, ni enemigos personales, ni nada que justifique un secuestro que no sea por el dinero que no querían aceptar. Una vida de morondanga nada envidiable. La única variante a una pasmosa rutina era su extravagante hobbie de coleccionar máquinas de escribir.
Cuando lo sacaron del vehículo y lo pusieron a caminar sintió bajo sus zapatos el ruido del pedregrullo y le llegó una brisa que no era de ciudad. Sin duda estaba en algún sitio de las afueras. Solo era consciente de seis pies andando sobre pedregullo de granito rosado. Y silencio. Y miedo. Y sudor.
De pronto cuatro o cinco escalones. Un lugar cerrado que daba la sensación de ser amplio. Piso de cemento. Unos 50 pasos. Siete u ocho escalones hacia arriba. Un ambiente calefaccionado. Sintió que lo metían en algún lado, a prepo, pero como dando por terminada la tarea.
Lo dejaron caer sobre un colchón; una cama tal vez. Era el primer instante que no lo estaban sujetando. Como pudo se sentó y se percató que tenía las manos libres. Detrás suyo la puerta se cerró con violencia y con violencia sintió que la trancaban con pasador y candado.
Elevó sus manos y tocó la capucha. Temeroso comenzó a quitársela lentamente. Y lentamente fue recuperando la visión. Pudo ver que estaba solo. En una habitación vidriada; una especie de pecera del tamaño de un dormitorio grande. Se observó sentado en cama metálica, rodeado de decenas de máquinas de escribir amontonadas junto a las paredes de la habitación pecera.
Aturdido por lo que le estaba ocurriendo se paró y caminó un par de metros hacia adelante. Entonces pudo ver frente suyo un habitáculo similar al que lo tenía cautivo, con una mujer que dormía sobre una cama, rodeada de pequeños jabones. Era uno de varios, que sumados se asemejaban a un enorme reptilario. Afinó la vista y pudo leer un cartel que estaba en la base del receptáculo donde descansaba la mujer: “Victoria Montero. Coleccionista de Jabones de Hotel”.
21/05/2009
Danger
con estos versos
no sea cosa
que después
necesite cremita
Ojo que queman
a veces pasa
con algunos
que uno los toma
así nomás
desprevenido
regalado
sin la protección necesaria
Cuidado con estos versos
ardientes
calientes
humeantes
que a pesar de estar sosos
desabridos
crudos
insulsos
especialmente feos
tienen
su temperatura respetable
porque están
recién
recién
salidos del horno.
13/05/2009
Capacidades
para vender algo barato
luces de colores
globos
bengalas
envoltorios
para vender engaños
en tanto
a medida que aprendemos
aumentan
las luces de colores
los globos
las bengalas
los envoltorios
los precios
para confundirnos
entreverarnos
cegarnos
captarnos
tenernos
y es una lucha
un aprendizaje continuo
ante tanta pirotecnia
tanta lucecita
tanta bengala
tanto ruido
que no escuchan
que se metan
sus abalorios
donde les quepan.
Formas
y sabés bien que voy a caer
en un sitio o en otro
pero no lo dudás
puedo caer cerca tuyo
o muy lejos
caer donde están todos
o donde no hay nadie
caer con las manos
o abrirme la cabeza
Me pueden atajar
tal vez
pero sabés que voy a caer
y que mentiría
si digo que me puedo mantener
Voy a caer
lo sabemos
la intriga
es el cómo
y el cuándo.
05/05/2009
Promesa
-Ya verás que sí te puedo hackear- prometió el derrotado.
15/04/2009
22/03/2009
El refugio
-Tenemos comida para cinco o seis años. Agua potable. Cuarenta y siete metros cuadrados donde cada uno dispone de su pequeño espacio privado. Una sala común. Baño. Una biblioteca muy completa. Música. Mucha música. Cine. Varios mazos de cartas. Unos aparatos de gimnasia para mantener medianamente la figura esbelta que nos caracteriza. Botellas de vino para brindar por estar vivos, whisky para los cumpleaños y cerveza para poder erutar bien.
Apenas terminó de enumerar, sin levantarse de la alfombra donde estaba sentado, Joaquín estiró el brazo, abrió la heladera y sacó las tres latas de cerveza que tenía más cerca.
Se quedó con una y le lanzó otra a cada uno de sus amigos. Pedro la atajó con la mano izquierda. Felipe con la derecha. Con diferencia de décimas de segundo las tres latas sonaron al ser abiertas. Csshhhhhhh. Cshhh. Cshhhhhh. La de Felipe comenzó a largar espuma por lo cuál éste debió apurar el trago sin lograr evitar que la alfombra se mojara.
-Primera mancha -hizo notar Pedro-.
-No va a ser la última ni mucho menos, así que no pasa nada -agregó Joaquín-. Además nadie va a venir a visitarnos.
-Eso es un problema. Por ejemplo ahora los tres estamos bien vestidos. Somos tipos educados: primaria, secundaria y dos de tres universidad completa. Pero con el tiempo vamos a ir perdiendo la vergüenza que aún nos tenemos como amigos. Primero abandonaremos los zapatos y empezaremos a andar descalzos. Cosa bastante lógica por cierto. Piso de parquet. Todo el día de medias. Después nos quitaremos el buzo de vez en cuando. Días, semanas o meses más tarde, cada uno a su tiempo, abandonaremos el pantalón y quedaremos en calzoncillos. Es más fácil. Más cómodo. Hay que lavar menos ropa. Luego llegará un tiempo en que los tres estaremos de calzoncillo y nada más. Apuesto. ¿Y después?
-Después Pedrito, tendrás que empezar a cuidarte y dormir boca arriba -respondió Felipe-.
-Yo creo que abandonaremos antes el pantalón que el buzo.
Ahora el que hablaba era Joaquín, que a la vez que pronunciaba esto se quitaba los championes de lona y los dejaba a un costado.
-Pero piensen –continuó diciendo Pedro-. Esto sin duda nos va a cambiar. Estar encerrados en este búnker durante años esperando que algún día el medidor de radiación exterior nos indique que podemos salir fuera y mirar después de años a más de diez metros de distancia. Ver cómo quedó todo. Si es que podemos salir. Si no estamos rodeados de piedra o de agua.
-O de nieve. O de lava venida vaya a saberse de dónde –aportó Joaquín poco antes de que su amigo continuara hablando-.
-Poder caminar. Ojalá que se pueda. Ver cómo quedó la ciudad. Estirar las piernas. Dirigirse hasta el río para ver si sigue ahí. Si hay peces. Si la arena sigue siendo como la recordamos. ¿Se imaginan que el medidor de radiación exterior funcione mal y cuando salgamos ya esté todo el mundo fuera hace muchos años? La gente en la playa comentando el partido del domingo o el asesinato de la jornada. Y nosotros tres muertos en vida apareciendo como los del accidente de los Andes, o como los japoneses que se quedaban perdidos en una isla del Pacífico pensando que la guerra seguía y que los turistas en yate eran yanquis invasores.
-Es mejor eso a que funcione mal para el otro lado y nos avise que podemos salir antes de hora. Por las dudas canto último. –se apuró a decir Felipe-.
-Yo segundo –apuntó Joaquín mientras se colocaba su lata de cerveza como si fuera un telescopio, para confirmar con su ojo derecho que efectivamente la lata estaba vacía, más que por lo poco y nada que veía hacia adentro, por el hecho de que ninguna gota le había caído sobre el cristal de sus lentes-.
-Ahí están los cagones. Siempre al final de la fila. Ustedes no se preocupen. Voy adelante. Eso sí. La primera mina que veamos es para mí, nada de querer ganármela.
-Eso se está por ver –desafió amigablemente Felipe-. A ley de juego todo dicho.
Joaquín se estiró sobre la alfombra y se puso a hacer lagartijas. La última fue casi una proeza.
-Doce -le contó Pedro-.
-No creas que no puedo hacer más, pero soy demasiado supersticioso. Prefiero evitar la yeta. Lo importante es que quemé las calorías de la lata anterior, así que puede salir una más.
-¿Con 12 lagartijas tenés derecho a otra consumisión? –interrogó Felipe-.
-Con cuatro. Lo que pasa es que me mandé el gesto y les invito la vuelta. La próxima corre por tu cuenta.
-Acepto.
Joaquín se paró y volvió a abrir la heladera para sacar tres latas de cerveza. Esta vez las entregó en mano para evitar una posible mancha.
Cshhhhhhhhhh. Cssshhhhhh.
-A mí todavía me queda, pero dejámela igual. Es cuestión de minutos. Ya saben que Felipe bebe más lento pero no los abandona, ni en caso de explosión nuclear.
-Suerte que ninguno fuma. Eso habría sido un problema –sostuvo Pedro mientras llevaba la lata a su boca-.
Mientras tanto Joaquín volvía a acomodarse sobre la alfombra, a la vez que le respondía.
-Está en el reglamento. Cero pucho. Un fumador no tiene cabida acá. Para eso podrías haberte apuntado al refugio de José, que son todos fumadores. ¡Eso ya debe apestar que es un asco! Supongo que con el tiempo se acostumbrarán, pero tiene que ser horrible.
Pedro se levantó del sillón, cansado de estar sentado ahí desde hacía más de una hora. Caminó hasta la pared midiendo los pasos. Fueron siete. Se giró e hizo lo mismo hacia la pared opuesta. Once. Los siete que había andado antes y cuatro más. Miró la sala. Las cuatro paredes estaban pintadas de diferentes colores para que pareciera más amplio, según Felipe. Para que fuera más alegre, según Joaquín. Porque era lo más barato, según Pedro.
En la pared amarilla colgaba una gran pantalla plana que les ayudaría a pasar el tiempo y cultivar su gusto por el cine. Más de 2.000 películas. Había para todos los gustos. Entre ellas casi un centenar de italianas sin doblaje al español. Con suficiente tiempo a disposición, Pedro planeaba aprender el idioma de sus tatarabuelos.
En las otras paredes –la celeste, la verde y la blanca- la decoración era la mínima imprescindible. Por asamblea y voto unánime habían decidido que nada de fotos familiares ni almanaques. El que quisiera algo de eso lo ponía en su habitación, donde disponía de cuatro paredes para él solo. La sala común no estaba para recordar ni entristecerse. Era el espacio común de encuentro y celebración de estar con vida. El espacio que muchos, que la gran mayoría, no se había podido costear. Ellos por suerte tenían sus ahorros. Ellos tenían su refugio. Estaban dentro. Afuera es sinónimo de muerte; adentro es vida. A llorar al cuartito.
Csssshhhhhhhh. Rezagado, Felipe abrió su segunda lata de cerveza.
-Lo que no entiendo –dijo mientras bebía el primer sorbo- es para qué le pusimos nombre como si fuera una casa de veraneo en la costa, si nadie va a poder leerlo. Nadie puede salir de un refugio cuando afuera hay una radiación atómica. Es más. Vaya a saberse si la pintura sobrevive las insospechadas inclemencias del tiempo o las altas temperaturas.
