25 sep. 2018

Tarde

Cuando se dio cuenta que estaba en el horno, ya era demasiado tarde.

Pobre pollo.

21 mar. 2018

Sota el llit


Recién ahora encuentro
sin pretenderlo
debajo de la cama/sota el llit
algunas cosas imprevistas

buscaba un zapato
solo uno
porque el otro lo tenía

en el lapso hubo
apariciones varias

tres monedas
dos medias dispares
bastante pelusa
uñas cortadas que rebotaron hacia la oscuridad
medio corcho
algo de ímpetu y bastante esperanza
o al revés
tiempo perdido
pelos
dos clip
algún sueño olvidado
un comodín convertido en espadilla
lugares por visitar
una lapicera sin tapa
teléfonos por marcar
un pañuelo descartable con uso
trozos de crayola
ideas que iban a ser maravillosas
algún que otro maní

buscaba un zapato
y lo encontré

con el resto
ya veré

3 ene. 2018

Orgullo

Es la última vez que atraviesa el pueblo. Es la hora de la siesta y se nota. Cortado al medio por la ruta que a la vez es calle principal, el pueblo guarda silencio.

Los automóviles que integran la fila avanzan lentamente, casi equidistantes. Los tres o cuatro primeros son negros -uno con flores- y el resto de colores variados a gusto de sus conductores.

La escuela dista un par de cuadras pero los alumnos están ahí. Vestidos con su uniforme de túnica blanca y moña azul, forman junto al cordón de la vereda observando el paso del cortejo. Hacen silencio. Guardan respeto.

Media cuadra de túnicas y moñas, de alumnos y maestras. Homenaje imborrable.

Ni político, ni comerciante, ni deportista. El doctor del pueblo, el que mil veces andó y desandó todas las calles y caminos del pueblo y sus alrededores, cualquier día, a cualquier hora, durante décadas, en una camioneta celeste y negra inolvidable, va camino al cementerio.

14 sep. 2017

Terco

Alguien que dice
no
no
y no
porque sí

21 ago. 2017

Veredas nuevas

Ya no resbalan
ya no salpican
las baldosas
en la ciudad vieja

gris alegría

los zapatos agradecidos
la calentura
predecible
rutinaria
y mundana
también

el ritmo deseado
el paso seguro

con qué poco
con qué poco

15 ago. 2017

Pasa

-Encontré un corazón tirado. ¿Es de alguien?
-¡Quedátelo!
-No, gracias.
-Quedátelo.
-No, gracias.
-Es mío.

8 ago. 2017

Lobo

¿Lobo, estás? ¿Lobo, estás? ¿Eeeehhh? ¿Lobo? No te hagas el sordo, que sé que andás por acá. No te escondas. No te hagas humo. No ocultes tu pelambre. No calles tu respiración, lobo. Sé que estás metido en algún recoveco; oculto al acecho pero no para atacar sino para huir.

Aparecé, lobo. Quiero hablar contigo. No te voy a hacer nada. No traje la metralleta ni la bayoneta. Dos palabras. Solo dos palabras. O alguna más tal vez. Ocho. Ocho palabras para ser más preciso. La puta que te parió, lobo de mierda. Dejate ver. No seas garca. Hablemos civilizadamente como personas grandes que somos.

Encará. Hacete cargo, lupus canis. Siento tu olor a mugre así que no podés estar muy lejos. Apersonate, mamífero placentario del orden de los carnívoros. Vení. Dale. Dale. Sé que me estás escuchando y que sabés de lo que te hablo. ¿Eeehhh? ¿Verdad que sí? ¿Verdad que sabés de lo que te hablo? Sino no te estarías escondiendo. Si no hay nada de qué ocultarse no deberías ocultarte ¿No es así?

Lobiiitooo. Hola, lobito. No aparecés. Veo que no aparecés. Pero seguro me estás oyendo. Así que oíme bien, lobo de mierda. Cagonazo. Malparido. Lobo de pacotilla. Oíme bien, depredador cuadrúpedo. Abrí esas orejas tan grandes que tenés. Te lo digo una sola vez. ¿Escuchás? No te metas nunca más en los sueños de mi chiquito. ¿Escuchaste? Una vez más y te hago alfombra, lobo de mierda.