La reunión había sido un año atrás, cuando los tres amigos decidieron comprar un refugio antiatómico. No fueron los únicos. Por entonces el negocio estaba floreciente. Varios miles de búnkers fueron instalados discretamente en la ciudad en previsión de la inminente guerra mundial. Era cuestión de tiempo. Siempre la siguiente guerra es cuestión de tiempo. Aunque después de ésta tal vez las cosas cambiaran. Era una de las hipótesis. La más optimista. Que esta guerra fuera distinta. Que después de esto la humanidad aprendiese de los errores del pasado y tomara un camino diferente al recorrido hasta entonces. Que a la conflagración mundial con armas nucleares le seguiría una paz nacida del convencimiento de todos los seres humanos de que antes habían errado el rumbo. El sueño de la unión de los hombres, bla, bla, bla, bla.
-La idea es que en algún momento se va a poder salir. O al menos yo pienso salir si veo que me voy a morir acá adentro de viejo –explicó Joaquín-. De la misma forma pensarán muchos. Así que en una de esas, alguno a punto de pelarse, a pesar de la radiación, del resplandor que haya afuera, de la nube de polvo tóxico, a pesar de eso, alguien, cuando sepa que le queda poco tiempo de vida, se dispondrá a dar su último paseo, y cuando se pare frente a nuestro costoso refugio y lea, tal vez se le despierte una sonrisa, y con suerte, con la poca suerte que pueda desear entonces, ojalá, en un ataque de risa, mientras le revientan los pulmones o se le derriten los pies, se muera de risa literalmente y no demente en una litera.
-Vuelvo en diez minutos. ¿A quién se le ocurre bautizar un búnker “Vuelvo en diez minutos”? Solo yo les acepté la idea.
-Felipe: quedaste en minoría y asumiendo la derrota cambiaste tu voto porque la resolución tenía que ser por consenso. Todo a cambio de otra jarra de vino de la casa mientras discutíamos el asunto en un bar. Si sos corrupto es tu problema –le recordó Joaquín-.
-De carne somos.
-¿Cuánto tiempo llevamos acá adentro? –consultó Pedro mientras con una mano sacudía la lata para estimar cuánta cerveza le quedaba-.
-¿Para qué querés saberlo? No te va a hacer bien –contestó Felipe-.
-¿No íbamos a poner un reloj al menos para saber qué hora del día era?
-Estás adentro de un búnker luego de la tercera guerra mundial –explicó Felipe-. Solo existe el adentro, al menos mientras eso nos indique el medidor de radiación exterior. Afuera es un sueño. Un deseo. Un proyecto en el mejor de los casos. Aprender italiano con las películas. Salir hechos unos especialistas en cine europeo. Haber leído el Quijote de una buena vez. Saber orientarse mirando los líquenes de los árboles; en teoría claro. Memorizar todas las capitales del mundo. Conocer al dedillo la obra completa de Marx. Entender el arte moderno. Escribir tus memorias por si no contamos el cuento. Pero afuera es nada. Desde adentro afuera no es nada. No hay días ni noches. No hay estaciones. No hay veranito en la playa. No hay lluvia. No hay sol. No hay me quedo porque está feo. No hay voy a aprovechar que paró un poco. Es solo adentro y nosotros tres. Mientras tanto: solo eso. Y mientras tanto puede ser años. Por no empezar a sacar bien las cuentas de cuándo tendremos que empezar a racionar la comida, apostar por ver a quién le toca comer ese día, ir a escondidas a robar de la cocina el alimento que escasea, dormir con un palo en la mano para defenderse del otro que viene a asesinar para tener algo más de comida. ¡Pensar que todavía somos amigos!
Joaquín se acostó de cara contra el piso, puso los brazos en posición y comenzó a hacer lagartijas.
-Doce -le contó Pedro-.
-Les invito otra vuelta, pero apúntenla.
-De acuerdo -aceptó Felipe-.
Cssssshhhhhhh. Cssshhhhh. Csssshhhhh. La alfombra recibió la segunda mancha. Los tres amigos rotaron de ubicación. Joaquín se recostó en el sofá de dos plazas, el sitio más cómo de toda la sala. Pedro se pasó a la alfombra y se puso a leer una revista. Felipe fue hasta el equipo de música y puso algo cantado en inglés. Blues tal vez. Luego se sentó en una de las cuatro sillas de madera que rodeaban la mesa de la sala y comenzó a barajar un mazo de cartas. Cuando se cansó se puso a jugar al solitario. No le salía. Bebió un buche de cerveza.
Joaquín miraba la pared tirado en el sofá. Pedro leía sobre la alfombra. Felipe se puso a entreverar las cartas una vez más, procurando acomodarlas de la manera precisa para que de una vez por todas le saliera bien ese solitario maldito. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos tres, sota, caballo… Caballo. Vuelta a empezar. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos… Dos. Vuelta a empezar. Un, dos, tres, sota… Sota. Vuelta a empezar. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres… Tres. Vuelta a empezar. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un, dos, tres, sota, caballo, rey. Un… Uno.
-Para mí tenemos que discutirlo de nuevo -exclamó Felipe mientras abandonaba los naipes-, pero estaría bien que invitáramos a uno más. Martín por ejemplo. Al menos podríamos hacer un truco de cuatro.
-¿Cuánto tiempo va? –preguntó Pedro-.
-Siete horas y media. Un viaje en ómnibus a Porto Alegre dura más –contestó Felipe desde la mesa-.
-Mierda –maldijo Pedro-. Me voy. La semana que viene probamos de nuevo, a ver si aguantamos un poco más.
-Hay que reponer cerveza. Yo me encargo -anunció Joaquín mientras agarraba el paraguas todavía húmedo-.
20/03/2009
Aviso clasificado
Vendo por viaje. Familia completa. Fútbol con amigos. Pasión carnavalera. Ronda de mate. Truco de seis. Nostalgia a estrenar. Extrañitis aguda. Recuerdos varios. Precio a conversar. Facilidades.
18/03/2009
El mapa de la ecuación
Durante varios años Valle dell’Angelo fue un circulito negro en una fotocopia. Un circulito negro en una hoja oficio, que tenía en la parte superior un mapa de la campaña italiana y debajo una frase manuscrita: “A ver si podés con esta ecuación que a mi no me da”. Era un mensaje entre entendidos de las matemáticas.
Un día el mapa fotocopiado cruzó el Atlántico. Un papel entre tantos otros. Un destino soñado, porque tal vez, porque nunca se sabe. Si la tinta se fuese borrando por el solo hecho de mirarla, aquella hoja debería estar en blanco. Fotocopia abierta, observada y vuelta a doblar decenas de veces. Mapa a pequeña escala donde aparecía el pueblito, porque en uno que mostrara una zona más amplia era imposible un detalle tan mínimo.
Una tarde calurosa de verano al circulito negro de la fotocopia lo alcanzó un trazo negro de lapicera. Fue el recorrido que hizo el ómnibus. Valle dell’Angelo dejó de ser un punto en un mapa fotocopiado y se convirtió en una plaza desierta, unos viejos viniendo a interrogar con curiosidad a tres visitantes interesados en un pueblo alejado y despoblado en el que nunca pasa nada. Si hasta el hombre que había vendido el boleto en la ciudad más próxima negó que hubiera en el trayecto del autobús un sitio llamado así. Pero lo había. Miró bien y había.
Después de hacer
La ecuación sigue ahí, irresuelta, esperando alguien que sepa algo de matemáticas.
03/02/2009
Cuzquito
No era gran danés, dogo argentino, pastor alemán ni setter irlandés. Era un pequeño cuzquito, pero era perro. Animal mamífero doméstico de cuatro patas, buen hocico y que se lleva mucho mejor con los hombres que con los gatos.
El joven no tenía idea que aquel perro entendía tan bien el castellano. Tal vez ni se dio cuenta que entendía ese idioma y concluyó que simplemente se le cruzaron los cables, aunque el pequeño can no tuviera ningún cable en su cuerpo de ocho kilos. Es el problema de usar frases hechas. Cables cruzados. No hay dos sin tres. La tercera es la vencida. Al que madruga alguien lo ayuda.
Apenas ingresó al jardín de la casa de su vecino, el muchacho se vio sorprendido por los ladridos de un pequeño perro que se le acercó intimidante. No era un perro, era un perrito de morondanga, pensó. Chiquito, del tamaño de una mortadela entera, con patitas a medida y ladrido agudo y molesto. El bípedo le chistó y siguió avanzando sobre el pasto. El cuadrúpedo se aproximó aumentando cantidad y volumen de sus ladridos. El bípedo miró a su amigo que estaba esperando en la vereda y le grito muy canchero –¡perro que ladra no muerde!-.
Ahora el joven tiene una media menos y una mordida más. Es el problema de usas frases hechas.
29/01/2009
Chaplán
Brazos extendidos. Mover un poquito las piernas. Placer. Disfrute. Tranquilidad. El pecho se llena de aire. Lejos el mundo. Abajo el fondo. Tararear una canción y sentirla en el agua. Lindo. Es lindo hacer la plancha.
23/01/2009
Macanas de la vida
Entrevista real a un niño de diez años de cuarto año de una escuela pública de Pocitos -barrio clase media alta-, donde se da cuenta del uso de dinero entre los alumnos.
Sí. Por ejemplo, si una persona le pide un peso a otra, el otro después le dice: “pero mañana me traes dos”. Eso es como un recargo que se hace.
Ojo. Pero hay rebajas. Si vos le prestás cuatro pesos le decís que te pague cinco y no ocho. Igual está mal.
Semi todos. Algunos.
Ahh… figuritas es un tema muy complicado. Hay veces que ha pasado… a mí me pasó con mi primo, una vivencia, que él me pidió que le comprara figuritas a un niño que las vende a cuatro pesos cada una, que para mí es un robo.
Diez pesos y te trae cinco. Saldrían dos pesos cada una. Hay un lugar, acá en el kiosco, que las podés elegir vos y te salen diez pesos cinco figuritas elegidas por vos. Lo mismo que un sobre. Y a él, le comprás dos figuritas por ocho pesos. Es un robo. Encima si la querés reservar, por si la querés tener y es una figurita muy difícil de conseguir, que sabés que alguien se la va a llevar enseguida, podés pagarle un peso por reservarla y ya es como tuya. Nada más que al otro día le tenés que pagar los cuatro pesos que sale.
Sí. Hay cuota y reserva, las dos cosas juntas. Y hay solo cuota o reserva. O contado.
Te la reserva y la podés pagar cuando quieras.
No. En cuotas pagás un peso y tampoco te la da. Pero le podés ir pagando, en cuatro semanas, un peso por semana, y te la da al final, cuando pagaste la última cuota.
El otro día, en fin de año, en total, creo que juntó 50 pesos.
Bastante. El año pasado hizo 25. No le duró nada.
Para nuevas figuritas, porque las repetidas que nadie quiere se las venden a otras personas que capaz que las quieren.
Ahh, sí. Prestaba mucha plata. Un día prestó 10 pesos y nunca se los devolvieron.
Para mí el límite que tendría que haber son cuatro pesos, porque sino podés perder demasiado. Tenés riesgo de que no te lo devuelvan.
Sí. Les prestó a todos y después nadie le devolvió.
Lo fue a denunciar a la maestra.
Se armó hecatombe.
“A ver, a ver, quién no le devolvió la plata” y también lo rezongaron a él por utilizar dinero. Desde ahí se prohibió, pero antes pasaban cosas como que le pagaban plata a personas para que le llenen la botella, para pegar, para que lo mojen, etc, etc.
Que te llenen la botella de agua en el baño o en el bebedero.
Porque no se le antoja o no tiene ganas. Le paga a otro para que lo haga por él.
Hay uno, que ese fue el caso mayor y para mí es demasiado como estúpido, pagó 20 pesos porque le vayan a llenar la botella y le vayan tirando agua todo el día.
Ya sé. Pero el tema es que no se puede ahora. También antes pasaba que le daban plata a alguno para que salga del baño y se vaya a otro. Le decían: “salí del baño y te doy plata”.
Sí. Hasta hay alguno que compraba chicles en el kiosco y después los vendía a un peso más.
No. Entonces se avivaba y ganaba plata.
También pasan cosas en el fútbol, que se dejan meter goles o que juegan a perder o que alquilan el juez. Pasó una vez que alquilaron el juez y hubo un faul que lo tocó sin querer con la mano y dijeron que fue roja.
Claro, pero para el que gana es algo que le gusta. También hay casos de alquilar otras cosas: guardaespaldas. Existen hasta los abogados, que te defienden ante la directora y la maestra.
Abogados no. Son personas que dicen haber visto algo… ¿Cómo es que se dice?
Testigos. Son testigos que en realidad no vieron. Inventan ante la maestra y ante las personas para que la persona se salve.
Cinco pesos el caso.
Testigo más bien. Alguien que no está.
Menganito robó algo. Entonces menganito le da plata al testigo y cuando la maestra le dice: “¿en serio lo hiciste, menganito?”, “¿alguien sabe?, ¿alguien vio?”. Entonces el testigo dice: “sí yo vi. Lo robó uno que tenía la cara tapada”. Eso lo hacen, lo de la cara tapada, para que no quemen a otro.
Que un cuadro iba metiendo cero penal y el otro iba metiendo cuatro penales. Entonces lo que pasa es que al golero le dan 50 centésimos de porquería y se lo deja meter. El tal caso fue que después se los robaron y nunca más los tuvo.
Sí, a muchos les da cosa. Pero hay algunos que prueban una sola vez en su vida y nunca más.
Sí, pero ahora está medio prohibido llevar plata a la escuela, a menos que sea para la merienda. Pero si ven que estás dándole plata a alguien por hacer cosas, se prohíbe.
Nos manda a la dirección.
Yo que sé. A mí nunca me tocó, pero sé que algo pasa. Se van para adentro de la clase y ahí no se qué más.
Ahh, guardaespaldas. O personas que le van a pegar a otros, que se contratan para eso. También pasa que alquilan clases enteras de ejército. Ejército se le dice en nuestro lenguaje. Por ejemplo, el otro día pasó que uno le pegó a uno de cuarto. Y no se quién fue que le dio cinco pesos a cada uno de la clase de sexto para que los vayan a defender como guardaespaldas o que le vayan a pegar. O el caso de comprar piedras para tirar.
Pasa. Compran muy poquito. Es lo que menos se compra en toda la escuela, pero sirve como defensa.
Ahí se denuncia a la maestra.
Sí, el recargo es un tema muy… siempre un peso más.
Sí, ya se. Pero el mundo está tan loco…
Ahhh… Está el tema del casamiento nunca más hecho... Esto son cosas de niños, aclaremos. Una tal persona, para darle gracia a todo el mundo y llamar la atención, dijo que se iba a casar con un sacapuntas. Entonces agarró y le dijo a una persona que hiciera las tarjetitas para las personas que ella escribió en una lista. Que digan tal y tal cosa y que tenían que estar pintaditas de tal cosa. Y con dibujantes. Después le piden a guardaespaldas que tienen los nombres anotados en una lista y un código que son números. Le dicen: “decime el código”. Si lo sabés pasás y sino no. Ha pasado. Hay algunos que se infiltran y los han mandado a la dirección a los guardaespaldas por darle patadas a los que se infiltran.
Al final nunca les pagó a las personas.
Un Muppets con resorte, de esos que tienen los ojitos así.
Para llamar la atención.
Se casó, pero no le pagó a nadie.
Sí, sí. Alquiló hasta una persona de Papa. Papa no, cura.
En el patio de 5º B alquilado. Hasta había comprado bizcochos. Porque en la cantina de la escuela se puede comprar en cuotas pero sin recargo.
Tres pesos. Me acuerdo que esa vez compró bizcochos. Por eso puso guardias, porque sino hubieran sido devorados en cuestión de segundos.
Nunca más pagó y fue uno de los temas más grandes.
Pasó que en el mismo día ella se había comprado cigarros de chocolate y desde ese día se prohibieron los cigarros de chocolate, porque la directora creyó que eran cigarros de verdad. Son igualitos.
Préstamo hice una sola vez en mi vida… y me dejé meter un gol… y fui guardaespaldas, pero no pegaba, yo defendía.
Tengo otra cosa para hablar. Por ejemplo el tema de los celulares. Hay veces que se paga cinco pesos y vos le podés mandar un mensaje al celular de alguien, pero siempre tenés que estar supervisado.
Pero es caro cinco pesos.
Es carísimo. Hasta hay algunos que pagan ringtones, por bajarle ringtones. O está el tema de la escuela de música, que se alquilan instrumentos. El otro día pasó con dos compañeros, que uno le dijo al otro: “me das la flauta y yo te doy 10 pesos para que la maestra no me rete por no haberla traído y a vos sí”. Él le dijo: “sí, sí, sí”. Y tá, se paga. Como las flautas son iguales, nadie duda nada.
Otra vez fue el caso de un niño que vendía gorros. Después la madre siempre le andaba diciendo de todo porque no tenía un solo gorro. No tenía guantes, no tenía bufanda y no tenía gorro.
¿Lo vendía en la escuela?
Sí.
Pero salía perdiendo.
Los vendía más caros… 20 pesos llegó a vender un gorrito de visera.
Hubo uno que vendía gorros de Nike truchos. O sino uno de la clase mía, que te hacía retratos de tu cara por 20 pesos.
¿Le quedaban bien?
Era el mejor dibujante de la clase. Quedaban igualitos. Hacía caricaturas. Hacía de todo.
También hubo empresa de collarcitos y flores. Los collarcitos salían cinco pesos y un ramo de flores que arrancaban en la escuela, que los cagaban a puteadas por arrancarlos, diez pesos.
¿Las flores eran para las novias?
No. ¿Vos sabés que no? A veces le llevaban a la madre. ¡Paaa, el día de la madre se vendieron trillones!
¿Utilizan plata para conseguir novia?
Sí, eso sí. O que le vayas a decir que gustas de alguien que en realidad no gustás a otra persona.
¿Para?
Para quemar al que vos contrataste.
¿Cómo?
Para dejar re-pegado al que vos contrataste. Contratás a alguien para que mienta de quién gusta él.
¡Son terribles!
Otra vez una niña le alquiló un par de lentes a un compañero. El otro no veía un carajo. Y le mintió con la plata, porque le dijo que le iba a dar una moneda de dos pesos y le dio una de uno.
Pero eso lo ve igual sin lentes.
¡Ah sí!... si tenía no se cuánto de autismo.
Aumento.
Ahí va. Dicen que no ve nada casi sin los lentes, ve todo borroso.
¡Qué harían por 20 pesos los niños!
Una locura. Podrían hasta prender fuego la escuela de música, mirá.
No digas bobadas.
Una vez a uno le pagaron plata para que le vaya a decir “puta”, y otras malas palabras a la directora y a la maestra. Llegaron al límite. Se escondía atrás de la puerta de la directora y le decía cosas.
¿Lo hizo el niño?
Lo hizo. Pero por una cantidad de plata sin igual.
¿De cuánto estamos hablando?
Creo que habían contratado todos los servicios por 50 pesos.
¿Cómo “todos los servicios”?
Todos los servicios. Uno que hiciera todo lo que él le pidiera. Tipo de esclavo, por un decir. Todo lo que existía.
¿Alguna otra cosa grave que hagan con plata?
Contratar patotas. Hubo otro tema que estuvo de moda mucho tiempo. El tema “Constitución”. ¡Qué tema más denso! A mí no me gustaba para nada. Contratabas abogados. Por ejemplo, los abogados tenían que inventar cuantas más leyes pudieran en un papelito, para que después cuando había peleas entre niños el abogado demostraba que la ley no se cuánto no se qué no se cuánto existía y se resolvía el problema.
Cada uno hacía las leyes que quería.
Claro. Entonces lo usaba como defensa. Pero tenía que estar firmado por un abogado.
¿Y quién es abogado? ¿El que quiere?
No. Hubo cinco abogados que se tenían que designar en menos de cinco segundos yendo de un lugar a otro.
¿Cómo?
Había una mesita en la que estaban unas personas. Había un minuto y te podías inscribir de abogado. Ahí los anotaban y decían cuál es abogado y cual no y tenía que poner su firma. Entonces vos le pagabas y él tenía que firmar un papel e inventar todas las leyes posibles, porque si no está firmado no se sabía quién las había inventado; podía ser un no abogado.
Me parece que a los vivos les va bien ahí.
Vos contratás un abogado y además de abogado era testigo. Lo usaban como un testigo mentiroso. O también por plata te cuentan secretos que le dijo antes un amigo.
¿Cuentan un secreto por plata?
Algunos sí: “Dame tres pesos y te cuento de quién gusta coso coso” Está a tres pesos el mensaje secreto.
¿Pero cómo van a contar un secreto que alguien les dijo?
Y bueno, en la escuela hay algunos que no piensan en los amigos. No piensan en lo que le hacen. Son unos insensibles.
¿O sea que por plata cuentan los secretos de los amigos, se dejan hacer goles, le dicen cosas a la maestra, defienden a alguien, mienten, patotean? ¿Hacen todo por plata?
Sí. Llenan botellas. Todo. Todo. Venden figuritas. Alquilan flautas.
¿Nadie dice que no?
Yo más o menos estoy ahí. Hice dos cosas que tá… macanas de la vida. Es que era la primera vez que me ponían de arquero.
26/12/2008
Ventana
A veces desde el asilo de ancianos lindero se escucha un llanto, un canto, un grito, un diálogo. Las ventanas suelen son generosas. Pueden regalar un paisaje, una tormenta a resguardo, un buen rayo de sol, un vientito salvador, un pájaro inesperado, una minifalda. Depende de la ventana. De dónde esté y hacia dónde dé. Incluso depende de las horas del día y de la época del año. En ocasiones las ventanas perturban con ruidos de vehículos durante el día, pero se ganan el cielo cuando dejan sentir una cuerda de tambores que suena a lo lejos.
A veces desde el asilo de ancianos lindero se escucha. La frase de la empleada resultó primero extraña y luego comprensible. -¡Tomá la leche o llamo a tu hijo!-, se escuchó amenazar por la ventana.
09/12/2008
Nariz
Jazmines florecidos. Asfalto caliente. Pólvora festiva. Asados nocturnos. Protectores solares. Cuerpos salados. Se siente. Se huele. Hay olorcito a fin de año.