25 jul. 2017

La puerta o la llave

La llave no le abre
al hombre
maldita llave
no abre la puerta
llave fallada
fallida
falluta

intentos infructuosos

O tal vez es la puerta
la que no le abre
hinchada
vieja
gastada
dormida
tantos años
un asado se merece
a manera de entierro

infructuosos intentos

La oscuridad
debe ser la oscuridad
la ausencia de luz
impide la correcta conjunción 
de llave y puerta
debe ser eso
piensa
casi se convence

Sino, el pulso
eso
debe ser el pulso
maldita herencia
de la rama materna

Pasa algo más de tiempo
lucha infructuosa
irresuelta
irritante

no ve la viga el hombre

Hasta que de abajo
un suponer
apunta el apuntador imaginario
inexistente
de puro atrevido
susurra
¿no serán las copas?

22 jul. 2017

Pareidolia

Un viejo barbudo en las baldosas del baño mientras se está en el trono. Jimi Hendix en la borra del café. José Artigas en un pedazo de revoque descascarado. La figura de Rosa Luna en una tostada. Una anciana desconocida en la mancha de aceite en el papel de estraza de una torta frita. Homero Simpson de perfil en la espuma de la orina. El mapa de Uruguay en una pera. Un pájaro en un boniato. Un mamut en un témpano. Juana de Ibarbourou en una mancha de humedad en el techo. Un muñeco de ojos saltones en los botones del lavarropas. Un señor de bigotes en una cerradura. Una señora en un canasto de frutas. El perro Patroclo en una piedra en el medio del desierto. El perfil de un indio en la ladera de una montaña. Un submarino en una nube. Un rostro en la superficie de Marte. El contorno de Montevideo en un cráter lunar. Un escorpión en el cielo. El seno de una mujer en un cerro chato. Ejemplos varios, de pareidolia.

14 jul. 2017

Descorchar un intonso

Sólo un experto en tonalidades de verde podría precisar correctamente de qué tipo de verde se trata, pero indudablemente la tapa es verde, las letras rojas y la colección muy reconocible para unos cuantos.

Es un libro impreso en 1957 que integra la Colección de Clásicos Uruguayos de la Biblioteca Artigas. Libro viejo por donde se lo mire; por fecha y por apariencia.

En este caso concreto se trata del interesantísimo Vocabulario Rioplatense Razonado de Daniel Granada, en dos tomos. La edición original es de 1890. Esta fue la siguiente y probablemente la última.

La colección se caracterizó por dos cosas. La primera, reeditar material interesante. La segunda, que no la guillotinaron bien, por no decir que lo hicieron rematadamente mal.

Esto es una complicación, pero también una confirmación.

Según la leyenda urbana -mejor dicho según la versión de la vendedora del caso- la excusa que se suele esgrimir para esto es que uno de los responsables de la colección, Juan Pivel Devoto, lo hizo exprofeso para saber si el libro había sido leído o no.

Buena parte de las páginas no están guillotinadas, por lo que para poder leerlas hay que recurrir a un abrecartas o sustituto adecuado para separar una a una las numerosas páginas que están unidas por alguno de sus lados.

Es decir que si 60 años después aún está pendiente esa tarea es porque ese libro, exactamente ese, este, el que uno tiene en sus manos, nadie, absolutamente nadie, lo leyó.

Vaya a saber uno cuál fue su derrotero desde la imprenta que lo parió hasta la vieja caja de cartón que lo cobijó, hasta ahora, en un pasillo descuidado y enmohecido repleto de cajas similares.

En seis décadas nadie separó sus páginas. Nadie lo desvirgó ni lo descorchó. Es indudable.

Ellos se lo perdieron. Es el libro de Granada. Lola.

Asombra ser el primero. Emociona descorchar un libro añejo.

El pulso se pone nervioso y tiembla. Un libro así hay que servirlo en una noche apropiada y con una copa adecuada.

En silencio, pedir permiso. Cortar, servir y leer. Decir gracias. Un primer sorbo medido y degustarlo, como un vino añejado, como un viejo libro intonso. Salud.