08/12/2008
Cómo es la gente
La gente es
20/11/2008
Figurita repetida
Cada viaje era el mismo padecimiento. Cada nuevo destino se repetía la historia. Cada novedoso lugar del mapa que visitaba ocurría lo de siempre. Cambiaba un poco el sabor, el color y la textura. Pero al final sucedía siempre lo mismo: su comida favorita raspando más de lo deseado al recorrer el agujero terminal del recto. Era, a pruebas vistas, mierda de geófago.
18/11/2008
El Guernica
En el teatro, viendo una gran obra -de Brecht por ejemplo-, entra una actriz semidesnuda de buena figura y nueve de cada diez hombres piensan lo mismo. Basta mirar al amigo o al desconocido que está sentado a un lado. Ambos sonríen cómplices de la idea.
01/11/2008
29/09/2008
Jack
21/09/2008
Olaf
Olaf es chef. Le gusta fumar quif. Fumar quif y luego comer rosbif. Fumar quif y leer a Rosencof. Fumar quif y tirarse en el puf. Fumar quif y escuchar Riff. Fumar quif y mirar pintura naif. Fumar quif y criticar a Unicef. Pero si fuma mucho quif, al rato dice uf, piensa paf, tose cof cof, llora snif snif.
Bob
Nació en Godthab. Vive en Zagreb. Escucha dub. Come kebab y bebe rob. Tiene una web dedicada al Skylab. Fundió un videoclub y un aeroclub, pero aspira a comprar un club de fútbol. Ahora puso el pub Querub con su amigo Jacob. Sueña con traerse un baobab del Magreb. Es medio snob, el Bob.
26/08/2008
Sueños
el atún y la vaca
que en el cielo
no hay humanos
o que en el purgatorio al menos
la dieta es más balanceada
Sueña la pelota
que la gracia del juego
es tratarla con cariño
y que el ganador
es quien la golpea más suave
Sueñan los eucaliptos
que en el cielo
los hombres no leen
no escriben
y se limpian el culo
sumergiéndose en el mar
Sueñan
los perros también sueñan
que en el cielo
con cuerdas
ellos llevan atados a los hombres
les dan pastillitas coloridas e insípidas
caramelos de plástico para evitar las caries
y de vez en cuando
una buena patada
para que se acuerden
tengan claro
no se olviden
quién es su mejor amigo
Sueñan los niños
que en el cielo
las injusticias se corrigen
los padres
toman sopa sin chistar
se lavan las manos antes de comer
hacen lo que dicen
y las maestras
están todo el día calladitas
copiando el pizarrón
con la moña siempre atada
Sueñan los sueños
que en el cielo
nadie les pedirá explicaciones
ni divagará
sobre supuestos mensajes ocultos
y que alguien
algún día
les agradecerá
las fantasías subidas de tono
Sueña el lápiz
sueña el teclado
que el escribiente no joda tanto
y que solo importune
lo necesario
lo mínima y estrictamente necesario
y que no demore
el punto final
gastando renglones
renglones
y más renglones
al santo cuete
que ya es tarde
y son horas de dormir.
07/08/2008
Los girasoles
Cada vez que pueden los girasoles caminan por la vereda soleada. A veces cierran los ojos durante algunos segundos, los que calculan que pueden andar sin tropezarse con nadie ni con nada. Pero siempre los abren antes, por temor a la ausencia de una baldosa, por falta de confianza en los cálculos o en los pasos.
Ellos saben que el calorcito del sol es más lindo con los ojos cerrados.
Si viajan en autobús, los girasoles se sientan del lado del sol y mientras el chofer permanece frenado vendiendo boletos, buscan que algún rayo les de en la cara, como los niños buscan las burbujas de jabón cuando juegan con ellas.
Un girasol automovilista, cuando lo detiene un semáforo, cierra los ojos y deja que los rayos le templen el rostro. En el momento en que la luz cambia –a veces se entera por un bocinazo del vehículo de atrás- pone torpemente el auto en marcha. En ese preciso instante, en la vereda, un girasol peatón se para a esperar, cierra los ojos y orienta su cara hacia la estrella más cercana.
Los domingos de invierno por la tarde, después de comer, se echan a leer un libro en alguna cama o sillón donde les dé el sol a través de un vidrio que los proteja del frío. Sin querer o sin darse cuenta los girasoles se duermen, hasta que la sombra los despierta.
29/07/2008
30402
19/07/2008
La mejor idea
Hizo lo de siempre, miraba uno a uno los productos y los descartaba mentalmente. Demoraba la decisión de siempre.
Cerró la puerta de la heladera y quedó cavilando en silencio. El pitido del horno microondas le avisó que habían pasado los 66 segundos que había puesto a calentar la taza de café negro sin azúcar.
Volvió a abrir la heladera. Más o menos recordaba todo lo que había, pero necesitaba considerar la situación viendo el queso, viendo los morrones, viendo el dulce de leche, viendo todo una vez más. Luego hizo lo de siempre: descartó casi todo y cerró. Casi, porque el refuerzo de pan con queso y fiambre sería el veredicto final. Él lo sabía bien. Siempre era la mejor idea, pero siempre tenía que convencerse que era la mejor idea.
Sacó el café del microondas y sorbió un centímetro. Abrió la heladera y sacó el queso y el jamón. Agarró el pan flauta y lo partió con sus manos, quedándose con unos 15 centímetros para el refuerzo que sería su merienda.
Bebió otro buche de café. Se dio cuenta que precisaba un cuchillo para abrir el pan y cortar el queso. Miró hacia la pileta de la cocina y junto a un par de vasos sucios había un cuchillo también sucio que alguien había usado poco antes. Lo tomó y observó que tenía rastros de dulce de membrillo.
La áspera textura del dulce opacaba el brillo del acero inoxidable de la hoja. La imagen le hizo recordar y segregó saliva de sus glándulas gustativas. Estas se comunicaron con el cerebro. Este se comunicó con las manos. Estas abrieron una vez más la heladera, guardaron el queso y el jamón y sacaron el dulce de membrillo. Era la mejor idea.
10/07/2008
Según se mire
Oreja
Cuerno
Caracol
Anzuelo
Ge mayúscula
Rulo de Clark Kent
Cola de hipocampo
Jota con retorcijones
Espiral desperezándose
Camino que sube un cerro
Lombriz dando vuelta carnero
Número preferido
01/07/2008
Dos lunas
Hace unos cuantos años comencé a dudar que esto ocurra, aunque no pierdo la esperanza de vivir el tiempo suficiente como para estar en pie cuando en el feriado de Carnaval se puedan adquirir paquetes turísticos que incluyan el suelo selenita.
Hace unos cuantos años comencé a juntar material de una región que me gustaría conocer algún día. Es solo un deseo.
Blanca. Deshabitada. Ventosa. Fría. Inhóspita. Con pingüinos. Y está mucho más cerquita.
26/05/2008
Así no
15/05/2008
Estuche azul
Una hora después, el muchacho abre el estuche azul de sus lentes para ver de lejos y se los coloca. Desde una mesa ubicada a varios metros, intermitentemente, una joven lo sacará del libro durante el resto de la tarde.
28/04/2008
17/03/2008
Martincho
He aquí una nueva receta, inspirada en las dos anteriores y resultado de lo que tenía un servidor a mano: el Martincho. Entiéndase por tal la mezcla de ricota –abajo- y mermelada de higo –arriba-. Es fresco, dulce y suave. Tiene la textura ideal. Es recomendable.
05/03/2008
Geoanagramas II (Países)
Puré PERÚ.
GROENLANDIA giró en nada.
ALEMANIA / Lea manía
MADAGASCAR / más cargada
FINLANDIA/ Linda naif
El pan NEPAL
MONGOLIA /mona ligó /mono ágil
SIRIA ¿irías?
MALTA / tamal
PALAU / Paula/ la pau
El pan NEPAL.
PANAMÁ ama pan.
PAQUISTAN quitas pan.
JAMAICA / a mi caja
SENEGAL: Les gané
Rigen NIGER
Anudar RUANDA
ISRAEL / Serial
CHINA / hinca
ESPAÑA / apañes
TAHITÌ / ahí ITT
NAURU / Una U.R.
IRLANDA / dan lira
INDIA / ni ida.
MAURICIO / Ici Mauro
COMORAS / Sóc amor.
BULGARIA/ Agur, Bali.
JAPÓN / pajón
COSTA RICA cita orcas.
COSTA RICA casi corta.
CANADA / Acá dan
VANUATU / uva atún
VENEZUELA / eleva nuez
LAOS / olas/ sola/ losa/ salo/ loas/laso
26/02/2008
Café por los poros
¿Por qué no inventan un gel de ducha con café, que a medida que te limpie, te vaya metiendo por los poros la cafeína necesaria para comenzar el día?
El ángel
Intuía por entonces que al caminar apresurado, mi angelito quedaba un poco rezagado; pero nunca me pedía que redujera el ritmo. Eso me gustaba, porque de última era un ángel, no un policía.
Me servía de contrapeso también. Por entonces, para estar acá, tenía que tener algo que me atara. Una especie de contrapeso para no subir como un globo. Creía que cuando él no estaba posado sobre mi hombro, yo podía subir algunos centímetros, pero nunca tantos como para sentir que me estaba yendo. Mi ángel azul de alitas negras lo entendía. Por eso no se apoyaba de inmediato. Siempre dejaba pasar algún minuto.
24/02/2008
Granito de arena
Personaje 2 -¿Qué pasó, amigo?
Personaje 1-Nada, que quería colaborar con la causa. Vengo andando desde ayer de tarde. Como 40 quilómetros. Todo porque pretendía aportar mi granito de arena y resulta que ahora no lo encuentro.
Personaje 2- ¿Y no sabe dónde lo pudo haber dejado?
Personaje 1-Lo traía en el bolsillo de atrás. Segurísimo. Me lo puse ahí y no lo saqué para nada.
Personaje 2- ¿No se le habrá caído?
Personaje 1- No. Para mí que me lo robó algún hache de pé.
Personaje 2- No sea mal pensado. Haga memoria primero.
Personaje 1- Que no, hombre. No lo saqué para nada.
Personaje 2- ¿El bolsillo es cien por ciento seguro?
Personaje 1- Creo que sí. Puede que tenga dos o tres agujeritos chicos, pero no creo que por ahí… Si se hubiera ido por uno de esos agujeritos lo hubiera sentido al rozar mi pierna. Fíjese que es un metro de pierna; en algún momento de la caída lo hubiera percibido. Porque además en la caída se acelera, ¿o no? Imagino que sí, que cuanto más abajo más lo hubiera sentido a mi granito de arena. Si hasta me podría lastimar con la velocidad que agarra, porque tiene poca fuerza de rozamiento de tan chiquito que es.
Personaje 2- No es por ser pájaro de mal agüero, pero si tenía algún agujero… Yo no estaría tan seguro. Igual se fue por ahí mientras caminaba y no lo sintió; y se terminó de salir cuando dormía, que ahí uno se mueve y está menos atento a los granitos de arena.
Personaje 1- No sé.