13 jul. 2017

Variedad de flores


flor de basto
flor de oro

flor de copa
flor de vaso

flor de vino
flor de pedo

flor de auto
flor de choque

Flor de tipo
flor de hijo de puta

flor de garrón
flor de cagada

flor de noche
flor de cielo

flor de mina
flor de yegua

flor de pinta
flor de apronte

flor de ojos
flor de ojete

flor de tetas
flor de ganas

flor de culo
flor de suerte

flor de día
flor de liga

flor de playa
flor de olas

flor de calor
flor de baño

flor de plan
flor de película

flor de cita
flor de postre

flor de mina
flor de choque

flor de nabo
flor de salame

flor de vejiga
flor de tarado


21 jun. 2017

Hipopotamono

El hipopotamono es un animal hasta ahora desconocido que habita los bosques de secuoyas.

Según los que afirman haberlo visto es un mamífero de gran tamaño que tiene como hábitat las copas y ramas de los árboles citados.

Es un bicho bastante quieto, por lo cual no es fácil de apreciar. A esto hay que sumarle que en general se encuentra a muchos metros del suelo y que su pelaje oscuro lo mimetiza con la vegetación circundante.

Se alimenta de hojas y frutos de secuoyas y en contadas ocasiones baja a la superficie terrestre, básicamente para agarrar algo que se le haya caído y sea de su particular estima.

La forma más habitual de percibir su presencia se relaciona con su tamaño. Al moverse entre las ramas superiores de las secuoyas suele hacer ruido y además con sus desplazamientos produce la caída de frutos y ramas.

Los lugareños aconsejan que si uno está en uno de estos montes y siente ruido sobre su cabeza debe alejarse, pues de lo contrario puede sufrir el golpe de alguna rama o fruto que cae desde las alturas.

Se dice que el golpe también puede ser producido por las propias heces del hipopotamono, que si bien se presentan en forma de racimo y suelen llegar a nivel de piso en pequeñas porciones, según el proceso digestivo del animal pueden precipitarse en una masa homogénea que supera fácilmente los dos kilos de peso, por lo cual el golpe es potencialmente mortal.

Existe una versión nunca comprobada sobre una niña vestida de rojo que cierta tarde salió de su casa a hacer un mandado y fue aplastada por las heces de un hipopotamono. Aunque en concreto lo que se sabe es que ella nunca regresó al hogar en que vivía con su abuela, por lo que también se especula que haya fugado con las joyas de la septuagenaria y/o con un lobo con quien había hecho buenas migas, en cuyo caso se estaría ante una situación de explotación sexual infantil considerando su edad. Las averiguaciones están en manos de Interpol. Se informará.

Pero para no irnos por las ramas, volvamos al hipopotamono.

Las pruebas de su existencia serían tanto las versiones de quienes afirman haberlo visto como ciertos mechones grandes y greñosos que suelen encontrarse en estos bosques.

Al momento no hay ningún registro irrebatible que confirme su presencia. Claro que existe una serie de fotografías que se acostumbra esgrimir en ese sentido, todas ellas de mala calidad, poca definición y tal vez apócrifas.

Puestos a dudar sobre la veracidad de las fuentes, es justo reconocer que la acumulación de pruebas diversas también podría conducir a dar por buenas las versiones a favor de la existencia del animal.

Se habla de un antiguo habitante de la zona que quiso tener un jardín zoológico pero dado lo menguado de sus ingresos sólo logró adquirir dos pichones -un hipopótamo y una mona- a los que crió cual casal para ver qué pasaba y pasó lo que suele pasar en estos casos.

No habiendo una hipopótama cerca, le tocó a la mona recibir los efluvios amorosos del animal de mayor tamaño; y como es sabido el tamaño no importa pero algo importa, así que bienvenido sea dijo la mona.

Ese sería el puntapié inicial de esta especie doblemente exótica, para el bosque de secuoyas y para el planeta.

La procreación sucedida a partir de entonces ha significado que transcurridos menos de dos siglos las estimaciones cifren en aproximadamente un centenar la población total de esta nueva especie, subespecie o lo que fuere.

Como ocurre con frecuencia con las especies foráneas, estas afectan negativamente el nuevo medio en el que se desarrollan.