Personaje 2- ¿Dónde durmió anoche?
Personaje 1- En un pajar que encontré en el camino.
Personaje 2- Es que… claro. Imagínese. Si es difícil encontrar una aguja en un pajar, hallar un granito de arena, uno en concreto, tiene que ser imposible.
Personaje 1- Sí, pero como decía mi finado padre: “lo difícil cuesta mucho, lo imposible un poco más”.
Personaje 2- Mente fuerte y positiva la de su progenitor.
Personaje 1- Sí. Y yo voy a honrarla. Me voy a buscar al pajar.
Personaje 2- Pero igual lo perdió en otro sitio.
Personaje 1- O igual no.
Personaje 2- O igual sí.
Personaje 1- O igual no.
Personaje 2- A mí sí que me da igual. A usted no.
Personaje 1- Gracias por su confianza y apoyo incondicional. Pensar que sólo quería hacer una buena obra, aportar mi granito de arena.
Personaje 2- Bueno, ya tendrá otra oportunidad de hacerlo.
Personaje 1- Sí, tendré otra oportunidad, seguro, pero no tendré mi granito de arena. ¿Usted sabe cómo me siento ahora? Vacío como mi bolsillo. Vacío. Sin aportar mi granito. Sin granito para aportar.
Personaje 2- No llore, hombre. No llore.
Personaje 1- Sí, lloro. Lloro porque me hace bien. Me desahogo.
Personaje 2- Desahóguese entonces. ¿Quiere un vaso de agua?
Personaje 1- Ah, estaría bien.
Personaje 2- Sírvase.
Personaje 1- Gracias.
Personaje 2- ¿Quiere sentarse?
Personaje 1- No. Paso. Creo que hay demasiada confianza. Mejor regreso a ver si encuentro mi granito de arena. No quiero sentirme vacío el resto de mi vida.
Personaje 2- Me parece bien. Y si lo encuentra, no se olvide de coser bien los bolsillos. Mire que la historia es cíclica, se repite más que un vino malo.
Personaje 1- Gracias por el consejo.
Personaje 2- De nada.
Personaje 1- Antes que me vaya… una pregunta. ¿Usted ya aportó su granito de arena?
Personaje 2- Estaba en eso. Pero me distrajo y ahora no lo encuentro.
Personaje 1- ¿Y no sabe dónde lo pudo haber dejado?
Personaje 2- Lo traía en el bolsillo de atrás. Segurísimo. Me lo puse ahí y no lo saqué para nada.
Personaje 1- ¿No se le habrá caído?
Personaje 2- No. Para mí que me lo robó algún hache de pé.
Personaje 1- No sea mal pensado. Haga memoria primero.
Personaje 2- Que no, hombre. No lo saqué para nada.
Personaje 1- ¿El bolsillo es cien por ciento seguro?
Creencias
el Yeti
el monstruo del lago Ness
el juego de la copa
Quien cree en ellos es loco
le falta un tornillo
está ido del mundo
¿Y los que creen
omnisciente
omnipresente
infierno y paraíso
ángeles y milagros
el diablo
hijo concebido sin pecado
etcétera
etcétera
etcétera?
06/02/2008
Respiro
me olvido
aguanto la respiración
cuento los segundos
que son eso
segundos
Cuando la saco
-puta madre-
chorreando
pienso en vos
y después
casi sin aire
respiro.
16/01/2008
Historia de una ensalada
Así que ese mediodía terminó de prepararse una rica ensalada criolla y se sentó a almorzar antes de ir a su trabajo vespertino.
Para aprovechar aquel momento y disfrutar de su medio de comunicación favorito, Pablo encendió la radio y empezó a comer. Con el tenedor se llevaba la comida a la boca y con el cuchillo empujaba la verdura picada. Este sustituía al pan pues se había prometido que iba a comer mejor, hacer deportes y dejarse de pavadas, por lo tanto le mejor era prescindir de harinas, alcohol y grasas y grabarse en la cabeza la dichosa pirámide alimenticia.
Comiendo estaba cuando desde el tragaluz que daba al minúsculo patio interior del edificio, un olor lo trasladó a muchas cuadras de distancia. El aroma que subía le hizo pensar en las pizzas que saboreaba en la casa de sus primas cada vez que cumplía años una de ellas, lo levantó del asiento y lo llevó hacia aquella vivienda pequeña con sillas plegables y un perro llamado Pancho.
Mientras comía pizza y bebía un refresco cola en lo de sus primas, la radio que había encendido para acompañar la ensalada lo sustrajo instantáneamente y lo dejó al otro lado del océano. Desde una calle montevideana con tres o cuatro autos a Barcelona en menos de lo que canta un gallo. En la radio había comenzado a sonar una canción de Leo Masliah que le hizo pensar al instante en una joven jerezana. Pablo se sacó el lado derecho del auricular y se lo pasó a ella, que ahora caminaba a su izquierda.
Sin cambiar de ciudad rememoró otra canción, otra de sus preferidas. Viajó un par de quilómetros y estaba de noche en un bar típico de la ciudad condal bebiendo cava con otra amiga. A la segunda botella ella comenzó a cantar murga, las primeras estrofas de esa canción que se le había pegado y de la que no quería saber la letra de golpe, sino irla aprendiendo de a poco, de a noches, de a buches.
Al comenzar la tanda publicitaria de la radio, Pablo recordó que estaba comiendo a miles de kilómetros, al otro lado del charco. Tenía que regresar e ir a trabajar. Por suerte lo que tenía en el plato era una ensalada, nada que con el correr de los minutos se le hubiera enfriado y puesto incomible. Aquel plato no era una chuleta recién hecha ni mucho menos una sopa caliente, como las que tenía que ingerir cuando niño en su casa –no la de ahora sino la anterior-, que como por suerte no estaban tan lejos una de otra, bien podía ir caminando. Pero enseguida vino a su mente que donde más tomaba sopa –de arroz o fideos- era en la casa de sus abuelos maternos, a 54 quilómetros de distancia, y viajó mentalmente allí, unos 20 años atrás. Entonces de estar a unos minutos andando se alejó más de medio centenar de quilómetros. Una pena, aunque no estaba tan mal si tenía en cuenta que segundos atrás estaba a orillas del Mediterráneo.
-De última 54 quilómetros no es tanto- se dijo Pablo. Sólo debía tomarse un ómnibus rojiblanco que una hora y media después lo dejaría a unas 20 cuadras de su hogar. De ahí en más, caminar lento, como tantos domingos por la noche.
02/01/2008
Libro puerta
21/12/2007
Bajofondo
15/12/2007
Aire
Tierra
13/12/2007
El futuro
A medida que nos aproximamos pude leer. Decía: “tu futuro está en tus manos”. Primero me causó gracias. Luego, por si acaso, se me ocurrió fijarme qué llevaba en mis extremidades superiores. En la izquierda tenía un ejemplar del último número del semanario en el que deseaba escribir cuando estudiante, en el cual casualmente salía publicada una nota hecha por un servidor. Los dedos de la derecha sostenían algo que pocas veces; un libro comprado por mí para mí, que minutos antes había vencido el rechazo casi visceral a la adquisición de textos. Pero bueno, alguno al año cae. Este fue una excepción, porque es de un especialista en relatos cortos, guatemalteco él.
Tu futuro está en tus manos, recordé al instante, y sonreí agradecido por la casualidad.
Un consejo
Dos o tres minutos después, llegó la respuesta: “Buenas noches tío y gracias por darme un consejo”.
28/11/2007
No, gracias
Llegado a este punto, por qué no ser francos y directos. O como dicen en España: “te lo puedo decir más alto, pero no más claro”. Declaro, que no quiero regalos. Si acaso un vino tinto para tomar con los amigos, algo para picar, una sola torta dulce y un fainá de queso de la abuela (ojalá que nunca falte). Pero por sobre todas las cosas, para los que insisten en obsequiar, hay una lista de artículos en los que pueden ahorrarse el gasto. Perjuro, que ya tengo llavero y unos cuantos bolígrafos aún por estrenar. Que no me faltan marcalibros, tazas ni medias, aunque me gusten mucho. Que no deseo pequeños souvenirs de viajes, perdonen que sea tan ingrato, pero luego quién limpia el estante donde se acumular. Que una sola agenda es suficiente, en serio. Que por favor eviten grifas conocidas, que me causan repulsa. Que acertarle al talle siempre es un tema, que dar con el matiz correcto nunca es fácil. De verdad, que no quiero cosas, gracias.
Sal con menta
probar sal con menta
pintarte el pelo de colores
mear desde un balcón
Juntemos nuestras manos
para rociar bien
todo con queroseno
sacar fuego de un bolsillo
y quemar
para siempre las naves
así cuando sean brasas
buscamos e inventamos el carajo
y lentamente
desde ahí
nos regocijamos
viendo pasar pintadas
muy bien pintadas
las naves que nunca se van a quemar.
Tareas domiciliarias
algo que llevo dentro
que me aprieta el cabeza
que me duele la espalda
que me estropea el hígado
que me retuerce el corazón
tengo que cambiar
01/11/2007
Chau
Menos peso
un montón de ideas a la basura
papeles
que se fueron juntando
incompletos todos
frases
comienzos de textos
ocurrencias
palabrejas raras
papeles
en resumen
que ahora están arrugados
rotos
cortados en dos
en cuatro
en ocho
en la bolsa
del papel para reciclar
papeles
cositas
que nunca llegaron a florecer
y empezaban a pesar
a joder
así que mejor
mucho mejor
decirles adeu.
Mal día
no quiero
ver a nadie
Hoy
en este pozo
con esta sensación asquerosa
no me salva
ni un candombe.
15/10/2007
Dunumurcu
Los dos permanecían en silencio. El propietario del comercio los miraba cada tres o cuatro minutos para cerciorarse que seguían ahí, callados.
Ella estaba buscando palabras con u para hacer algo. En verdad ya tenía las palabras, pero no podía conjuntarlas de manera interesante. Decenas de vocablos donde la única vocal era la u. Muchas conocidas –sur, bus, cuscús, summum, ñu, luz, pus-, las básicas -tu, tus, su, sus-, anglosajonas –punk, trust, rush, funk-, nombres para los posibles personajes –Ruth, Lulú- y otras tan novedosas que prefería no usarlas –pututu, zunzún, tup, curucú-.
Las palabras las tenía desde la madrugada anterior. Las había buscado en el diccionario de su ordenador hasta que no aguantó más el ardor en sus ojos. Mezcladas pero las tenía. En una hoja A4 que estaba apoyada sobre la mesa las leía; pero no hallaba el camino. –No me gustan los que encuentro-, hubiera precisado ella misma, mientras se mordía el labio inferior y golpeaba la mesa rítmicamente con el dedo índice de su mano derecha.
-¿Alguna sugerencia?, preguntó entonces la joven.
Silencio absoluto. Él no estaba para la quinta vocal.