En este caso concreto está más que comprobado que los pequeños roedores oriundos de la zona optan cada vez más por merodear las partes bajas de los árboles o incluso la superficie terrestre, lo que podría ser una señal de que forman parte de la alimentación de los hipopotamonos en general y alguna perversión de los hipopotamonos machos en particular. Se afirma que en ocasiones se encuentran restos de ardilla que confirmarían ambas conductas.

También se acusa a los hipopotamonos de la deforestación de los montes de secuoyas, lo que de continuar sucediendo pondría más aún en riesgo la sobrevivencia de dicho entorno natural, por lo cual una vez más podría repetirse la historia de la nefasta presencia de castores en Tierra del Fuego, una simpática especie exógena cuya adaptación podría resultar una estocada de muerte para un ecosistema frágil. El tiempo dirá. Cambio y fuera.




9 may. 2017

Si es que fue furia

Escuchar decir que un edificio tiene vida propia, alma, personalidad incluso, puede no ser tan novedoso, pero verlo atravesar la plaza independencia para darle un golpe foribundo al victoria plaza, tan foribundo que demoró menos de un minuto en desplomarse, y luego dirigirse hacia el ciudadela y la torre ejecutiva para propinarle a cada uno un topetazo ultra violento (uno, dos, ultraviolento), estocada fatal que los atravesó de lado a lado y los hirió de muerte, fue algo impensado, inimaginado por la mente más febril y cizañera. Así como tampoco nadie hubiera soñado tener que zambullirse literalmente aunque no hubiera agua en la escalinata de ingreso del mausoleo de artigas para evitar ser pisado por aquella mole de hormigón armado deambulando la plaza para atentar uno tras otro contra los edificios que la circundaban.

Una vez que observó culminada la primera parte de su ataque, sus tres víctimas iniciales, continuó con el resto de los edificios. Sin miramientos. Sin piedad. O más o menos, porque no los destruyó a totalmente; en un acto de furia selectiva, si es que fue furia, o de ego al que le mojaron la oreja durante décadas, si es que fue un tema de ego, aunque tal vez no habría que descartar un instante de locura, un delirio con cierta justificación clínica, una sobredosis vaya a saber uno de qué sustancia legal o prohibida.

Lo cierto es que luego de casi media hora de furia, si es que fue furia, vaya la reiteración de la duda como constancia de ella, no quedó ninguna construcción con más de seis o siete pisos en pie. Lo demás, lo más alto, lo que sobrepasaba, sobraba, todo escombros sobre los restos polvorientos o sobre el pavimento asombrado de tanto golpe, tanto hierro y ladrillo, tanto de todo un poco que había en esas dunas de destrozo que ahora eran pasado, historia, recuerdo, basura, montón inservible salvo para relleno de terrenos: escombros.

A la semana de aquella tarde inolvidable -porque obviamente fue inolvidable- quedaban pocos rastros del destrozo, o sea que las empresas de recolección hicieron su agosto en un mes que no era ese, y como se sabe crisis es oportunidad en chino o al menos eso suele decirse, y siempre que pasa algo malo alguien hace dinero a costa de ello, iniciativa privada obvio, actores particulares que se vieron beneficiados porque los trabajadores municipales de la recolección aprovecharon la circunstancia y fueron a la huelga en reclamo de mejores condiciones laborales y algún manguito más ya que estamos. Mientras la zona iba despejándose de escombros también iba quedando libre de periodistas y curiosos, que tantos los unos como los otros se habían agolpado en el lugar apenas se supo la noticia, cámaras en vivo, páginas web lo mismo, redes sociales que explotaban, pero como suele ocurrir después de una tragedia siempre viene otra y otra y otra por lo cual la atención se fue diluyendo, no tanto como para desaparecer porque lo que había ocurrido no había sido cualquier cosa o algo habitual, sino todo lo opuesto, pero siempre después hay un asalto con homicidio, un niño atropellado, un cruce político, un acto de corrupción, un penal mal cobrado, el horóscopo chino, inviernos o veranos eran los de antes, etcétera.