Mientras ella combinaba vocablos, él pensaba cómo vengarse de Dinamarca. Los del pequeño país europeo habían derrotado a su querida selección celeste dos veces, primero en el mundial de México con goleada incluida y luego en Corea. Ocho pepinos en dos partidos. Cómo olvidarse. Cómo perdonarlo. No hay más opciones, concluyó. Si nos ganan otra vez solo nos queda declararles la guerra, enviar el buque Capitán Miranda a cañonear Copenhague mientras el avión de Puritas bombardea en simultaneo desde el aire, poniendo especial cuidado en destruir sus estadios y lugares de entrenamiento, allí donde se forman sus jugadores, para que no hayan más Laudrup, ni Larsson… ¿Larsson era el nueve? No importa ya el nombre, todos, ningún vikingo de esos, amargamundiales del orto. Aliarse con algún país fronterizo, por aquello de que siempre se llevan mal los pueblos vecinos. Suecia, Alemania, alguno debe querer apuntarse a darles para que tengan y para que guarden. Aunque habría que ver si dejan llegar al Capitán Miranda hasta el Mar del Norte, o si ningún mandatario con ganas de Nobel de la Paz intenta mediar en la crisis aduciendo que podría incluso desencadenar una conflagración entre continentes hermanos. ¿Hermanos, dijo? No. Tal vez lo de la guerra no fuera la mejor idea, pero cuando menos atravesar el globo y llegar allí, solo, anónimo y escupir la tierra danesa, escribir algo ofensivo en la puerta de un baño. Como una pequeña venganza. Al igual que aquel cocinero compatriota que cuando supo que el que había pedido la merluza era Pacheco Areco se pasó el pescado en cuestión por los testículos para darle más sabor. O aquella empleada doméstica que volcó café sobre un legislador simulando que era un accidente, torpeza típica de una mujer como ella habrá pensado el político. Perdón. No pasa nada. Andá llevando, vejiga.
-¿Se te ocurre alguna otra palabra?
La primera pregunta lo bajó de la nube. La segunda lo puso en tierra al instante.
-¿Tenés guita para otra birra? Porque veo que no me pensás ayudar en nada.
-¡Daneses de mierda!
-¿Qué decís?
-Nada. Yo me entiendo.
10/10/2007
Perro que muerde su cola
Al día siguiente dijo perdón, lo siento, te quiero.
-Yo también.
Dos semanas después vuelve a tener un ojo negro. Ha dicho gilipollas, hijo de puta, me cago en tus muertos, cabrón, cabronazo, malparido. Perdón, lo siento, te quiero.
Igual a un perro que se muerde la cola tantos años como esté en el infierno. Ojo negro. Gilipollas, hijo de puta, me cago en tus muertos, cabrón, cabronazo, malparido, perdón, lo siento, te quiero, yo también.
Te quiero, lo siento, ojo negro, yo también, hijo de puta.
20/09/2007
Vull pixar
Nadie me preguntó, piensa Manel, si deseo vivir en un parque temático de publicidades, inmerso en una innecesaria mezcla de contaminación visual e incitación al consumo.
Meditando esto estaba Manel, con la vejiga llena de cerveza, una tarde soleada con hora libre. Así que fue al baño de la Universidad y se dispuso a orinar en uno de los varios mingitorios que allí había. En la Universidad pública.
Parado frente a la taza blanca para evacuar, le sorprendió ver en la pared, a la altura de sus ojos, a 30 centímetros, un cartel publicitario. El anuncio era de un desodorante; de esos que atraen chicas perfectas y destruyen la capa de ozono. Publicidad mientras meo, pensó.
Inspirado por la cerveza que aún no había expelido, Manel levantó su mano y arrancó el papel brillante impreso a cuatro tintas. Sobre lo que quedó -un fondo blanco con restos de colores-, utilizando un marcador negro, grueso y con la vejiga hinchada, el joven estudiante escribió en catalán: “Vull pixar tranquil!”.
Es que es eso, al menos eso, si no es mucha molestia: ¡quiero mear tranquilo!
17/09/2007
Se busca
Seguro algún niño lo vio y lo recogió sin saber lo que estaba haciendo. O una mujer, pensando que podría dar con su propietario. Un hombre adulto tal vez, imaginando que el brillo dorado podría ser áureo. O por qué no una joven que encontró belleza en aquel adorno de dos centímetros de lado.
Su método es sencillo. Se escapó dejando tras de sí el broche. Ese broche circular y metálico que para ojos nuevos sirve como objeto que fija el prendedor a una camisa o chaqueta. Pero en realidad, ese broche no quedó abandonado por casualidad. Un prendedor normal cuando se escabulle suele llevarse siempre su broche, porque es el complemento que le permite seguir siendo un prendedor, no un arma.
Un prendedor normal quiere cambiar de persona, de perfume, de hogar, pero nunca quiere dejar de ser prendedor porque su ego es grande y tiene ansias de lucirse cada vez en una camisa de mejor marca, acompañado de un perfume más exclusivo, en la fiesta más despampanante posible.
Éste broche en particular tenía como función proteger a las personas. Ahora hay un prendedor suelto con una pequeña arma blanca de centímetro y medio; una filosa punta metálica pronta para entrar en acción, un aguijón dispuesto a picar hasta el final.
El niño. La mujer. El hombre adulto. La joven. Cualquiera de los cuatro puede estar desangrándose en este momento por no haber pronunciado una frase salvadora, por haber dicho una palabra de más.
¡Qué feo color! ¡Qué equipo de mierda!
El prendedor de la IASA es muy fanático. Cualquiera de esas dos frases –u otras parecidas- lo enervan al punto que sale a buscar la vena más próxima, más gorda.
Y ahora anda suelto. Sediento tal vez. Buscando que alguien lo critique para empezar a pinchar hasta teñir toda la camisa de rojo, y él, anaranjado, en medio de la confusión de gritos y colores similares, aprovechará para ir en búsqueda de otra víctima.
Un mensaje
Al despertar la mañana siguiente, sabía lo que mi amigo había querido decir. Un rato antes, Morfeo me había susurrado la pista clave.
05/09/2007
La luciérnaga que quería ser mosca
Desde pequeña siempre quiso ser uno de esos insectos dípteros tan comunes que disfrutan molestando a los hombres mientras leen y luego escapan eludiendo un manotazo, un matamoscas o un periódico que por unos segundos pretende cumplir tal función.
Para sentirse una mosca, esta luciérnaga iba a fastidiar a las cocinas y las salas de las casas de los humanos, siempre cuidándose de no encender la parte luminosa de su cuerpo. Incluso de tanto en tanto se acercaba a alguna caca de perro que veía por la calle, sin lograr entender nunca qué era lo divertido que le encontraban las moscas a algo tan maloliente.
A la luciérnaga le salía bastante bien eso de parecerse a una mosca. Podría decirse que en apariencia casi lo lograba, pues tenía muy aprendidos y estudiados los movimientos y las costumbres de sus admirados insectos negros de alas transparentes.
Pero tenía un problema. Si el luciérnago era feo no pasaba nada; pero si el luciérnago era un ocho –en una escala de uno a diez- invariablemente en el aire podía verse una avergonzada luz fosforescente alejándose.
04/09/2007
No del todo
para que vos entres
para que yo salga
No la cierro del todo
sólo un poco
para que no haya tanto frío
para que no entre tanta agua
para que cuando pase lista
tenga algo
que pueda ofrecer
Podrás venir, a veces
dormir, una vez
pero ya nunca más
te creerás en tu casa
Quiero ver muy bien
quién le lleva flores a quién.
24/07/2007
Reflexión sobre los marcianos y la Tierra
Días atrás en Ibiza hubo un gran derrame de petróleo que contaminó las aguas de esta isla turística. Viendo la televisión Quintín se enteró que mientras trabajadores y voluntarios intentaban controlar el desastre, otros propietarios de barcos aprovecharon la ocasión para lanzar sus desechos al mar, y así deshacerse de ellos en medio de la trágica circunstancia.
A Quintín anoche, mientras bailaba en una discoteca, un conocido le mostró un video que le habían enviado al teléfono móvil. Estaba danzando al ritmo de la música electrónica cuando asqueado observó una filmación donde unos hombres degollaban a otro. Le pisaban la espalda, le tiraban del pelo para levantarle la cabeza y con un gran cuchillo le cortaban todo el pescuezo. La sangre brotaba a borbollones. La cabeza quedaba separada del resto del cuerpo y luego la apoyaban sobre la espalda del asesinado. Era una imagen real.
Repugnancia. Vergüenza. Pena. Incredulidad.
22/07/2007
El agujero de la torta frita
A diferencia de las tortas fritas de mi madre, las que hacían las mujeres de Santa Rosa cuando el Ideal jugaba de local en invierno eran mucho más grandes. Apostaría que no entraban en la sartén con derecho a jubilación que había en casa. Eran tan pero tan grandes que una vez me sucedió algo casi increíble. Casi, porque realmente ocurrió.
Era una tarde de julio y el Ideal jugaba un partido intrascendente contra el Sacachispas. Como era de esperar, no había mucho para ver. No hacían un gol ni pateando todos para el mismo arco. Ni aunque este fuera el mismísimo Arco Iris.
Si bien había comido un trozo del tradicional alimento cuya masa se hace con agua, harina, sal y grasa, todavía me quedaban dos terceras partes de la torta frita de marras. Es que además de grandes eran gruesas y esponjosas. Una maravilla, eso es lo que eran. En la cancha me las compraba algún tío, en las kermeses del pueblo la abuela Carolina. Siempre caía alguna, por suerte.
Estaba entonces en que el match entre el Ideal y el Sacachispas era inmirable. Y por mirar algo, se me ocurrió mirar por el agujero de la torta frita. Ingenuo de mí, pensé. Como si fuera a verse algo distinto. Pero me equivoqué. Fue tal la sorpresa que quise ver más y metí la cabeza por el orificio hecho a cuchillo cuando la masa estaba cruda y blanca. Toda la cabeza. Como no era complicado pasé los hombros y los brazos, así me apoyaba mejor del otro lado. Luego con la ayuda de los brazos fue bastante fácil traspasar el resto del cuerpo.
De forma inexplicable la masa se había flexibilizado hasta permitirme atravesar entero de un lado a otro de la torta frita. Pero esto era lo de menos. Lo importante era lo que había del otro lado. Porque al pasar por el agujero con forma de ojal de aquella torta frita, vi cómo era la movida, saqué la foto, descubrí cuál era la verdad de la milanesa. Permanecí allí unos minutos, hasta que escuché que gritaban un gol del Ideal y volví, porque quería festejarlo con el perro Patroclo. Y él conmigo.
21/07/2007
Lisboa
Lisboa está entre los que faltan. Con sus letras se forma “labios”. Lisboeta suena a poeta. Subir en el Elevador do Carmo y ver la ciudad desde ahí. Caminar recordando la película Sostiene Pereira, ver flamear la bandera rojiverde; más roji que verdi. Zambullirse en el Atlántico, pero de este lado.
Hace tiempo que la Lisboa me llama. Finalmente, le haré caso.
16/06/2007
Un secreto
que el hombre
es el lobo del hombre
y que será
siempre así
y que cada hombre
tiene una
pocas
o ninguna tregua
por lo tanto
tiene que sacarle
jugo a las piedras.