Los arquitectos comprendieron bien el mensaje cuando tuvieron que abocarse a la tarea de reconstrucción porque ninguno de ellos se atrevió con un octavo piso más allá de la nueva reglamentación emanada de la comisión de patrimonio referida a que entorno a la plaza no podían construirse ni reconstruirse edificios de más de 11 pisos, así que ocurrió lo dicho, en toda la plaza no hubo más un apartamento cuyo timbre tuviera al lado el número 801, 802, 903 y menos que menos uno de cuatro cifras.

Pasado un mes buena parte de los nuevos edificios, nuevos en su figura renovada por la fuerza de los hechos, lucían su altura renovada, más baja que la que tuvieron antes. Para entonces los transeúntes habían perdido el miedo y volvían a atreverse a cruzar el amplio espacio público con artigas en el centro, sin mirar temerosos hacia la esquina sureste de la plaza, mientras que tímidamente los recién instalados y estrenados bancos de madera comenzaron a recobrar sus habitués, tanto humanos como palomas, más algún turista o paseante ocasional.

El kiosco de la plaza que estaba ubicado contra la avenida 18 de julio, a pesar que los antiguos kioscos permanecieron en pie y fueron de las pocas cosas que se salvaron de la furia, si es que fue furia, reabrió a los varios días, luego de un extenuante período de selección de personal que duró mucho y tuvo pocos interesados pues costó conseguir un kiosquero valiente que quisiera hacer de aquel lugar su puesto de trabajo, vaya a saberse si por extrema y estricta necesidad laboral, por espíritu aventurero, auténtico kamikaze oriental de los orientales del plata y no de los nipones, pero como sea apareció un kiosquero que puntualmente a las ocho de la mañana abría su ventanita dispuesto a vender ticholos tres por diez, pastillas, caramelos y demás golosinas de diversa calidad y procedencia, cigarros ilustrados con fotos tenebrosas, además de levantar quiniela, cinco de oro, lotería, kini y otros juegos de azar de similar especie, estilo y probabilidades de éxito y premiación, amén de vender curitas, fósforos, yesqueros actuales e incluso paraguas de esos que ocupan poco espacio son baratos y duran lo que se puede esperar que dure un paraguas que tenga esas dos características, pero todo esto nada más hasta las ocho de la noche, porque si bien el kiosquero era biendispuesto y cumplía una extensa jornada de 12 horas por ahora el propietario del comercio no se había inclinado a contratar ninguna otra persona para cumplir esa función en un horario más extenso, quien sabe si por machete, por no confiar demasiado en el éxito comercial de la reapuertura del comercio o por no conseguir persona idónea para el cargo.

Las oficinas ejecutivas presidenciales se trasladaron temporalmente al palacio estévez, una de las pocas edificaciones ilesas de todas las que circundaban la plaza, por lo cual el número de funcionarios se redujo de forma notoria desplazándose muchos de ellos a otras locaciones estatales lo cual significó una estocada para varios comercios de los alrededores, en especial los que preparan comida al mediodía a precio razonable es decir entre 100 y 200 pesos per cápita con copa de vino o vaso de refresco incluido, pero antes de seguir especial mención a la gustosa muzzarella del bar tasende, que fue uno de los que vio disminuir la afluencia de su clientela matutina lo cual repercutió en el personal del sitio gastronómico al punto que una moza perdió su puesto de trabajo y luego tardó tres meses en conseguir otro trabajo, esta vez en una coqueta cafetería con vista a la plaza.

La justicia fue obviamente más lenta y a pesar de los múltiples juicios y acusaciones recibidas ninguno de los magistrados se atrevió u osó dar lugar a procesamiento alguno por lo cual se terminó absolviendo a la mole de 95 metros inaugurada en 1928, según parece por falta de pruebas ya que si bien todos tenían la misma idea nadie apareció a testificar en su contra, es decir que no había testigos, nadie vio cómo se sucedieron los hechos, nadie vio nada, nadie estaba esa tarde por ahí parece, aunque todos sabían, pero nadie vio a ciencia cierta, nadie estaba seguro de poder reconocer a él o los responsables, nadie había filmado ni sacado foto alguna con su teléfono celular o ceibalita o magallanes o tablet de la tercera edad, por lo tanto todo quedó en nada fiel a la idiosincracia local o tal vez por acuerdo con lo obrado, en callada anuencia.