14/06/2007
Mahoma Pereira y los libros
Minutos atrás caminaba por dicha arteria sus últimos metros, cuando esta se convierte en peatonal -pasando un recomendable puesto de venta de shawarmas- y le sorprendió la ausencia de la vieja librería de grandes vitrinas que siempre tenía ofertas a un par de euros.
Donde poco tiempo atrás había libros, ahora hay botas negras y ropa camuflada de distintos tonos de verde. La antigua librería fue sustituida por una tienda de vestimenta militar. Me cachis, balbuceó Pereira.
Infinidad de veces pasó delante y de vez en cuando entraba para ver esos libros viejos y baratos que nunca compraba. Tal vez imaginaba, como en otros órdenes de la vida, que aquello siempre iba a estar aguardando por él. La maldita costumbre de dejar pasar las cosas pensando que ellas esperan a uno, regresan luego o que son la montaña que viene si Mahoma Pereira no se digna ir de puro vejiga que es.
Ahora -medita Pereira-, de haber previsto lo visto, o intuido lo ocurrido, hubiera comprado algún libro. Pero ya es tarde.
Botas negras con punta metálica donde antes había libros viejos de tapa dura. Como que esa puerta no la traspaso más, se dice Pereira.
30/05/2007
Losojo
Las palabras que salían de la boca de ella eran un sonido de fondo situado en un plano distante, al que no llegaba la poca comprensión que la mente de él podía tener en ese momento. Sólo escuchaba esa voz interior que pretendía frenar la mirada directa e invasora.
La observaba sin prestar atención a lo que hablaba, con toda la atención centrada en mirarla de la nariz para arriba, de la boca para arriba, del cuello para arriba, del escote para arriba. A los ojos, a los ojos. Que la mires a los ojos.
Pasó un minuto, un par de ellos, tres, una uve de minutos. Javier se lo tomaba como si estuviera jugando un serio en el que le iba la vida. A los ojos. A los ojos.
Pero como otras veces, como tantas, le falló la concentración y la mirada se vino abajo como un castillo de naipes. Igualito. Tanto esfuerzo para nada. Entonces la sospecha: ¿se habrá dado cuenta? Y la respuesta obvia: claro que se dio cuenta. Luego el derecho a duda: Tal vez no. Pero bueno, lo más probable que sí.
Paso seguido, vuelta una vez más Javier a recoger la baraja e iniciar un nuevo castillo de naipes, otro serio. La voz femenina de fondo y todas las fuerzas masculinas dedicadas en fijar la mirada en sus ojos, en su nariz, en su boca, en su cuello.
17/05/2007
Vaya gracia o Mirá como me rio
Así que en eso estaba hace unos días, descubriendo un nuevo móvil. Enfrentándome obligado al reto de saber para qué sirve cada tecla, dónde está cada cosa.
Una vez controlado lo básico, luego de una cruel batalla sin vencedores ni vencidos, me dispuse a encontrar la única función propiamente no telefónica que utilizo de estos aparatejos: el despertador. El puto despertador, que cada mañana me saca de ensoñaciones para recordarme que debo ir a ganarme el pan.
Pero meta buscar, rebuscar y nada. Nada por aquí, nada por allá. Primero desbloquear el teléfono, que es toda una tarea. Luego deambular entre dibujitos buscando algún reloj o similar. Además, con estas teclas modernas al centro, que se va para una cosa u otra según el punto cardinal hacia el que se le presiona.
Estaba en plena cacería dentro del teléfono móvil sin resultado positivo. Iba de aquí para allá, recorriendo un laberinto compuesto por los mensajes, los ajustes, la información de las llamadas, los juegos, los entretenimientos, los servicios del operador, la cámara de fotos -que ahí se queda- y la mar en coche. A veces me aparecía el ajuste del volumen, vaya a saber uno por qué extraña combinación de pulsaciones.
Entraba y salía de un sitio a otro sin encontrar el despertador de los cojones; el que iba a levantar cada mañana para ir a trabajar. Aplicaba la lógica, pero no lo hallaba. Hasta que comencé a acceder a los sitios donde no imaginaba encontrar lo que quería. Y en una de esas búsquedas surgió el dibujo de un relojito rojo con la palabra Despertador debajo. Vaya gracia… mirá como me río… el despertador ortiva estaba en la sección Entretenimientos.
12/05/2007
El corazón delator
cuando te acercas
estoy seguro
que el corazón me delata
y a un metro
puedes sentir mis latidos
pd: estos versos han sido rescatados del olvido luego de una larga hibernación y se desconoce si fueron inspirados por una mujer o un rottweiler.
30/04/2007
23/04/2007
La mujer que se...
Desconcertada, Menganita no sabía que hacer con su amiga horma. La colocó en su mochila y se la llevó. Un buen queso tarda en echarse a perder, así que tendría tiempo suficiente para pensar lo que haría y cómo le contaría a la familia de Fulanita lo ocurrido.
Iba entonces Menganita en el autobús muy meditabunda, preocupada por la situación. Tan preocupada iba que al descender del vehículo olvidó la mochila. Cuando se percató del descuido era demasiado tarde. El bus había desaparecido de su campo visual, llevándose una mochila sin dueña y un joven que había subido donde bajó Menganita. Quiso el azar que este chico fuese a sentarse al mismo asiento, por lo cual se encontró junto a sus pies una mochila negra. Al ver que no pertenecía a nadie le interesó como suele interesar siempre un objeto ajeno en tales casos.
Como era previsible la mochila se bajó con el chico, que apenas pudo la descerró para ver qué había. Y había un queso, claro. Un gran y apetecible queso. Así que el chico se lo llevó a su casa y dispuso del alimento favorito de Jerry por un par de semanas. Comía queso por las tardes, cuando regresaba del trabajo y se sentaba en el patio a picar algo. Así que las cáscaras fueron cayendo, tarde tras tarde, en el verde natural de aquel patio. El pasto y la tierra se encargaron de irlas cubriendo, hasta que tiempo después, donde habían caído las cáscaras, creció un tulipán.
14/04/2007
Las manos en el fuego
16/03/2007
Pus
05/03/2007
Hipotenusa hojaldrada
03/03/2007
Pasó recién
25/02/2007
Otra definición para algún crucigrama
¿Alguien sabe como se le llama al último hijo de un matrimonio, en El Salvador y Honduras?
(Fuente consultada: diccionario de la Real Academia Española)
Tira
feo es querer y que no te quieran
feo un pelotazo en los huevos
o un palazo
Feo es cagar a un amigo
que llueva el viernes de Llamadas
no tener quien te invite un vino
negar un trago
Feo ser botón y no morir en el intento
feo un soldado por vocación
un gobernante por los morlacos
Feo es ser el más feo
pero más feo todavía
más que todo junto
más que todo a la ene
es ser de la quinta columna
infiltrado hache de pé
el que manda preso
haciéndose pasar por lo que no es
Feo es ser lo que sos vos
tira
la peor alimaña.
19/02/2007
Anécdota de paqui
Pero lo dicho, que si no fuera por los paquis –genérico que denomina a todos los almaceneros de origen asiático que tienen su comercio abierto hasta la medianoche o algo menos- sería imposible conseguir queso rallado para los fideos a las diez de la noche.
Ni queso, ni pizza congelada, ni sal, ni la última lata de cerveza, ni unas dulces mandarinas. Así que de regreso a casa lo mejor es visualizar mentalmente qué paqui hay cerca y enfilar hacia ahí.
En el caso que concierne, luego de seleccionar algunas mandarinas a cero noventa y nueve el kilo, tocó esperar detrás de dos mujeres y un hombre bolivianos que estaban comprando seis cervezas de litro: siete euros con veinte.
-Es para orar- dijo el boliviano al cajero paquistaní. -Sí-, le respondió el otro. ¿Cerveza para hablar con Dios?, me interrogué mentalmente. Esa no la tenía. Pero bueno, cosas más raras se han visto y recordé que una compañera tiene asegurado al perro. Pero ellos no estaban hablando de un derivado de la cebada sino que se referían a la música que emitía un viejo pasacasete negro, de esos que para buena parte de la civilización occidental forma parte del pasado lejano.
El boliviano, según explicó, sabía del tema. Para asombro de muchos –si hubiera habido muchos porque en verdad no había nadie más- este latinoamericano diferenciaba entre música asiática para orar y la que no es para orar, porque un compañero de la obra le había enseñado. Andá llevando, chaval.
Como había confianza al entregar el cambio el comerciante le dio de menos a la mujer que le había pagado, entonces esta lo puteó –creo- en un idioma de lejana procedencia. Y después pasó a explicarse la boliviana: estaba hablando quechua, su idioma, “porque nosotros hablamos el catalán de Bolivia” y comentó un par de similitudes que a su entender demostraban inequívocamente la raíz común del quechua con la lengua catalana y la mar en coche.
Para entonces la conversación incluía seis personas de distintas nacionalidades. Toda una postal de la ciudad: una boliviana hablándole en quechua a un paquistaní que por suerte entendía el castellano bastante bien y lo parloteaba un poco.
Mientras, detrás de un servidor con la bolsa de mandarinas para la cena se pusieron un par de personas más en espera, por lo cual el dialogo se cortó rápido. El paqui dio el cambió que correspondía y les despidió –adeu-, y los tres bolivianos le respondieron. Adeu. Adeu. Adeu. No era la pronunciación del catalán de Girona, pero se entendía perfecto.
16/02/2007
Geoanagramas I (Países)
04/02/2007
Radiltufina
Rifan tu dial.
Linda tu rifa.
Triunfad, Alí.
Dalí triunfa.
Latid, rufián.
Ni la fruta di.
Tu raid final.
Ni turf al día.
Fía, linda Rut.
Di, falta un ir.
Di, tal finura.
La india Rut F.
India frutal.
Tú, linda, fría.
Tu flan, diría.
URL: finadita.
¡Al fin día, Tru!
03/02/2007
14/01/2007
Manías
06/01/2007
17/12/2006
Por si
lo que no quiero
lo menos esperado
si en una esquina
una vía
una noche
digo,
que me mueven los afectos
la familia y los amigos
que persigo
no defraudarlos
que a pesar de los errores
me guía
y me guiará siempre
el ejemplo vivo
de padres y abuelos
y punto
que pretendo ser
a vuestra semejanza
que no tengo destino
la meta
el objetivo
es caminar como ustedes.
09/12/2006
Oda a la W
vigésima sexta letra del abecedario
de procedencia extranjera
bienvenida seas
Estás en la web y en el whisky
en los Walter y los Washington
en el water, cómo olvidarlo
así como antes estuviste
en los vatios, los vagones y el vals
sonás a b, a u, a gü
Llegamos a ti por mudanza
eran tiempos de War
Wynants no significaba nada
Welcome to the jungle
Welcome to Tijuana
Y ya lo ve y ya lo ve
acá está la doble vé
Letra bicolor
consonante rojiblanca
para el mundo
eres el símbolo del Wolframio
-los crucigramas algo enseñan-
pero en el rioba
en la flia y los amigos
sos argamasa que une
y da alegría.
08/12/2006
Archivaya
25/11/2006
Crack
Entonces el cuerpo en el aire va en búsqueda de la pelota que viene por elevación. El golpe certero que aleja la pecosa, la plasticidad del fútbol, los años no vienen solos, arrancandonga al hospital más cercano.