El tiempo fue pasando y el edificio poco a poco recobró el prestigio y esplendor de sus años mozos, de igual manera que aquella tarde había recobrado la mejor vista del centro de la ciudad, y después el puesto de vigía del puerto, su cúpula terminada, visitas guiadas con audioguías en español, portugués, guaraní, inglés, francés, alemán, italiano, ruso, japonés, chino mandarín y otro chino con menos chinoparlantes pero también muy difundido.

Tiempo después también recobró su teatro que incluso llegó a ser estacionamiento y sumó un pequeño museo con tienda de suvenir de todo tipo y precio, pero lo más destacado sin duda fue cuando los pisos del ocho al doce abrieron reconvertidos en un gran hotel cinco estrellas, quedando el trece para el exitoso casino público-privado y el resto para un sinfín de empresas y propietarios particulares, algunos habitantes y otros rentistas, más una casa de masajes, el renovado aunque tradicional club de billar y más y más que no viene al caso; pero bien se puede agregar que al gran hotel ni al casino desde un principio le faltaron -sino más bien opuesto- turistas argentinos, brasileros, chilenos, paraguayos, mexicanos, latinoamericanos en general y por supuesto gringos, europeos, rusos, australianos y asiáticos básicamente chinos, japoneses y coreanos del sur.

Lo que marcó el resurgir, el punto cúlmine, hito de esta historia de resurgimiento desde las cenizas o más bien desde los escombros ajenos, fue la coronación de la cúpula, la concreción del proyecto definitivo para lo que iba a ser un faro y finalmente terminó siendo un diseño sorprendente, mezcla entre tradicional y ultra vanguardista, que de manera inmediata cobró fama mundial y terminó de convertir al edificio en el ícono emblemático de la ciudad al punto que por iniciativa ciudadana se llevó a votación que la frase con libertad ni ofendo ni temo cobijara no sólo al cerro que está del otro lado de la bahía sino también al rascacielos en cuestión, cosa que efectivamente terminó ocurriendo por sufragio capitalino universal.

En buena parte de los restantes edificios de la plaza florecieron hermosas terrazas y azoteas con mucha vida social, preciosas todas o casi, con sus barbacoas, salones de usos múltiples, quinchos, algún que otro café o restaurante, con sillas y sombrillas en verano y gazebo cerrado y climatizado en invierno, siempre con turistas o habitantes o trabajadores de cada edificio que se acostumbraron a disfrutar de la situación de tabula rasa que sucedió a partir de los hechos acontecidos aquel día de furia, si es que fue furia.

Algunos años después cierta tarde un afamado arquitecto que estaba de visita por la ciudad, sabedor de la fama que tenía el edificio, quiso acercarse a conocerlo, llegando para ello en taxi proveniente de un hotel cuatro estrellas de la zona de la rambla de pocitos hasta la esquina de 18 y andes, donde pagó lo correspondiente a 114 fichas que en realidad habían sido menos pero como era turista, ya se sabe. Luego de abonar descendió del vehículo y caminó por la acera norte hasta la propia plaza independencia, a la cual accedió cruzando veloz, arriesgada e inoportunamente más allá de que no le pasó nada salvo un bocinazo y una puteada. Entonces continuó andando hasta la estatua ecuestre del prócer patrio que dominaba la visión desde el centro de la plaza, relojeando de costado al famoso palacio para luego observarlo en toda su dimensión. Puso cara de no estar muy convencido de lo que estaba viendo, así que miró a un colega que a la vez era guía e interlocutor, puso cara como de que no, pensó decir algo, abrió la boca para ello... esteeee... mmmm... ehhh... miró al piso como si estuviera eligiendo un lugar muy específico, el sitio más indicado, como si fuera a señalar, por decir algo, cualquier cosa, ejercicio de imaginación, el lugar donde ubicar una pieza de artillería o algo así, ocurrencia extraña, pero se mordió la lengua, calló la boca, apagó sus palabras, guardó silencio o casi, masculló algo que nadie alcanzó a escuchar, ni su colega guía interlocutor ni el vendedor de garrapiñada que estaba pasando a un par de metros, pero se aguantó y no dijo nada, aunque algo sin duda pensó, pero la violenta fama de aquella mole le hizo callar, tal vez, si es que quiso decir algo, porque de última no dijo nada, o algo por compromiso, tipo así que es este, mirá vos, es alto, se destaca del resto, mirá vos ehhh, nada muy subjetivo ni jugado, si lindo o feo, hermoso o no, mucho menos donde poner un cañón apuntándole, así que nada de eso y en eso alguien dijo miren aquello, un gato cayendo directo a la cabeza de una señora, o un suicida en pleno acto, o una mampostería peciforme o pulpiforme desprendida de los laterales, es decir algo que caía, una paloma fulminada por la onda de un niño travieso o la chumbera de algún inconsciente, aunque tal vez simplemente era una sartén que volaba en medio de una pelea marital, pero algo cayó, sin duda dicen los que dicen que lo vieron, pero con tanto teléfono descompuesto, tanta ventana, tantos propietarios e inquilinos, que nadie supo bien qué fue lo que cayó ni cuándo ni dónde ni si mató a una vieja, abolló un auto, ensució la verada o nada por el estilo.

Para cuando el edificio cumplió un siglo, cien años de existencia, de vida -por qué no decirlo-, la ciudad festejó a lo grande, vaya a saber uno si por orgullo o por miedo. Ese día no faltaron los fuegos artificiales, los punguistas, el desfile de carros alegóricos, los que mean un árbol cuando no aguantan más la vejiga hinchada, las cuerdas de tambores, las personas que buscan un encuentro furtivo de una noche, las murgas con sus coros y baterías de bombo, platillo y redoblante, una mesa de mosqueta con sus respectivas víctimas y victimarios, y la orquesta de tango más grande del mundo jamás vista ejecutando La Cumparsita y como broche de oro, es decir como remate memorable, perdurable, imborrable, un dirigible plateado, con forma de habano, que lentamente se acercó viniendo desde el río de la plata y dio varias vueltas entorno al edificio centenario, maravillando a quienes disfrutaban del espectáculo desde los balcones ojos vidriados de sus pisos superiores, y fue entonces que comenzó el cierre, el remate de la fiesta, mientras una pareja bailaba el tango más famoso del mundo sobre las paredes de la añosa construcción, una lluvia de jazmines comenzó a caer sobre el edificio pintado a nuevo para la ocasión, y el olor a jazmín tapó al de la pólvora de la pirotecnia que todavía quedaba en el ambiente, así como también el olor de los puestos de comida que había en la plaza y sus alrededores, es decir carros de chorizos, tortas fritas, maní maní, calentita la garrapiñada, y el dirigible continuó con su lluvia de jazmines que no paraba, lluvia que se hizo diluvio, diluvio que se hizo miles de flores que luego se fueron a perfumar igual cantidad de hogares montevideanos al punto que la gente decía orgullosa, mucho tiempo después, cuando los pétalos estaban caídos hacía ya meses, las flores marchitas, estos pétalos, estos que ves acá, así como los ves, son pétalos de los jazmines del Salvo, de cuando el Salvo cumplió 100 años, yo estaba ahí, y muchas veces era verdad pero muchas otras veces no, porque fue lluvia y diluvio pero tampoco la pavada, pero como nadie podía dar la certeza en igual medida cualquiera podía mentir y no pasaba nada, entonces al final lo que cayó no fue un gato, ni un suicida, ni un pulpo de cemento, sino un jazmín, millones de esa flor tan hermosa y tradicional por estos lares, millones pero uno en concreto, específicamente uno, que suena mucho más lindo y poético, y un jazmín no puede partirle la cabeza a nadie porque no pesa casi nada, un jazmín, un pétalo, este, convertido en marcalibros, como tantos otros que salen a recorrer el mundo contando la historia de un edificio, de un día de furia si es que fue furia, de una centenaria lluvia de jazmines, millones de pétalos, uno, este marcalibro suvenir de exportación, recuerdo típico y turísticamente ineludible, millones pero uno en particular, este, hecho marcalibro, suvenir, memoria, marchita pero memoria, dudosa pero memoria, sueño, deseo, recuerdo imborrable de una lluvia imborrable, del aniversario secular del edificio ícono, de un palacio, del palacio de la ciudad, ciudad a salvo, palacio a salvo, salud, por cien años más.