Cosas que pasan. Unas radiografías, un yeso en la mano y putear bajito hasta fin de año.
06/11/2006
De palabras
23/10/2006
La Tierra plana
En esa época futura los hijos le preguntarán a sus padres por qué la gente del siglo XXI veía como normal, lógico o aceptaba, que la inmensa mayoría pasara hambre, no tuviera casa, muriera sin haber vivido dignamente. Los niños preguntarán porqué se moría gente en el mar perdiendo su vida sin poder coger un barco para el que tenían el dinero del pasaje.
Quizás dentro de algunas décadas o siglos no haya cambiado tanto la cosa, pero los niños siempre tendrán una lógica distinta, más instintiva y humana, que les dificulta entender que la historia repite los guetos, las guerras, las hambres, los hombres, la mierda.
06/10/2006
05/10/2006
Trufinomicón
Ahora parece haber regresado, tras ser encontrado en la biblioteca perdida de un antiguo coleccionista de ejemplares incunables, que sus descendientes habían primero guardado y luego olvidado en un oscuro sótano de una hacienda de campo, donde este hombre pasó sus últimos años, solo, entre su gran tesoro de libros ahora redescubierto.
La enorme trascendencia de que entre varios ejemplares con 400 o más años de vida apareciera el nombrado Trufinomicón está marcada porque está la creencia de que quien lee y es capaz de recitarlo de memoria se vuelve loco.
Muchos entendidos creen que a pesar de la pérdida hace siglos del último ejemplar, que ahora vuelve a la luz, siempre circuló el texto en letra manuscrita. Según esta opinión hay personas que lo conocían, con lo cual se explicaría la insania de algunos orates.
Considerando que el texto pronto terminará por cobrar pública notoriedad, helo aquí, desde alguna parte de un sótano perdido hasta alguna parte del cerebro.
“Uno, dos, tres… catorce. Cua cua cuarennnnnta y cuatro, cua cua cuarennnnta y cuatro. Yi 14 36, Yí 14 36. Pi 3 14 16. Pi 3 14 16. Más cuatro me llevo dos, por si con uno no hay suficiente. Como quedarse sin agua en medio del desierto. Una piedra debajo de la lengua. Un elefante adentro de una boa. Un cangurito adentro de una canguro. Mburucuyá con queso. Durazno con atún. Vino con vermú. El tunguele tunguele coco, si esto repites te vuelves loco. Rodamón, gratacel, ta te ti, suerte para ti, tritrí, piscuís, túquitis. Prat, clot, glup, snif, gluglu, broap, eñe, brrrr, shhhhh, buuuuuuuuu. La samarreta es taronja i dont espíc mès”.
26/09/2006
01/09/2006
Catorce
30/08/2006
Orejeando en un truco cualquiera
29/08/2006
Jariola
Se puso a pensar otras palabras que quisiera conservar porque le gustaran. Las fue anotando en pequeños trozos de papel que luego colocaba en su bolsa de nuevo uso. Anotó rascacielos, que le causaba gracia cuando se la imaginaba. También colibrí, mandinga y mburucuyá porque le gustaba su sonoridad.
Con el paso de los días juntó muchas palabras. Por ejemplo una que disfrutaba usar para referirse a cosas chiquitas cuyo nombre tardaba en recordar: cusifai. Otra que aprendió una noche de luna en una playa: noctiluca. Esta era de las que más disfrutaba ver: una estrella fugaz descubierta bajo la arena mojada gracias al dedo gordo de su pie y la luz de la luna.
Anotó tantas que pronto la bolsa comenzó a quedar chica. Entonces sacó de ella todos los papelitos. Los fue leyendo y pronunciando uno a uno. Lentamente, despidiéndose. Vio su fea letra diciendo pachamama, chimichurri, laberinto, cacatúa, arrancandonga, filigrana, patitieso. Algunas ni las recordaba casi, como cicerone, vidalita o faricuac. Con cada una se detenía unos instantes pues todas le traían recuerdos concretos.
Después de leerlas hizo una pequeña montaña con su tesoro de papelitos y los mezcló con hojas secas de los plátanos de la calle.
Julio había decidido no cargar con esas palabras, una a una, sino guardar eternamente la vibración que produce en los oídos una palabra hermosa cuando se escucha, o en los labios cuando se pronuncia, mientras se hace humo.
22/08/2006
Réquiem por el gato Charly
17/08/2006
Chin chin
Que suenen los vasos
que corra el vino
murió un hijo de puta
lástima que fue
en su cama
pero algo es algo
02/08/2006
PericoPerica
Hay diferencias grandes y pequeñas. Tener el dos de la muestra en el truco es una cosa y tener un seis cagado es otra. Tener el perico y la perica son casi lo mismo pero llegado el caso no es lo mismo. Incluso si hay dos cuatros recontra pedorros no es lo mismo; ahí importa saber quién es mano.
Hay diferencias grandes y pequeñas. No es lo mismo tirar una bomba que recibirla. Tampoco es lo mismo protestar a no hacerlo, alzar la voz entre muchos a no decir nada más allá de las paredes de casa.
Yendo al caso del truco, es mejor perico que perica, aunque no siempre sea tan útil como uno quisiera. Como dijo el cantor “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. Yendo al caso de las bombas, una cosa es salir a decir basta y otra cosa es mirar la tele.
¿O es que las explosiones tienen que ser más cerca? ¿O es que hay que sentir el olor de la carne quemada? ¿Tocar la sangre? ¿Qué sea propia?
05/07/2006
Dedos son dedos
29/06/2006
El mundo será de los pelados
Pero Internet mediante, la profecía está ahora en boca de muchos. Y en sus cabezas, porque cada día se ven más calvos y calvas por las calles de las grandes ciudades.
La botella verde de cerveza holandesa Grolsch apareció muy bien lacrada. Las fotos tomadas permiten aventurar –casi asegurar- que muchos años debe haber estado flotando este vidrio con papel enclaustrado sobre la superficie salada del océano.
El texto es claro: “Hojilla con la fruta que les traigo. ¡Que el mundo será de los pelados, carajo! No se rían, bó. Miren a Gandhi, a Michael Jordan, al Negro Olmedo. Por no sumar a Luca Prodan, la Sinead O’Connor y a Paolo Montero en sus mejores partidos. Se los imaginan gobernando todos juntos, tipo nosecuantovirato. Tal vez cuando lean esto alguno de los que nombro ya sea fiambre, pero lo reharán con algo que cuando escribo esto no existe pero ustedes conocerán con el nombre de clonación. En fin. Ustedes hagan lo que quieran, yo me pelo”, termina diciendo este enigmático mensaje arrojado a un futuro ahora hecho presente, creencia de muchos.
13/06/2006
Desnudos de Renoir
La lucha fue despareja. Desde el primer momento la iniciativa correspondió al crucigrama, quien se divertía poniendo definiciones como “cinco de California” (Nets), “PC de Cupertino” (mac) y “punto en la carta” (isla).
El hombre comenzó como siempre, saltando entre definiciones e intentando colocar palabras que fueran allanando el camino. Iba de horizontales a verticales sin mayores resultados. Apenas lograba hilar tres o cuatro vocablos correctos y se topaba con “familiar de Akela” (lobo) o “popular ISP” (AOL).
Sintiéndose recibidor de golpes bajos, aparecieron entonces las malas artes del hombre; entiéndase por esto el acto de girar la página del periódico 180 grados y hurtar alguna respuesta leída de soslayo, mezcla de venganza y vergüenza.
Molesto el crucigrama ante la conducta de su rival, optó por lanzar artillería pesada, como ser “desnudos de Renoir” (nus) y “masaje oriental” (shiatsu). Aún hubo tiempo para mojadas de oreja del estilo “A4 o A5” (tamaño).
El hombre entonces dejó de avanzar. Releía las definiciones. Repasaba las opciones posibles. Ya no escribía.
Transcurrida una hora larga de combate, la mano izquierda estaba sudorosa y una tercera parte de los casilleros permanecían vacíos. Aturdido y cabizbajo el hombre en cuestión cliqueó el bolígrafo retráctil y se dio por vencido.
02/06/2006
Lógica infantil
03/05/2006
Chaucito
24/03/2006
Caída libre
Empezó cayendo de la cama al piso, extrañándose de lo lejos que estaba lo uno de lo otro. Tras diez o quince segundos de incertidumbre decidió entretenerse haciendo algunas de las piruetas que varias veces había visto por televisión realizar a paracaidistas acróbatas.
Como el piso no llegaba se le ocurrió imitar las estatuas humanas que recordaba haber observado en calles céntricas de la ciudad. Entonces se paró como el Ché Guevara, posó como escultura helena, de arlequín y de cowboy. Incluso sin ser estatua dominó el balón igual que Maradona en sú época del Nápoles.
Cuando no le vino a la mente ninguna otra estatua se puso a hacer con sus manos sombras de animales en la pared. Un conejo, un perro, un burro. Hasta un hombre con sombrero representó.
El suelo de la habitación aún no se veía, pero Matías intuyó que mucho no podía faltar. Eligió continuar cayendo como si se lanzara desde trampolines escalonados.
Primero saltó al aire haciendo el típico soldadito. Luego se acurrucó formándo la tradicional y salpicadora bomba. De seguido un planchazo; total, el agua no dolía en el pecho.
Antes de volver a zambullirse divisó el piso de baldosas y decidió saltar por última vez. Un clavado perfecto, diez puntos. Como un chino delgado y experto medalla de oro en saltos ornamentales. Primero los brazos extendidos en punta, la cabeza derecha, los hombros arqueados, el tronco bien recto, las piernas juntas, los pies estirados. Entró todo Matías al piso y unas gotas de baldosa se elevaron para coronar la caída.
16/03/2006
07/03/2006
Acorte su brazo usted mismo
Para este tipo de ocasiones, he aquí un sencillo método para reducir la extensión del miembro en cuestión. Método fácil, gratuito y que puede hacerlo uno mismo.
El interesado debe pararse de frente a una pared, con los pies juntos. Lo siguiente es extender el brazo que se quiera acortar hasta tocar la pared apenas con la punta del dedo mayor.
Si hay que retroceder o acercarse no importa, lo fundamental es posicionarse de frente a una pared, apenas tocándola con los dedos del brazo elegido y –muy importante- que los hombros y el pecho permanezcan siempre paralelos al plano vertical optado.
Una vez lograda tal posición hay que doblar sobre su propio hombro el brazo a reducir. Con la otra mano debe rascar durante unos 20 segundos el codo del miembro doblado.
Si todo fue realizado de manera correcta, la persona habrá logrado acortar su brazo. Para comprobarlo extiéndalo e intente tocar la pared que tiene delante. Importante: nada de trampas estilo cuando uno juega al mikado y el otro no está mirando. Si se respeta la posición paralela de los hombros frente a la pared, el ejercicio es infalible. Ya tiene un brazo más corto para rascarse la nuca.
28/02/2006
Ciclo vital
crece
consume
se reproduce
contamina
abandona sueños
mata
muere
y todo así
hombre tras hombre
pese a las excepciones
que no logran
torcer el rumbo